LA TERCERA DOSIS Y LA DISPARIDAD MUNDIAL EN EL ACCESO A LAS VACUNAS

¿A quién beneficia que el virus mute?

Mientras la mayor parte del Sur global languidece ante la falta de vacunas, otros países se empeñan en acaparar las dosis. La desigualdad facilita la aparición de variantes más peligrosas, pero la supervivencia del virus no es la única beneficiada.

Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMSAfp, Fabrice Coffrini

Con altas tasas de vacunación en gran parte de Occidente, los países están comenzando a abrirse después de un año y medio de bloqueos y otras medidas de salud pública. Si bien el número de casos de la variante delta está aumentando en Reino Unido, Estados Unidos y otros países del Norte global, esta vez dicho aumento no se traduce en el aumento de las muertes. Gracias a las vacunas.

Sin embargo, la situación es mucho más compleja en otros lugares. A fines de julio, África registró un aumento semanal del 43 por ciento en las muertes por covid-19. La tasa de letalidad en ese continente (la proporción de muertes por casos confirmados) es ahora del 2,6 por ciento, mientras que el promedio mundial es del 2,2 por ciento. La situación para quienes ingresan a cuidados intensivos es terrible: la mortandad es del 48,2 por ciento (The Lancet, 22-V-21), muy por encima del 31,5 por ciento del promedio mundial. El último aumento de casos ha sido producto de la frustración popular en lo económico por las medidas de distanciamiento social y otras restricciones, la propagación de la altamente transmisible variante delta del virus y un acceso pésimo a las vacunas. La situación se ve agravada por una infraestructura de salud deficiente con acceso limitado a suministros y equipos esenciales, en particular oxígeno. Los países se enfrentan a lo que Matshidiso Moeti, director regional para África de la Organización Mundial de la Salud (OMS), llama barrera doble: escasez de vacunas y déficit en el tratamiento hospitalario.

Mientras tanto, Pfizer, Astrazeneca y Johnson & Johnson pagaron, en mayo, 26.000 millones de dólares de ganancias a sus accionistas y recompraron acciones para estimular al alza su cotización durante el último año, según informó People’s Vaccine Alliance, una coalición de organizaciones médico-filantrópicas y ONG que estima que esa suma de dinero sería suficiente para vacunar a toda África. Otra estimación de la People’s Vaccine Alliance: la pandemia ha creado nueve multimillonarios farmacéuticos nuevos, cuyo botín combinado gracias a la bonanza por el covid-19 asciende a más de 19 mil millones de dólares, una cantidad suficiente para vacunar completamente a todos los habitantes de las naciones de bajos ingresos 1,3 veces. Los países más pobres albergan al 10 por ciento de la población mundial; sin embargo, hasta el segundo trimestre de este año solo habían recibido el 0,2 por ciento del suministro mundial de vacunas. Ocho multimillonarios con cuantiosas acciones en farmacéuticas que desarrollan vacunas contra el covid-19 han visto crecer su riqueza combinada en más de 32.000 millones de dólares desde el comienzo de la pandemia. Se trata del dinero suficiente para vacunar completamente a toda la población de India.

LA CARRERA
POR LA TERCERA DOSIS

Aunque apenas el 1 por ciento de quienes viven en las naciones menos desarrolladas ha recibido su primera inyección, en junio la Comisión Europea firmó un acuerdo con Moderna para obtener 150 millones de dosis para una tercera vacunación de refuerzo, que se suministrará en 2022. Israel, uno de los más rápidos en vacunar a su población, comenzó en julio a ofrecer las terceras dosis a los inmunodeprimidos.

