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Actuar fuera de la línea

Con Sebastián Martínez y Myriam Berrutti.

En primer año de escuela Sebastián Martínez Berrutti rompió la fila en la que estaba y comenzó a bailar el himno nacional. Aquí cuenta, ayudado por su madre, Myriam, qué siente al encarnar, como actor, a un joven que también tiene síndrome de Down.

—¿Cómo surgió la oportunidad de trabajar en esta obra teatral?1

—Surgió este año la obra Olivia y Eugenio. Hay un director y una actriz. Para mí esto es nuevo. Conocí personas nuevas. Para mí es un orgullo estar en esta obra.

—¿Ya habías actuado en teatro?

—Fui recomendado por Miguel Cereceda, del Teatro del Centro. Miguel le recomendó a un director llamado Marcelino Duffau un chico llamado Sebastián Martínez. Y yo tenía interés en hacer este teatro. Hice teatro antes, pero esto es nuevo: nueva obra y nuevo teatro de este año nuevo.

—¿Dónde hiciste teatro antes?

—Con Fernando Recoba, en el taller Tarobá. Fui con 15 años; ahora tengo 29. Es teatro tipo comedia musical. Hice El niño que fui y A mi manera, dos comedias musicales diferentes. Fue muy lindo. Me encanta bailar y hacer teatro. Y ta, nada más.

—¿Desde cuándo te gusta actuar y bailar?

—Desde niño, en la primaria.

—Te escucho.

—En sexto de escuela preparamos una obra de fin de curso [a partir de aquí, Myriam “dicta” algunas respuestas].

—Adelante.

—Ahí me di cuenta de que me encantaba actuar y tantos aplausos me hicieron muy feliz.

—¿Y ahí le dijiste a tu mamá que querías seguir actuando o ella te lo propuso?

—Mi madre siempre me acompañó. Aquel año la directora le dijo que este chiquilín tenía vocación, que había que ponerlo a tomar clases de teatro. Y ahí, entre los dos, juntos, buscamos caminos.

—No es lo mismo bailar que aprenderse la letra de un personaje; ¿cómo enfrentaste ese desafío?

—Me dieron el libreto para leer y así decidí ir.

—¿Costó mucho encontrar el personaje?

—No me dio trabajo el personaje. Sé que tengo mucha memoria y muchas ganas de actuar. Con Marcelino, Virginia Ramos –una actriz muy famosa de Uruguay– y Adriana –la asistente– tenemos muy buena relación y todos me ayudaron para hacer muy bien mi papel.

—¿Es parecido a vos el joven que te toca representar?

—Sí, el personaje es un jovencito con síndrome de Down, como yo, y que, como niño chico, a veces es cariñoso y a veces caprichoso.

¿Qué aspectos de la personalidad de Eugenio no tienen nada que ver con la tuya?

—La diferencia es que Eugenio es muy cariñoso con su madre y Sebastián, muy peleador [se ríe]. Tuve que adaptar mi manera de ser.

—Myriam me comentó que tomás dos ómnibus para ir al trabajo; ¿dónde trabajás?

—En Devoto Carrasco. Vivo cerca, pero tomo dos ómnibus porque no tengo ninguno directo.

—¿Cómo te sentís más feliz, actuando o bailando?

—Bailando me siento como un pez en el agua, pero esta experiencia como primer actor está buenísima.

—Muchas gracias, Sebastián. Myriam, repasemos desde cuándo Sebastián comenzó a relacionarse con el teatro.

Su aprendizaje teatral fue muy entrecortado: primero, porque accedió a una capacitación especial que le permitió ingresar al liceo, en el que culminó el ciclo básico; luego, por su trabajo. De todos modos, en los dos lugares en los que estuvo –el Centro Cultural para la Integración Tarobá, coordinado por Fernando Recoba, y el taller que dictaban en el Teatro del Centro los coordinadores del grupo Gti Teatro de Todos, Miguel Cereceda y Verónica Linardi– Sebastián absorbió las enseñanzas con una intensidad que hoy lo llevó a ser convocado para esta obra.

—¿Cómo surgió esta convocatoria?

—Supongo que el director pasó por el taller de Cereceda en algún momento en busca del actor que necesitaba, y Miguel recordó y mencionó a Sebastián, a pesar de que mi hijo hacía tiempo que había dejado de concurrir al taller, porque su trabajo se lo impedía. Los integrantes de la obra nos llamaron, nos reunimos, nos pusimos de acuerdo con los horarios, le dieron el libreto a Sebastián y lo leímos juntos, como forma de ayudarlo a comprender la responsabilidad que estaba asumiendo. Asistí sólo a un ensayo de la obra, pero me consta que Sebastián responde bien porque, además de ser muy responsable, tiene muchas ganas de actuar, como dijo. Lo acompaño hasta la puerta de los ensayos y me voy, porque he comprobado que se desempeña mejor si no estoy cerca.

—¿Qué movió a la maestra de sexto a sugerir un curso de arte dramático para Sebastián?

—Sabés que cuando Sebastián estaba en primer año de escuela la maestra me mandó llamar muy enojada, porque durante un acto conmemorativo Sebastián se había salido de la fila y se había puesto a bailar el himno nacional. Y en sexto año fui yo a hablar con la maestra, porque no le habían dado ningún papel en la obra de fin de año y él clamaba por actuar. “Quedate tranquila, que va a tener su papel”, me dijo ella. El papel que le dieron fue entrar al final de la obra con una valijita negra, dar una vuelta por el escenario, abrir la valijita y sacar un cartel con la palabra “fin”. Pero Sebastián lo hizo con una gracia que les arrancó aplausos a maestras, directora y público. La maestra confesó después que nunca imaginaron que mi hijo tenía tanto talento escénico.

—¿El padre de Sebastián te acompañó en respaldar la vocación de su hijo?

—Hizo algo más valioso: sostuvo, con su trabajo, el hogar y mi dedicación de tiempo completo a él. Ahora está jubilado. Cuando lo invito a alguna actividad social vinculada a Sebastián, dice: “Andá vos, que conocés a la gente”.

—¿Cómo se llama tu esposo?

—José.

1. Olivia y Eugenio, obra intimista del escritor peruano Herbert Morote, intepretada por Virginia Ramos y Sebastián Martínez Berrutti, y dirigida por Marcelino Duffau. Su estreno en el Museo de Arte Precolombino e Indígena (Mapi) estaba previsto para el 19 de marzo. Sebastián Martínez Berrutti nació el 25 de agosto de 1990 en Montevideo.

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