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Con Esteban Volkov Bronstein, nieto de Trotsky.

Rojo trosko

Esteban Volkov es ruso hasta que habla. La falta del bigote y la barbita lo distancia del abuelo, pero las franjas que se le hacen al costado de la cara cuando se ríe lo emparentan definitivamente. En las fotos que la familia guarda –y muestra– puede verse un rasgo destacable: Trotsky siempre se está riendo. Desde los retratos de la revolución rusa hasta los de su exilio en México tienen ese gesto endiablado, guasónico.

Esteban Volkov. Foto: Ernesto Álvarez

Un día como hoy, pero de hace cien años, seguro que al abuelo también se le marcaban las ojeras en la cara. Pasaba entonces las horas en el Smolny, un local que había sido creado como escuela para niñas bien, pero funcionaba en la época revolucionaria como cuartel bolche: allí estaban el sóviet de Petrogrado y el Comité Militar Revolucionario, creado por Trotsky en esos días. Ocho meses habían pasado desde el derrocamiento del zar y el partido bolchevique había crecido exponencialmente desde entonces, a fuerza de recoger los mandatos populares: tierra para los campesinos, control obrero de las fábricas y la paz en condiciones democráticas, con la salida de Rusia de la Primera Guerra Mundial.

Decenas de miles de organizaciones populares activaban la vida política: estaban, claro, los sóv...

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