La denuncia de acoso sexual y laboral de Jana Rodríguez Hertz y su escenario.

Alma pater

La denuncia de acoso sexual y laboral de Jana Rodríguez Hertz y su escenario.

Ilustración: Dani Scharf
Netuy marzo21

Alguna vez “Marcha” tituló “La Universidad es el país”. La denuncia realizada por la matemática parece confirmarlo. De las particularidades de estas conductas en medios académicos y de los límites que todavía exhiben los mecanismos de respuesta trata también esta nota.

 “Y hay algo más que no sé si contar”, anunciaba un twit desde la pantalla de la computadora. Fue el 20 de mayo, la noche de la marcha y la mojadura, secando ropa ante la estufa. Esa línea era el principio de la liberación de un relato contenido durante demasiado tiempo.

Lo había desencadenado un gesto inusual, reconfortante, producido durante un congreso de matemáticos reunido la semana anterior en Luminy, Marsella, al que había asistido la autora del twit, la doctora en matemáticas Jana Rodríguez Hertz, grado 5 de la Facultad de Ingeniería.

Seguramente los lectores saben de quién se trata. Aunque la disciplina que cultiva no es de las más populares por estos lares, Rodríguez Hertz ha participado en esfuerzos de divulgación científica realizados en los medios y, sobre todo, lo ha hecho frecuentemente en “La tertulia” de En perspectiva. Hace dos años que está en Shenzhen, China, pero sigue contribuyendo con el programa de Emiliano Cotelo con algunas columnas acerca de ese país.

Durante el congreso de Luminy, un grupo de uruguayos, antiguos compañeros de facultad, la interceptó cuando iba camino al baño. Tenían que decirle algo importante: pedirle disculpas. Disculpas, aclaró Rodríguez Hertz, por 15 años de acoso sufrido en el Instituto de Matemáticas de la facultad por ella, su hermano Federico y su marido Raúl Ures, dedicados también a esta ciencia.

“No supe qué hacer. Me puse a llorar”, confesaba la matemática en otro twit de ese hilo. “Les dije que ellos eran muy jóvenes y no tenían la culpa, ellos insistieron en que se portaron como el orto. Y sí –admitía Rodríguez Hertz–, se portaron como el orto, pero yo no los culpo. La jornada terminó con brindis “por las heridas que se empiezan a cerrar”.

Pero para que la cicatrización se completase todavía faltaba, todavía falta. Faltaba, por ejemplo, decir a quiénes sí la académica responsabiliza por el dolor y por qué motivos estos orquestaron el asedio. Y ese era el objeto del hilo de twits iniciado el 20 de mayo: “Desde que empecé mi tesis, mi orientador me tenía ganas. Y todos sabemos lo que pasa cuando uno –una– le dice que no a un profesor poderoso”, escribió Rodríguez Hertz. Ella era entonces grado 3, el orientador era grado 5 y la Udelar lo distinguiría con el honoris causa. Tardó varias líneas en escribir su nombre: Jorge Lewowicz.

 “Las cosas empeoraron cuando mi hermano (…) hizo una tesis de puta madre y la logró publicar en el mejor journal de matemática”, advertía Rodríguez Hertz al continuar su relato. Lewowicz, “que era un mediocre y les había hecho creer a todos que era brillante, se sintió amenazado”, explicaba.

Netuy marzo21

Actualmente Federico, el hermano de Rodríguez Hertz, es el único rioplatense galardonado con el premio Michael Brin, distinción que se otorga a aquellos matemáticos que en una etapa temprana de su carrera han contribuido con un trabajo sobresaliente a la teoría de los sistemas dinámicos.1

El martes, el Consejo de Facultad de Ingeniería decidió enviar los antecedentes del caso a la Comisión Central de Prevención y Actuación ante el Acoso y la Discriminación (Cpaad) y solicitar su asesoramiento.