El racionamiento detrás de esto es que nos enfrentamos a una serie de lo que la OMS llama variantes de preocupación: mutaciones del SARS-CoV-2 que no solo le permiten propagarse más fácilmente o que provocan cuadros más graves, sino que, además, reducen la eficacia de la vacuna. Las variantes de preocupación beta, delta y gamma se identificaron por primera vez en países con bajas tasas de vacunación: Brasil, India y Sudáfrica. La cuarta variante preocupante, alfa, surgió en Reino Unido en setiembre del año pasado, antes de que se alcanzaran niveles altos de inoculación. Todavía se está recopilando evidencia epidemiológica para comprender la amenaza exacta que representa la variante de interés lambda, pero los datos preliminares sugieren que puede infectar células con mayor facilidad. Surgió en Perú.

La razón es simple: las personas no vacunadas que se infectan son fábricas de variantes. La mayoría de las mutaciones no ofrece ninguna ventaja reproductiva e, incluso, daña activamente la reproducción del virus. Pero ocasionalmente ocurre una mutación que sí ofrece una ventaja, una que le permite superar otros linajes del virus y, con el tiempo, establecerse como dominante. Estas son las variantes de preocupación. Y cuantas más personas no estén vacunadas, mayor será la posibilidad de que surjan. Por lo mismo, cuantas más personas se vacunen –especialmente porque ahora está claro que la mayoría de las vacunas no solo son extremadamente buenas para prevenir cuadros graves, sino que también bloquean la mayoría de los contagios–, menos variantes de preocupación habrá. Un virus que no se puede propagar no puede mutar.

Hasta ahora, las vacunas de ARNm vienen aguantando bien frente a las variantes de preocupación que se han encontrado. Otros tipos de vacunas también están funcionando de manera decente, aunque no tan bien. Pero los investigadores advierten que les preocupa la próxima camada de variantes, que realmente podría poner en problemas a las vacunas (Nature, 22-VI-21). Y en algún momento, si llegaran a surgir más variantes cuya resistencia a las vacunas hiciera significativamente menos efectivo el conjunto de inmunizantes, sería posible que se necesitaran dosis de refuerzo. Pero no todavía.

El 8 de julio, luego de que Pfizer solicitara otra autorización para uso de emergencia, esta vez para una dosis de refuerzo, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades emitieron una declaración conjunta en la que criticaron a la empresa indirectamente.

«Los estadounidenses que han sido completamente vacunados no necesitan una dosis de refuerzo en este momento», dijeron. Y agregaron que están «comprometidos en un proceso riguroso y basado en la ciencia para considerar cuándo y en qué condiciones podría ser necesario un refuerzo». Si bien este proceso puede considerar la información proveniente de las compañías farmacéuticas, «no se basa exclusivamente en esos datos». «Estamos preparados para dosis de refuerzo siempre y cuando la ciencia demuestre que son necesarias», añadieron.

En un video emitido a mediados de julio el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, se quejó de los países que iban camino a dar ya terceras dosis, cuando la mayor parte del mundo se asfixia y muere esperando la primera. «Si hay una palabra para explicarlo, es codicia», dijo.

EL MERCADO ENDÉMICO Y LAS DOSIS ANUALES

Es poco probable que encontremos directores ejecutivos tan torpes que admitan que están esperando el surgimiento de cada vez más variantes de preocupación, pero es difícil no pensar que, el menos en privado, delta, lambda y sus amigas deben ser para ellos como regalos del cielo. Es que si la pandemia termina, no importa cuán exorbitante haya sido la cantidad de dinero ganada: siempre será menor que la que se obtendría si la pandemia se quedara con nosotros para siempre. Las vacunas adolecen del mismo defecto fatal de rentabilidad que ha provocado que durante las últimas cuatro décadas las grandes empresas farmacéuticas hayan abandonado la mayor parte de la investigación y el desarrollo de antibióticos: una vez que la infección desaparece, el paciente ya no necesita comprar el producto.

Las condiciones crónicas son mucho más rentables, porque un paciente debe continuar tomando el medicamento (o sometiéndose a la forma de terapia correspondiente) de forma indefinida, a veces todos los días, por el resto de su vida. La investigación y el desarrollo de vacunas ha sufrido la falta de interés de las grandes empresas farmacéuticas durante casi el mismo tiempo y por la misma razón. Pero las dosis regulares de refuerzo harían que las vacunas contra el covid pasaran de ser cosa de una o dos veces a ser una oportunidad de lucro anual o, incluso, bianual.

