Acoso sexual en el teatro

Sin amparo

En setiembre una ola de denuncias a través de cuentas de Instagram reveló un patrón de violencia estructural y machista en muchos ámbitos culturales; entre ellos, la Escuela del Actor.

Fachada de la Escuela del Actor, en la calle Soriano Héctor Piastri

Las horas puentes entre una carrera y otra la agobiaban. Es que, como les contó después a unos compañeros en un bar –lo que, sorprendentemente, provocó risas–, una tarde –que ahora le hace sentir una mezcla extraña de hilaridad y asco– María1 se cruzó con Ricardo Beiro, el aclamado director, docente y fundador de la Escuela del Actor, la institución en la que estudiaba. El edificio estaba vacío, salvo por la presencia de alguna que otra recepcionista y la secretaria de Beiro. Si bien él siempre rondaba los pasillos, nunca se le había acercado. La asignatura que impartía correspondía a otros turnos y ella cursaba el nocturno. Pero esa tarde se le acercó para preguntarle si sabía el significado de tres términos en griego. A María, su propia  ignorancia le parecía una falta, en especial porque se lo preguntaba el director de una de las instituciones privadas que forman más actores en Uruguay, la que eligen quienes no pueden pagar una carrera con más carga horaria porque trabajan o no pudieron pasar la prueba de ingreso de la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático. María manifestó su desconocimiento con cierta aprensión. Beiro le explicó entonces que los términos a los que se refería tenían que ver con formas geométricas y llamó a su secretaria para que le alcanzara una laptop. Como demuestran muchos docentes y protegidos del exdirector de la Escuela del Actor, la secretaria acató las órdenes con docilidad y desempeñó su rol silenciosamente. Al principio, María respondía con monosílabos, confundida por la normalidad con la que la secretaria acataba las órdenes y por estar ante un docente renombrado y respetado. Pero resulta que Beiro le mostró fotos de culos en la computadora y comparó cada una de las formas geométricas con el culo de alguna de sus compañeras de clase. Años después, a través de la cuenta de Instagram Varones Teatro, María se enteró, como tantas otras, de que la normalidad de la Escuela del Actor tenía otras reglas.

El baño del edificio de dos pisos tiene dos trancas: la del cubículo con el wáter y la de la puerta. Al entrar, las estudiantes suelen trancar ambas puertas, como una especie de acto reflejo. Porque, como comentan tanto Vanina como Margarita, el docente que entre las cuatro paredes de un salón suele hacer comentarios sobre los cuerpos y dice que tal o cual actriz ganó la posición que tiene porque «le chupó la pija al director» acostumbraba entrar a los baños para pedirles a sus alumnas que le sostuvieran la pija. Margarita, por ejemplo, estaba encerrada en el cubículo del inodoro –Camila la esperaba afuera– cuando Beiro entró, con una secretaria y su esposa –una docente–, y empezó a hostigarla para que saliera. Ella, que hasta ese momento lo respetaba, le pidió como chiste que cerrara la puerta. Pero él simplemente les dijo a sus acompañantes que le parecía que el enunciado de la estudiante se refería a que le tenía que «chupar la pija». Ese día, que se sumó a la ocasión en que Beiro se entusiasmó lo suficiente con un vestido que llevaba puesto para mencionar que «le marcaba los pezones» y que sus «tetitas eran hermosas», se dio cuenta de que la justificación de todos sus compañeros y docentes, «Ricardo es así», no era suficiente. Los chistes se convertían en humillaciones cuando las órdenes de Beiro no se acataban o cuando un no emergía ante tanto poder incuestionable. Camila tenía a la madre enferma, con las defensas bajas en plena pandemia, por lo que estaba imposibilitada de asistir al edificio. En una clase virtual Beiro le preguntó delante de sus compañeros qué sucedía con la madre. Fue específico: preguntó si su ausencia se debía a que su progenitora tenía herpes en la vagina.