A LO MACHO. “Las compañeras que representaban como titulares al Centro de Estudiantes de Ingeniería (Cei) en la comisión del Instituto de Matemáticas contaban que era insoportable el nivel de bajezas que tenían que soportar Jana, su hermano y Ures”, narró a Brecha Laura Adoum, tesorera del gremio estudiantil entre 2000 y 2003. “Les desaparecían los monitores de las computadoras en que trabajaban. Cuando los retaron por hacer desaparecer los monitores, que eran mobiliario de la facultad después de todo, empezaron a hacer desaparecer los mouses. Cuando tampoco se pudieron llevar los mouses, hacían desaparecer la bolita de estos para que no funcionaran. O, en épocas de entregas de trabajo, les bajaban la llave térmica del instituto para que se apagaran las computadoras y perdieran todo lo que no hubiesen guardado. Eran cosas que no quedaban registradas en ningún lado, rayanas en la inmadurez, pero que son la gota que termina rompiendo una piedra”, describió.2

Antes de enterarse de esto, Adoum había asistido alguna vez como suplente a la comisión del instituto. En el orden del día que le habían pasado por correo electrónico las titulares, el segundo punto decía simplemente “Jana”. “Cuando en la comisión llegamos al punto, dijeron: ‘No, no, de eso se encarga (Roberto) Markarian”, quien entonces conducía el instituto. “En ese momento pensé que, como yo era suplente, no me querían explicar, que lo tratarían con las titulares”, comentó Adoum.

Después el tema se discutiría en la comisión directiva del Cei, pues pasó a ser “el principal dolor de cabeza” de las representantes del orden estudiantil en la comisión del instituto. “Habían sido mandatadas por la directiva del Cei para que intentaran interceder entre Lewowicz y Jana. Pero el tipo las ninguneaba, las despreciaba como interlocutoras, las acosaba. El comentario era: ‘Este viejo asqueroso, que podría ser mi abuelo, se me está insinuando. Me da asco’. Las compañeras les pidieron a los varones de la directiva que las acompañaran y después que fuesen solamente ellos. Hicieron lo que pudieron, hasta que se cansaron”, contó Adoum.

Adoum cree que recién terminó de entender el episodio cuando Rodríguez Hertz relató su versión en Twitter: “Ni siquiera me lo habían podido explicar bien las titulares”. Pero coincide con la matemática en el análisis de las motivaciones. “Además del tema de género, es un tema de competencia académica. Para mí, se trata de gente que es mediocre académicamente hablando y que no soporta la brillantez de otros. Entonces, cuando ven que otros pueden sobresalir, los tratan de bajar a como dé lugar. Si la forma de amedrentarlos era con un acoso sexual, que fuera”, argumentó.

Pero la opresión de género no dejaría de ser un componente relevante. Adoum, que estudió ingeniería de 1999 a 2003, confesó que “en esos años cambié mi forma de vestir, de peinarme, no me maquillé más, dejé de usar perfume. Hasta eso era una ‘provocación’ para que te hiciesen cualquier cosa, te dijesen cualquier cosa, te tocasen incluso. Eran unos simios”.

Como tesorera, a veces le tocaba ir a los bancos. “A veces tenía que estar presentable para alguna reunión formal, así que me vestía más o menos como una señora para hacer los trámites, pero llevaba ropa para cambiarme antes de volver a la facultad: jogging suelto, championes y pelo desarreglado, si no, no se sobrevivía. Era desagradable.”

Adoum no soportó. Abandonó la facultad. Ahora se define como “ama de casa por opción”. “Ni siquiera tengo trabajo, así que soy libre, puedo hablar, no tienen cómo apretarme. Por eso me desesperó cuando vi el twit de Jana y que nadie se animaba a decir que eso había sido verdad. Fuimos cientos los que vimos eso, todo el orden estudiantil o, por lo menos, los del Cei”, explicó. “Hasta el día de hoy no me volví a pintar. Hace veinte años. Y sí, quedé marcada”, consignó.

INJUSTICIA EPISTÉMICA. La invisibilidad es difícil de aceptar. Hay zonas de la sociedad en las que se entiende: el trabajo doméstico es el caso típico. ¿Pero en una universidad? ¿Es que el acoso reviste formas peculiares en los medios académicos? Algún interlocutor rechazó la pregunta: “Simplemente la universidad es parte de la sociedad que naturaliza estos comportamientos”, fue una réplica repetida.

