El 11 de setiembre de 2001 (11S), después de la caída de la segunda torre del World Trade Center, más de 1.500 soldados de la Guardia Nacional del Ejército de Nueva York se desplegaron en el Bajo Manhattan. En una ciudad paralizada por el miedo y cubierta por una espesa nube de polvo y ceniza, los militares ayudaron a la policía y al cuerpo de bomberos en tareas de rescate en las zonas cercanas a la zona cero. Al finalizar el día, eran más de 8 mil efectivos. La presencia de soldados era una imagen inusual para los neoyorquinos. Pero, en los meses siguientes, los uniformes camuflados pasaron a ser parte de la rutina en las calles, junto con los puntos de control en puentes y túneles y las cámaras de vigilancia. Con la ciudad aún en shock, emergía una nueva amenaza que sumiría a Estados Uni...
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