Aliadísimos - Semanario Brecha
Alemania y Estados Unidos

Aliadísimos

Alemania aspira a convertirse en «aliado modelo» de Estados Unidos en Europa mientras Washington reorienta su poderío militar al Indopacífico para mantener su supremacía y disuadir a China.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el canciller alemán, Friedrich Merz, mantienen una reunión bilateral en la Oficina Oval de la Casa Blanca, en Washington, el 3 de marzo de 2026. EFE, EPA, Samuel Corum.

La Estrategia de Defensa Nacional publicada por el Pentágono en enero favorece la emergencia de «aliados modelo» regionales, papel al que Alemania parece aspirar con su gran campaña armamentista independiente de la Unión Europea (UE). El documento estadounidense define como la prioridad militar nacional al Indopacífico, donde se plantea una coexistencia pacífica con China, pero manteniendo su supremacía y disuadiéndola de intentar modificar la correlación de fuerzas.

El párrafo sobre los «aliados modelo» es seguramente más desestabilizador para la UE que el apoyo de Washington a sus partidos de extrema derecha, expresado en el Documento de Seguridad Nacional, publicado en diciembre: «Priorizaremos cooperación y compromisos con aliados modelo –los que están gastando lo que se precisa y haciendo visiblemente más contra amenazas en sus regiones, con apoyo fundamental pero limitado de Estados Unidos–, incluyendo venta de armas, colaboración en la industria de defensa y otras actividades que favorecen a nuestras naciones», dice el texto. Y le señala el camino a Berlín, considerando que Rusia «no está en posición de apostar por una hegemonía europea». «La OTAN europea enaniza a Rusia en escala económica, en población y en poder militar latente». Señala que los países de la OTAN, sin contar a Estados Unidos, acumularon un PBI de 26 billones de dólares en 2024, contra 2 billones del país gobernado por Vladímir Putin. «Por suerte, nuestros aliados de la OTAN son sustancialmente más poderosos que Rusia, que no está ni siquiera cerca. Alemania sola enaniza a Rusia.» El documento reitera que la guerra en Ucrania incumbe a Europa, aunque la excluye de las negociaciones.

Alemania ya empezó a actuar como el «aliado modelo» en Europa, por fuera de la UE. Eliminó su limitación a endeudarse, lo que ahora podrá hacer de manera ilimitada para armarse. Ya es el país de Europa que más invierte en armamento y tiene el cuarto presupuesto militar del mundo, detrás de Rusia, según un análisis publicado por la revista estadounidense Foreign Affairs. Para 2029 tiene previsto invertir 189.000 millones de dólares en defensa, tres veces más que en 2022, perfilándose como la gran potencia militar convencional europea. Es, además, el país que más ayuda militar da a Ucrania.

El Pentágono considera que el Indopacífico será el «centro de gravedad» de la economía mundial y allí se plantea mantener un «balance de poder militar favorable». Reconoce a China como el país más poderoso en ese plano y destaca «la velocidad y la calidad del histórico armamentismo de China […], incluidas fuerzas designadas para operaciones en el Pacífico occidental».

Afirma que su propósito no es «dominar, humillar o asfixiar a China. Por el contrario, nuestro objetivo es asegurar que ni China ni nadie pueda dominarnos, a nosotros o a nuestros aliados. Esto no requiere cambio de régimen ni ninguna otra lucha existencial, sino una paz decente, en términos favorables para Estados Unidos, los que posiblemente China también pueda aceptar y vivir con ellos».

En ningún momento el documento menciona a Taiwán; solo a la Primera Cadena de Islas, donde se plantea construir una «fuerte defensa de disuasión» con el objetivo de «dejar claro que cualquier tentativa de agresión contra los intereses de Estados Unidos fracasará y, por lo tanto, no vale la pena intentarla».

CERCA DE WASHINGTON, LEJOS DE PARÍS

El canciller alemán Friedrich Merz practica una política de seducción hacia el gobierno de Donald Trump. Sin arma nuclear, Berlín considera que la alianza con Washington le es vital y hace lo indecible para asegurarla. Estados Unidos es el principal mercado de las exportaciones alemanas, a pesar de que, debido a la ofensiva tarifaria de Trump, cayeron un 9 por ciento en el último año.

Cuando Trump amenazó con aranceles a los países europeos que enviaron soldados a Groenlandia, Merz mandó sacar inmediatamente a sus 15 efectivos. El germano no criticó el ataque a Venezuela; se alinea con las negociaciones tripartitas en Ucrania que excluyen a la UE; se opone a cualquier diálogo directo con Moscú, y a pesar del genocidio palestino mantiene una política de apoyo militar a Israel con represión interna de toda crítica, similar a la de Washington. Refiriéndose a la guerra con Irán, Merz dijo en Washington: «Tenemos el mismo libreto en términos de sacar a este terrible régimen de Irán y vamos a conversar sobre el día después».

En paralelo, sus desacuerdos con el presidente francés Emmanuel Macron aumentan. Merz reprocha a Macron no gastar lo suficiente en Defensa y no llevar adelante reformas internas. El francés tiene una postura más crítica de las políticas de Trump hacia la UE y está reanudando un diálogo con Putin. Él y Merz discreparon sobre la utilización de los activos rusos depositados en Bélgica para ayudar a Ucrania. Pero sobre todo se separan acerca de cómo Europa debe armarse para confrontar a Rusia. París pretende que lo haga con créditos de la UE, como ocurrió ante la emergencia del covid-19, que los países de la UE compren armas fabricadas en Europa para fortalecer su industria de defensa, que la UE financie empresas líderes de armamentos, es decir, con una importante participación financiera de Alemania. Merz prefiere armarse solo y favorecer a su propia industria bélica, así como a la estadounidense para consolidar su alianza.