“Quienes integramos la academia, en general, pertenecemos a una elite, para empezar, de personas que adquirieron un nivel educativo terciario y cuyas condiciones materiales no son de pobreza o marginalidad. Y a partir de esto hay una suposición de que un mayor nivel educativo impediría conductas indeseables, entre ellas las del acoso. Esta es una suposición errada”, se extendió en cambio la politóloga Ana Laura de Giorgi, coordinadora del Área de Política, Diversidad y Género, en el Instituto de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales, y cuya firma los lectores suelen encontrar bajo columnas de este semanario.

“La universidad debería ser un espacio seguro y protegido, pero no le es”, subrayó. “El acoso se produce, pero el problema es justamente ese: visualizarlo, comprenderlo como tal, y en caso de denunciarlo que sea escuchado, que se le crea a quien lo ha sufrido. En general, los casos son de hombres hacia mujeres, de grados superiores a inferiores, o de profesores a estudiantes”, reflexionó De Giorgi apuntando a que allí estaría otra de las claves de lo que luego, cuando una denuncia se hace pública, desconcierta.

“Será muy difícil visualizar una situación de acoso cuando los señalados son colegas con un currículum académico completo y renombre, y una conducta que se despliega como ‘intachable’, sin ‘antecedentes’ en general de mala conducta”, señaló la politóloga. Porque además, del otro lado, “quienes señalan haber sido víctimas de acoso suelen ser grados inferiores o mujeres, fundamentalmente en el acoso sexual. Y aquí será más difícil creerles porque su ‘pedigrí’ no es el del implicado. Aquí se comete lo que algunas autoras y colegas como Laura Gioscia denominan ‘injusticia epistémica’, no se reconoce a un sujeto en su capacidad de producir conocimiento, no se reconoce el estatus de verdad de lo que enuncia. Entonces hay una desigualdad jerárquica pero reforzada en una desigualdad simbólica”.

En este sentido, los acosados de la academia, en el ámbito de la justicia, padecen algo que conocen bien muchas mujeres violadas: “No se nos cree y, como sabemos que no se nos va a creer, no lo señalamos y mucho menos denunciamos, porque no queremos ser dos o tres veces vulnerabilizadas. Hay que estar en una posición superprotegida para poder ser escuchada. El caso en cuestión de Rodríguez Hertz es un claro ejemplo, y no olvidemos que igualmente su relato aparece una vez que unos colegas le piden disculpas, que no se siente tan sola”.

—Pero uno tiende a pensar que, al menos en la Udelar, el cogobierno y las definiciones igualitarias tantas veces adoptadas deberían proteger un poco de estas cosas, opuso Brecha.

—No soy tan optimista, la Universidad es un ámbito patriarcal, replicó De Giorgi. Los cargos más altos son ejercidos por varones, no hay paridad en la Universidad. Recién ahora tenemos un grupo de decanas mujeres que continúan siendo una minoría, y además que existan mujeres en los cargos más altos tampoco es garantía. El orden de estudiantes suele ser mucho menos conservador que el orden docente, pero hace unos pocos años a la Feuu también le costó nombrarse feminista. Aunque el movimiento estudiantil universitario sin dudas está a la vanguardia en estos temas y han buscado construir una universidad libre de acoso, queda bastante por hacer para que estudiantes dejen de acosar a otras estudiantes o a profesoras. La Udelar puede tener definiciones políticas igualitarias, pero el problema es cómo se concibe esa igualdad. Si se lo hace desde el concepto de un sujeto universal que no reconoce las condiciones desiguales, por ejemplo de las mujeres respecto a los hombres, no hay transformación posible. El cogobierno es una herramienta maravillosa que tenemos que proteger y defender, porque permite la construcción colectiva de la Universidad, pero para que eso sea así todes tenemos que tener la misma oportunidad para ejercer la voz y que esta sea escuchada. Hay un repertorio de temas que tienen que comenzar a ser politizados, a ser reconocidos en su estatus político para luego intervenir en ellos. Con el acoso suele suceder que se lo interpreta como algo de índole personal, no político, de alguien que “se desubica”, y no es así: el acoso es un fenómeno social, resultado de una construcción social patriarcal; si así lo reconocemos, podremos intervenir en él, antes no.

