Junto con otros nueve integrantes de la caravana Global Sumud Land, la versión terrestre de la flotilla naval de solidaridad con Gaza, Matías pasó alrededor de un mes encerrado en un «agujero negro» en pleno desierto libio. Pretendían llevar hacia el sitiado y masacrado enclave palestino fundamentalmente medicamentos y equipos sanitarios, incluidos ambulancias y quirófanos, pero también alimentos y ropa. No lo lograron. El convoy había partido de Mauritania y debía llegar a Rafah, en Egipto, y de ahí a la Franja. Habían alcanzado un récord de participación: cerca de 300 personas de 50 nacionalidades diferentes, por lo general profesionales (de médicos a ingenieros, pasando por maestros, psicólogos, veterinarios). Por un momento pensaron, quizás muy ingenuamente (ya había habido un intento ...
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