Karina estudiaba teatro y eso le hacía bien. Ese año le resultó abrumador, por diversos temas personales y un accidente doméstico. Pese a que tuvo que ir al hospital, al día siguiente volvió a la escuela. Pero se quebró y se puso a llorar en clase. En ese momento Beiro desató un mecanismo de preferencia, como años atrás había hecho con Eugenia: comenzó a darle protagónicos, a ofrecerle chocolates, a prestarle más atención. Lo que en un principio parecía una especie de apadrinamiento se enturbió cuando los mensajes de audio llegaban de noche, en un tono que pretendía encender cierto erotismo: el empalagoso tono de un acosador serial. A Eugenia le ocurría lo mismo que a Karina: pensaba que la atención de Beiro era una suerte, que hablaba de su talento y de un futuro prometedor. Años después califica de patológico el comportamiento que antes la esperanzaba. De mañana, cuando asistía a clases, le llegaban cafés con leche y luego de las muestras, un ramo de flores. Las secretarias de Beiro se encargaban de dar ese «mensaje especial». Pero en una conversación con amigas Eugenia se dio cuenta de que el mensaje especial era acoso y tenía que poner un freno. Lo puso ante unos bombones en forma de pétalos de rosa: se negó a recibirlos. La negativa hizo que Beiro intentara dárselos personalmente. Cuando ella se dirigía a un salón para evitar cruzarlo, él corrió al encuentro. Ella cerró la puerta, pero él intentó abrirla. El forcejeo duró unos minutos. Había varios testigos, pero nadie hizo nada. Por suerte, Eugenia tuvo la determinación y la fuerza suficientes para mantener la puerta cerrada y abandonar la escuela meses después.

Cuando aparecieron las primeras 20 denuncias en la página de Instagram, los rumores y las apreciaciones sobre los comentarios de Beiro cobraron otra dimensión. La primera estudiante que le puso me gusta a una publicación fue expulsada de la institución. La actual directora de la institución y esposa de Beiro, Leticia Scottini, llamó telefónicamente a la estudiante para decirle que «había demasiadas personas sensibles en la escuela que no deberían asistir a la institución». Lo mismo ocurrió con Lorena cuando en clase manifestó su hartazgo. Para ella, que el docente le dijera que tenía lindas tetas o que había actuado bien porque su cuerpo lucía esbelto no era normal. Pero para Scottini esa manifestación fue suficiente para gritarle, delante de todos sus compañeros, que se retirara.

LAS CONSECUENCIAS DEL LINCHAMIENTO PÚBLICO

Las situaciones denunciadas a través de la cuenta Varones Teatro no resultaron una novedad para la actriz, integrante de la Comedia Nacional y militante de la Comisión de Género de la Sociedad Uruguaya de Actores (SUA) Florencia Zabaleta. Al salir la cuenta Varones Teatro, el sindicato se comunicó con las creadoras del espacio y les ofreció un lugar para que la denuncia confidencial se tratara en un grupo multidisciplinario de abogados y psicólogos. La idea era brindar a las denunciantes un lugar más institucionalizado en el que ampararse. «En el sindicato recibimos estas denuncias, pero por escrito y con firma. Las manejamos con total confidencialidad», contó. Agregó que el total de denuncias contra Beiro pasó de la veintena a la cincuentena.

