En Paysandú se proyecta una planta capaz de convertir agua del río Uruguay, electricidad y residuos forestales en combustibles sintéticos destinados al mercado internacional. Sobre el papel, la cadena parece sencilla: del agua se obtiene hidrógeno; de la biomasa y otros procesos industriales, dióxido de carbono; ambos se combinan para producir e-metanol y, a partir de este, gasolina sintética. En la práctica, detrás de esa secuencia hay una infraestructura de dimensiones inéditas para nuestro país. La planta tendría cuatro líneas de producción y, según las previsiones de HIF, generaría unas 635 mil toneladas de e-metanol y 227 mil toneladas de e-gasolina al año. Para llegar a esos volúmenes deberá resolver el abastecimiento de agua, energía y biomasa, instalar sistemas para capturar dióxid...
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