Las economías de Francia, Reino Unido e Italia no tienen el tamaño ni las condiciones financieras para llevar adelante una campaña armamentista comparable a la de Alemania sin afectar sus programas sociales y aumentar sus déficits.

El 18 de febrero Merz declaró que Alemania piensa construir sola el avión de combate europeo, que estaba previsto con Francia y España para 2040, para sustituir al Rafale francés y al Eurofighter alemán. Considera que Francia quiere un avión capaz de llevar ojivas nucleares y aterrizar en portaviones, dos cosas que Alemania no tiene. En sus declaraciones al pódcast Machtwechsel, el canciller germano aseguró contar con socios para este emprendimiento.

En un discurso en Múnich el 14 de febrero, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, destacó la importancia, aunque menguante, de Europa para Washington, pero no se refirió a la UE, que su administración quiere contribuir a desmantelar. Después de Alemania, Rubio viajó a Hungría y Eslovaquia, dos miembros de la UE aliados de Trump con gobiernos de extrema derecha cercanos a Moscú, que se oponen a la ayuda a Ucrania.

Washington sancionó a cinco europeos por su papel en la regulación de las redes sociales. Entre los sancionados figura el excomisario europeo para el Mercado Interior (2009-2024) Thierry Breton, un francés que se ocupaba de la legislación europea sobre redes sociales. Estados Unidos cuenta con las redes de sus aliados tecnológicos milmillonarios para impulsar en próximas elecciones las posturas de extrema derecha y alimentar las guerras culturales.

EL MERCOSUR EN LA DISPUTA

El canciller alemán no perdonó a Macron su sabotaje del acuerdo con el Mercosur. Un diputado independiente europeo electo en las listas de Renacimiento, el partido de Macron, dijo a este corresponsal que fue presionado a votar para enviar el tratado a la Corte de Justicia europea, lo que retrasará su aplicación en dos años y puede favorecer un voto contrario del Parlamento. Merz insiste en que la Comisión Europea aplique el tratado de manera provisoria, como permite la legislación.

El tratado con el Mercosur es importante para Alemania porque facilita las exportaciones de su industria automovilística y de maquinaria en momentos en que redobla la competencia china, y le asegura materias primas. Alemania, que no es un país agrícola, rechaza, a diferencia de Francia, las gigantescas subvenciones a la agricultura europea, que ascienden a un tercio del presupuesto de la UE, a pesar de representar solo el 1 por ciento de su PBI, según la revista británica The Economist. Y los agricultores son cada vez menos.

Para el Mercosur el tratado no es ninguna panacea. En 2040, cuando el 90 por ciento de los productos intercambiados no tengan tarifas y el comercio en servicios sea simplificado, las exportaciones europeas aumentarán a 49.000 millones de euros y las del Mercosur a 9.000 millones, escribió The Economist. Las primeras tienen mucho valor agregado, las segundas son sobre todo materias primas.

Con respecto a America Latina no hay nada nuevo en el documento de defensa nacional estadounidense: reafirma el corolario Trump a la doctrina Monroe, ya desarrollado en la Estrategia de Seguridad Nacional publicada en diciembre y puesto en práctica con el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y los asesinatos de lancheros en el Caribe y el Pacífico.

UN PODERÍO MILITAR QUE PREOCUPA EN EUROPA

El resurgimiento de Alemania como gran potencia militar convencional reaviva los más que centenarios temores de Europa. Tras su derrota en la Primera Guerra Mundial en 1918, Alemania fue desarmada, pero comenzó a rearmarse en la década del 20, lo que fue tolerado por sus vencedores. Derrotada nuevamente en 1945 en la Segunda Guerra Mundial, fue ocupada, su ejército (la Wehrmacht), desmantelado y su territorio, dividido.

Cuando en 1989 cayó el muro de Berlín, el mundo se concentró en la crisis final de la Unión Soviética y de sus satélites, y pocos se alarmaron de la unificación alemana, forzada por el canciller Helmut Kohl a cambio de limitar el poderío de la Bundeswehr (sucesora de la Wehrmacht).

La británica Margaret Thatcher fue la única que puso el grito en el cielo. Advirtió que «una gran Alemania socavará la estabilidad de todo el sistema internacional y podría dañar nuestra seguridad». Al presidente francés François Mitterrand le preocupó, pero apostó al tándem francoalemán como motor de la UE y factor de disuasión.

La invasión rusa de Ucrania del 24 de febrero de 2022 y la caída de la ayuda de Washington a Kiev después que asumiera Trump, combinada con sus presiones para que los países europeos de la OTAN aumentaran su gasto militar y asumieran la defensa de Europa, desataron el armamentismo alemán.

La analista Liana Fix, del Council on Foreign Relations, publicó en Foreign Affairs un análisis futurista sobre el militarismo alemán bajo el título «Próximo hegemón europeo: los peligros del poderío alemán». Destaca que Alemania invertirá 750.000 millones de dólares en cuatro años en armarse y tendrá el más formidable ejército convencional de Europa antes de 2030, aunque seguirá dependiendo del paraguas nuclear estadounidense frente a Rusia. Mientras tanto, negocia un acuerdo con Francia para que extienda su paraguas atómico. Queda planteada la incógnita de si Alemania buscará obtener el arma nuclear.

Ochenta años después de su derrota en la Segunda Guerra Mundial, la Bundeswehr proyecta nuevamente su sombra sobre Europa, desata temores entre sus vecinos y aviva el fantasma de un eventual revanchismo alemán, sobre todo si la extrema derecha de Alternativa para Alemania llega al poder, dado que algunos de sus dirigentes han expresado reivindicaciones territoriales.

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