LA COMISIÓN Y LA TRIBUNA. Un informe de la Comisión Central de Prevención y Actuación ante el Acoso y la Discriminación de la Udelar hecho público el martes reflejó algunas de las dificultades que venían enfrentando para desarrollar la tarea. Falta de un presupuesto consolidado, de equipo técnico, de acatamiento por jerarcas de los servicios universitarios, de un lugar físico para funcionar y hasta de cuórum formaban parte del documento presentado el 10 de diciembre por la comisión al nuevo rector, el economista Rodrigo Arim. “Anteriores autoridades han debilitado el trabajo de la comisión”, señala una de las líneas de ese texto.

El nuevo rectorado parece estar haciendo lo preciso para subsanar sus deficiencias. La economista Andreína Moreira, quien participó del proceso que condujo a la creación de una comisión propia para atender estas situaciones en la Facultad de Ciencias Económicas, destacó el liderazgo de Arim, entonces decano, en este aspecto.

Superadas las demoras para la conformación del propio equipo rectoral, el 26 de marzo pasado el Consejo Directivo Central de la Udelar solicitó al rector que, en consulta con la Cpaad, formulara un rediseño de los mecanismos de abordaje y, de acuerdo a lo informado por el rectorado a Brecha, hace dos semanas se terminó de integrar el demandado equipo técnico.

Lo técnico es enormemente relevante en este caso, sobre todo para preservar eficazmente al denunciante. El psicólogo Gustavo Álvarez, integrante de la comisión que aborda el tema en el sindicato bancario y que tiene un protocolo funcionando desde hace tres años en la banca oficial y algunas instituciones privadas, explicó a Brecha, por ejemplo, la importancia de documentar ampliamente la denuncia antes de dar parte al victimario, evitando de este modo que el acusado pueda ejercer presión sobre los testigos del denunciante.

El procedimiento de denuncia hasta ahora vigente en la Udelar parece, aunque con buenas intenciones, ignorar esta precaución al establecer en su artículo 4 que la subcomisión encargada de cada denuncia “comunicará la situación a las autoridades de los servicios implicados a los efectos de adoptar en forma inmediata medidas de protección apropiadas”. “El problema con la Udelar es que ponen de juez a la parte”, había comentado Adoum.

Al principio, el silencio ante la denuncia de Rodríguez Hertz fue estruendoso. La sospecha de que en él había algo más que distracción parece confirmada por el destino de la primera columna publicada sobre el caso, la del portal Montevideo.com, suprimida a partir del 23 a pesar de haber sido la más leída el día anterior. Otro portal, Uy.press, ofreció la versión de la decana María Simon, que de acuerdo a la denunciante –no consultada por ese medio– no se ajusta a la realidad. El martes 28, En perspectiva publicó una columna de Rodríguez Hertz; Buen día Uruguay entrevistó a la especialista Silvana Giachero a partir de la denuncia y se trató el tema en Vespertinas, también en canal 4. Ayer El Observador publicó una nota a partir de los testimonios de los denunciados, además de una entrevista con Giachero. Tal vez algo se escape.

Podrá decirse que dolores más graves tienen aun menos cobertura y será cierto, pero también lo es que las grandes empresas mediáticas han demostrado en general más entusiasmo cuando se trata de dar “malas noticias” sobre la Udelar. De momento, el panorama hace pensar en el juego perverso que en la comisión de Aebu llaman “armar la tribuna”.

“Recién después de que te defenestré ante tus compañeros de trabajo es que empiezo a acosarte abiertamente, porque sé que tengo medio partido ganado. Ya me encargué de decir: ‘¿Pero viste lo mal que hace esto?’; ‘es insoportable, tuve que decirle cinco veces tal cosa y lo sigue haciendo mal’; ‘y vino y me dijo de vos tal cosa’. Así el acosador va tejiendo hasta que logra que los compañeros perciban al acosado con un sesgo negativo. Recién cuando lo logra, lo que le puede llevar meses, empieza a acosar abiertamente. Entonces, lamentablemente, lo que muchas veces ocurre es que la víctima termina haciendo una explosión emocional que ratifica que es una persona insoportable con la que no se puede trabajar”, explicaba Álvarez.

1.   De la web de la Pennsylvania State University: https://math.psu.edu/dynsys/Brinprize/.

2.            La casuística de la situación denunciada no se agota en lo señalado en este párrafo, que apenas quiere ser ilustrativo. Para saber más sigue siendo indispensable ver el hilo de Twitter de la denunciante en https://twitter.com/janarhertz.

Netuy marzo21

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