Es comprensible que los ejecutivos farmacéuticos estén siendo lo más delicados posible al discutir el tema de las variantes de preocupación y las consecuencias que estas tienen para las ganancias corporativas. No quieren que un periodista los pille frotándose las manos con júbilo, pero, al mismo tiempo, necesitan tranquilizar a los inversores sobre la probabilidad de que se repitan los espectaculares ingresos de 2020 y 2021. Durante su conferencia virtual con los accionistas del 4 de mayo, realizada para informarles los resultados del primer trimestre, el director ejecutivo de Pfizer, Albert Bourla, les aseguró que habrá necesidad de refuerzos anuales «más allá del 22 y del 23». «Esta es la razón por la que, básicamente, todos los gobiernos del mundo están ahora discutiendo con nosotros acuerdos de compra para el 22, el 23 y el 24», agregó (Nasdaq, 4-V-21). En la misma conferencia, el director científico de la firma, Mikael Dolsten, dijo que «la incapacidad para controlar [el virus] alrededor del mundo conducirá, por supuesto, a numerosos cambios en la tasa de mutación viral». En lugar de «esperar que se pueda establecer la inmunidad de rebaño en todo el mundo», es probable que debamos depender de un refuerzo regular y de otras medidas continuas de salud pública, añadió.

Moderna, en tanto, les contó por entonces a sus inversionistas una historia similar durante su propia convocatoria para informarles de las ganancias, en respuesta a la preocupación de que los ritmos de vacunación se estuvieran desacelerando. Su director ejecutivo, Stéphane Bancel, se apresuró a tranquilizarlos: «Creemos que durante los próximos seis meses, a medida que el hemisferio sur entre en el invierno, vamos a ver surgir más variantes de preocupación. Hemos dicho por ahora que creemos que se necesitarán dosis de refuerzo, ya que pensamos que el virus no va a desaparecer». A medida que la empresa ha ido virando hacia lo que un inversionista de Goldman Sachs llamó mercado endémico, es decir, un mercado en el que el virus está arraigado de forma permanente, su objetivo ha pasado a tener una vacuna contra la influenza estacional combinada con una dosis de refuerzo para el covid. Sería un producto de inyección única que se recibiría cada invierno en la farmacia o en el consultorio médico.

Este es un momento crucial de honestidad, disonante con lo que los políticos y los funcionarios continúan diciendo sobre la necesidad de alcanzar tasas de vacunación mayores al 80 por ciento para lograr la inmunidad colectiva mundial. Los capitalistas han renunciado a ese objetivo. Y, si bien se ocupan de dejar en claro que ellos no desean personalmente esta situación, también dejan en claro a los inversores que esto es bueno para los resultados finales.

Vale la pena señalar que el año pasado, durante el apogeo de las protestas del Black Lives Matter, los jefes de Pfizer, Astrazeneca, Johnson & Johnson y más de una docena de otras empresas farmacéuticas –incluido el de Merck, Kenneth Frazier, el único CEO afroamericano en una gran farmacéutica– emitieron una declaración en apoyo al movimiento y se comprometieron a construir equipos de trabajo y juntas directivas más diversos. Incluso, Pfizer y otros retiraron algunos anuncios de Facebook en respuesta a las preocupaciones sobre la propagación del racismo en la plataforma. Pero lo cierto es que hay 1.300 millones de vidas negras en África que –uno puede estar seguro– preferirían vacunarse contra esta plaga antes que leer cuánto aprendieron los ejecutivos farmacéuticos sobre sí mismos en los talleres sobre «conciencia racial» y «fragilidad blanca» a los que asisten.

(Publicado originalmente en Jacobin bajo el título «We Need a Movement Against Vaccine Apartheid». Brecha publica fragmentos. Traducción propia.)

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