El sindicato hace este trabajo hace años, dijo a Brecha la presidenta de SUA, Alicia Dogliotti, sólo que con la creación de la cuenta de Instagram tomó carácter público. Los relatos se reciben firmados para que los evalúe el Comité de Ética y son tratados con «absoluta reserva», porque en muchos casos los denunciados pueden iniciar acciones legales contra las víctimas. Dogliotti prefirió no hablar directamente de Beiro. Pero el sindicato se encuentra elaborando un protocolo para instituciones educativas y eventos públicos. «En mi espacio no» es el título de la iniciativa, que sería aplicada en «todos los lugares de trabajo vinculados a las artes escénicas», para propiciar «espacios libres de violencia machista». Es la única del estilo que circula en las instituciones consultadas para este artículo. Por otra parte, se hizo un encuentro de mujeres y disidencias del teatro para profundizar en la temática y tratar temas más generales que las denuncias, como la enseñanza y los estereotipos que se materializan en las artes escénicas. «En diversas escuelas los jóvenes han escuchado cosas como que los artistas son liberales y que para ser actores tienen que hacer esto o lo otro. Gran parte de nosotros fuimos educados por docentes que vulneraron nuestros cuerpos. En el aula los docentes tienen un gran poder y hay quienes se aprovechan. Pero sucede en todos lados. En el teatro es más visible porque estamos juntos y nuestro cuerpo es una herramienta de trabajo», contó Dogliotti. Existe un ideario sobre la jerarquía de la docencia que permite que en los espacios educativos el profesor exija disciplina, «porque las actividades escénicas requieren mucho nivel de atención», aunque esto no debería ser un puntapié para que haya maltratos y excesos. La presidenta de SUA aseguró que, cuando se cometen faltas graves, «estas te marcan como artista»: «Si vulneran su proceso de formación, el artista se corrompe. Si un docente hizo algo sobre tu cuerpo, logra que tu cuerpo ya no se comporte de la misma manera. Si las personas abandonan un espacio porque inculcaste temor o vergüenza, es grave».

«Algunos temas tal vez fueron bien vistos en la Edad Media o el Renacimiento. Estudié en una universidad del extranjero. Por eso, cuando me vienen a contar historias de Uruguay, realmente no lo puedo creer. Las formas de violencia en los ámbitos educativos son variadas. No todo pasa por el acoso sexual: hay violencias de todo tipo. Creo que hay directores, actores y otro tipo de funcionarios que muchas veces le gritan a un actor para que entienda el personaje o le pegan un cachetazo. Para mí, es inaceptable. El ámbito de la creación no tiene que verse atravesado por la violencia», sentenció la titular de la Dirección Nacional de Cultura (DNC), Mariana Wainstein. Consultada sobre la falta de protocolos en diferentes ámbitos de la cultura, respondió que se trabaja en ello y que hay una incipiente necesidad de crear ámbitos y códigos de ética consensuados, pero que el Ministerio de Educación y Cultura todavía no cuenta siquiera con «un registro de escuelas ni un registro de espacios culturales». Sobre el caso particular de Beiro, dijo que desde setiembre el funcionario de la DNC y fundador de la escuela se encuentra en proceso jubilatorio y en cuarentena, por su condición de asmático. «Estudié personalmente su expediente cuando SUA me planteó sus dudas sobre el caso», aclaró.

Pese a las denuncias, Beiro pudo estrenar una obra en una sala municipal. Consultada al respecto, Solana Quesada, integrante de la Asesoría para la Igualdad de Género de la Intendencia de Montevideo (IM), respondió que se procedió así porque «era una obra que la intendencia ya había pagado, en el marco del Programa de Fortalecimiento de las Artes, y no sólo involucraba a Beiro, sino también a otras personas». En lugar de suspender el espectáculo, se decidió precederlo con la transmisión de un audio que decía: «Estamos enterados de estos hechos y nos solidarizamos con las denunciantes».

VENTAJAS DE ENUNCIAR

Las denuncias de Instagram comenzaron con la cuenta Me lo Dijeron en la FMed. En ella cientos de mujeres empezaron a relatar vivencias de acoso, abuso de poder y violación. Después llegó el turno de Varones Carnaval, y el fenómeno se extendió a un sinfín de instituciones y ámbitos culturales. La relevancia que adquirió el tema hizo que la IM abriera un proyecto piloto, que se inició en octubre y culminó en diciembre, para acompañar y asesorar a las denunciantes. Según Quesada, la intención era reflexionar sobre la temática y conceptualizarla como un fenómeno social importante. Por otro lado, aseguró que las denuncias tienen efectos concretos en las personas involucradas en los hechos y que el proceso de la comuna llevó a plantear una serie de cuestionamientos: «¿Queremos que las personas que violentaron paguen por lo que hicieron? ¿Queremos dejar de compartir espacio con ellos? Creo que hay toda una gama de cuestiones, que van desde el punitivismo hasta la transformación de la realidad».

