Goles en contra - Semanario Brecha
Donald Trump desempolva el cuco del comunismo

Goles en contra

La fortuna le da la espalda al presidente Donald Trump mientras las elecciones de noviembre abren la posibilidad de una arremetida de los demócratas socialistas, en ascenso tras la victoria de Zohran Mamdani y de sus aliados en varios distritos. En tanto, los republicanos se disparan a todos los vértices.

El presidente estadounidense, Donald Trump, en la Base Conjunta Andrews, Maryland, el 23 de junio. AFP, Mandel NGAN.

La derrota de la selección estadounidense ante Bélgica ocurrió dos días después de que Estados Unidos cumpliera 250 años como la primera república independiente en América y cuando la apatía de sus votantes, la ola de calor sin precedentes y las tormentas veraniegas arruinaron la celebración del trumpismo en una quermés de 50 estados. Durante su discurso por los 250 años, Trump mezcló asuntos patrióticos con advertencias políticas y repitió alertas enunciadas ante grupos conservadores sobre el peligro que amenaza «el tradicional estilo de vida» estadounidense. «Son esos comunistas ateos.» «Esta es la amenaza más seria para la existencia de nuestro país», afirmó.

En 1988 había en Estados Unidos unos 178,1 millones de ciudadanos registrados para votar. En 2024 había 269,3 millones. Las dos contribuciones principales al crecimiento del electorado son el aumento de la población y la inmigración. Los números indican que hay unos 91 millones de votantes nuevos desde el colapso del comunismo. A estos votantes poco les importa la historia antigua y menos les estremece el anticomunismo hirsuto. Cuando ocurran las legislativas de noviembre, el contingente de ciudadanos registrados para votar incluirá 16 millones de inmigrantes, los mismos que por años llevan soportando los insultos y la hostilidad del gobierno de Trump.

Son estas algunas de las cifras que iluminan en el Partido Demócrata el ímpetu «socialista» y entre los votantes independientes la veta de «progresistas». De hecho, hay una organización ascendente denominada Democratic Socialists of America (DSA), con unos 100 mil miembros y seccionales en los 50 estados. Aparte, hay grupos que, en grados diferentes, se aplican la etiqueta de socialistas y grupúsculos que, créase o no, embanderan el comunismo de ultratumba. El éxito electoral más prominente ha sido la elección para alcalde en la ciudad de Nueva York del miembro de DSA Zohran Mamdani –quien, además, es musulmán–, pero hay otros: Claire Valdez, Brad Lander y Darializa Ávila Chevalier ganaron las primarias para tres distritos en la Cámara de Representantes y Aber Kawas triunfó en el distrito 12 para el Senado. En el otro extremo del país está la alcaldesa de Seattle, Katie Wilson, quien recientemente propuso la prohibición de las tarifas adicionales que los propietarios cobran a los inquilinos.

Aunque el adalid respetado del «socialismo democrático» emergente es el senador independiente de Vermont, el octogenario Bernie Sanders, son políticos más jóvenes los que presentan el reto más serio para la vejentud que no ha liderado la batalla contra Trump. La lista incluye a la representante de Nueva York Alexandria Ocasio-Cortez y su colega de Míchigan Rashida Tlaib. Hay socialistas demócratas en las legislaturas de Illinois, Minnesota, Nueva York, Vermont, Delaware, Pensilvania, Rhode Island, Colorado, California, Connecticut, Georgia, Hawái, Luisiana, Maine, Maryland, Massachusetts, Montana, Nuevo México, Ohio, Oregón, Tennessee, Washington y Wisconsin.

La definición ideológica de esta onda es variada, pero tiene algunos elementos centrales: aumento de impuestos para los ricos, servicios públicos para los menos ricos, asistencia social para los pobres, una política inmigratoria no bien definida, pero claramente opuesta a la de Trump, y un cuestionamiento de la relación histórica con Israel. Con la estrecha mayoría republicana en el Congreso, las elecciones de noviembre abren la posibilidad de una arremetida de los demócratas socialistas que privaría al presidente de apoyo legislativo y daría al Partido Demócrata la tarea difícil de sujetar la rienda de los socialistas demócratas.

BOLSA’E GATOS

En sus dos mandatos presidenciales, Trump nunca alcanzó siquiera el apoyo del 50 por ciento de los votantes encuestados, y su popularidad anda ahora por el 44. Magro resultado después de tanto barullo, y la proximidad inexorable del fin de la era Trump ya ha empezado a resquebrajar su movimiento Make America Great Again (MAGA).

Mientras los politólogos y los eruditos mediáticos procuran detectar los indicios de las preferencias de Trump, el ego del presidente no tolera, por ahora, alguna señal de su bendición para un heredero del movimiento. Los más nombrados son el vicepresidente J. D. Vance y el secretario de Estado Marco Rubio. El conflicto de Oriente Medio se empuja como otra cuña en el costillar de MAGA. Esa coalición incluye a los supremacistas blancos y los nacionalistas cristianos. Es decir, grupos y milicias antisemitas que repudian la asociación de Trump con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y cristianos que ven en la preservación de Israel la bienvenida señal del fin de los tiempos, la conversión de los judíos y el esperado retorno de su mesías. En la coalición de MAGA se encuentran, todavía, elementos del conservadurismo tradicional que repudia la expansión de los poderes del Estado y aprovechados del ámbito empresarial y financiero que consideran al Estado como su herramienta para operar la economía.

Los votantes que apoyaron a Trump por sus promesas de mano dura contra los inmigrantes están decepcionados porque dura ha sido, pero no llevó a la deportación de 11 millones de personas. Y los votantes que esperaban un retorno de los empleos industriales encaran, como todos, la pérdida de empleos que ya trae la inteligencia artificial apoyada por Trump. Los que creyeron las promesas que hizo de mantener al país afuera de los conflictos de otros se preguntan por qué y hasta cuándo la guerra con Irán.

Habladores mediáticos como Marjorie Taylor Greene, Candace Owens, Alex Jones y Megyn Kelly, otrora muy escuchados por los 74 millones de votantes de Trump, ahora se dicen traicionados por él. Y el hablador más estentóreo, Tucker Carlson, cuyo show en Fox News alcanzó una audiencia de 3,5 millones de personas, repudió al Partido Republicano y anunció que fundará su propio partido.

Los republicanos marcharán a las legislativas de noviembre y la presidencial de 2028 con el peso tremendo del caudillismo. Ya sea en alcaldías, concejos municipales, legislaturas estatales o federales, todos los políticos republicanos encaran lo que será el juicio de los votantes sobre Trump.

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