«Empiezo esta lucha porque secuestran y desparecen a mi hijo Diego Maximiliano en 2015. Es mi único hijo. Hubo negociaciones y hasta un pago, pero nunca lo liberaron, por lo que el secuestro se convierte en desaparición. Después de varios años, me doy cuenta, en una marcha, de que a muchísimas madres les pasa lo mismo, y ahí decido unirme con otras compañeras, y formamos el colectivo», dice a Brecha Verónica Rosas bajo el abrasador sol del mediodía en la Glorieta de las y los Desaparecidos. El recorrido de Verónica, que era vendedora ambulante, es similar al de todas las madres que en el mundo buscan a sus hijos desaparecidos y tiene un punto de inflexión cuando asegura que «ahora los desaparecidos son todos hijos nuestros». La conformación del colectivo Uniendo Esperanzas, en el Estado de...
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