«Enunciar este tipo de situaciones es fundamental. Este fenómeno, por ejemplo, creció de manera exponencial. Cientos de mujeres se animaron a contar, a hablar y a darse ánimo unas a otras. Como sociedad, tenemos que seguir para visibilizar esto. Pero, en cuanto a la Justicia, tenemos una deuda importante. Los procesos deberían ser más cortos, para no revictimizar a las denunciantes», dijo a Brecha la psicóloga Celeste Sanglar, integrante de la organización civil El Paso. Esta organización participó del proyecto de la intendencia, que al principio se abocó a las denuncias del carnaval y luego se extendió a todo el ámbito de la cultura. «Desde el comienzo nos planteamos recibir a las víctimas, pero el asesoramiento fue usado principalmente por personas que integran las comisiones de género de las instituciones», dijo. La idea era crear un espacio de «contención y acompañamiento», y, al mismo tiempo, brindar asesoramiento jurídico. Una denuncia no es lo único que se puede hacer, explicó: la contención es fundamental para «fortalecer a las personas que fueron abusadas, y quitarles culpas y miedos». Esas culpas y esos miedos son algunas de las razones por las que las víctimas hacen la denuncia directamente. Pero el «escrache» suele ser un arma de doble filo, ya que las víctimas se exponen a ser demandadas por calumnias e injurias o amenazadas en el ámbito laboral o educativo en el que se encuentran. Denunciar es diferente a enunciar en una cuenta de Instagram. El sistema jurídico, añadió, está «desfasado»: «Los procesos son largos, requieren exponerse, muchas veces revictimizan, vuelven a hacer pasar mal a quien sufrió abuso o acoso. Es decir, al relatar el abuso, quien lo sufrió rememora todo, cuando con una sola vez basta. Además de que las personas que sufren acoso o abuso muchas veces son amenazadas. Hay que entender que para hablar debieron sobreponerse al miedo y a la vergüenza. No es fácil hablar, si bien alivia mucho».

Para la abogada de El Paso, Cecilia Rodríguez, la problemática legal incluye insuficiencias en la tipificación de delitos: «El acoso no es un delito». La Ley de Violencia hacia las Mujeres Basada en Género (19.580) establece y define algunos tipos de violencia, entre los que podría estar comprendida la violencia sufrida por las alumnas de la escuela. Pero, si bien la norma establece nuevas penas para algunas conductas, no tipifica el acoso como delito. En definitiva, por ejercer algunas violencias no se corre el riesgo de ir preso», sintetizó. Por otra parte, aseguró que esta vez, en virtud de la ley de acoso laboral (18.561), tanto en el ámbito laboral como en el educativo se puede iniciar un proceso administrativo a través del Ministerio de Trabajo y Seguridad social: «A raíz de nuestra intervención, pudimos hablar con las autoridades ministeriales. Estas nos aseguraron que se denuncia poco a los docentes, algo más regular en las empresas».

De todas maneras, por razones tanto psicológicas como legales, constituir la prueba para este tipo de denuncias implica un trabajo de largo plazo. El plazo de tres meses dispuesto por la intendencia para su proyecto no fue suficiente para que estos abusos recibieran más castigo que la condena social.

1. Para este artículo se recolectó un total de siete testimonios de mujeres, quienes, por cuestiones de seguridad, no son identificadas con su propio nombre. Consultado por Brecha, Ricardo Beiro no quiso dar declaraciones para esta nota.

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