Acoso laboral y persecución sindical en el transporte de carga

La última gota

RRSS Grupo Fernández

Fue a entregar unos papeles y al darse vuelta un compañero de trabajo le dijo: “que lindo culo que tenés”. Rocío pudo establecer límites, enfrentó al portero, le enseñó el significado que ella le daba a la palabra respeto y notificó el acoso a la empresa. Pero darle la espalda al acosador fue considerado por Grupo Fernández como una provocación.

La precisión con la que Rocío sintió la mirada en su espalda puede explicarse por instinto o por historia. Ser camionera es subsistir en las condiciones que atañen a todas las personas que deciden vivir del traslado de productos de un país a otro, de un departamento a otro, según explicó a Brecha Viviana Nuñez delegada nacional del Sindicato Único del Transporte de Carga y Ramas Afines (SUTCRA). “La soledad en los viajes y la realización de tareas individuales lleva a que los trabajadores no puedan organizarse”. Pero también, para una mujer, es lidiar con un ambiente masculinizado y reacio a asumir la autonomía femenina.

“Me sentí violentada, cuando me faltaron el respeto me quejé porque no tengo porqué sentirme agredida de ninguna manera, ni verbal ni físicamente. Hoy es una grosería, mañana la violencia puede ser de otro tipo. En este caso fueron comentarios fuera de lugar, groserías sobre mi cuerpo y cuando me quejé me dijeron que no me preocupara, pero la realidad es que me terminaron echando”, narró la trabajadora para el portal del PIT-CNT.

El relato de Rocío para este artículo fue trasladado por Nuñez por una cuestión de “cuidado”.“Una vez da. No puede andar exponiéndose en los medios una y otra vez”. Esto puede suponer, para la delegada sindical, un arma de doble filo: la persecución sindical “ya existente como política de la empresa”, política aplicada a todos los trabajadores por igual, se añade a la vulnerabilización de su género. El SUTCRA tiene entre “50 y 70” afiliadas. La actividad a la que pertenecen la mayoría de los trabajadores, indistintamente del género, es “logística”; la otra categoría,“cargas y descargas”, y la otra es “transporte” la que ocupa poco personal y es la de Rocío. “Explico esto porque es importante entender que no recibió acoso de sus compañeros de ruta, con los cuales almuerza si se los encuentra en una estación de servicio, con los que habla sobre sus hijos, sobre el día a día, sino de un administrativo que se encuentra dentro de la infraestructura de la empresa. Pese a esto en una sesión del Consejo de Salario los demandados sugirieron que Rocío estaba provocando”, narró Nuñez.

El acoso sexual recibido por parte del funcionario aludido no era la primera vez que ocurría. Rocío había tomado la decisión de afiliarse al sindicato el 12 noviembre del año pasado. Dos días después, Grupo Fernandez la echó. Tras la sentencia a su favor, Rocío se reintegró a la empresa. Pero no en el mismo puesto, como dictamina la resolución judicial.

Los argumentos emitidos por la empresa tanto ante el Consejo de Salario, como en las dos instancias judiciales posteriores no fueron acreditados. Ni las supuestas infracciones de velocidad, ni la evasión de una balanza que costó un total de 26 mil pesos uruguayos a la empresa, habían sido motivo suficiente para el despido. Es que la disciplina y los errores comenzaron a ser un problema para la empresa desde el 12 de noviembre del 2020, cuando incluso la parte demandada admite ser notificada de la afiliación de la trabajadora.

La sentencia judicial emitida el 19 de enero, “no se cumplió a cabalidad”, comentó a Brecha el abogado defensor de Rocío, Arturo Ferrizo. Fue restituida pero “comenzó a manejar un transporte de menor porte. Antes manejaba un semirremolque que es más largo”, y que supone un nivel profesional que solo algunos camioneros, como Rocío, alcanzan.  En cambio, desde su reintegro “comenzó a manejar una camioneta con una capacidad de 5 mil kilogramos”, sin acoplado.

Pero la reducción de las tareas y la degradación de la trabajadora no bastaron. En marzo Rocío fue despedida nuevamente, tras denunciar a la empresa el acoso recibido por un empleado. “En realidad el acoso laboral es constante como en todos lados, te invitan a salir, vigilan tus movimientos”, comentó Nuñez.

La denuncia comenzó hacerse pública a través de diversas publicaciones del sindicato, “las compañeras comenzaron a movilizarse, muchos sindicatos sacaron comunicados, esto nos interpela de muchas formas: el acoso recibido fue de parte de un compañero. Nos falta mucho avanzar en la despatriarcalización de los espacios sindicales”, comentó a Brecha Tamara García, integrante del secretariado ejecutivo del PIT-CNT,  quien siguió el tema de cerca.

La integrante de la secretaría de Género, Equidad y Diversidad del PIT-CNT, Milagro Pau, aseguró en diálogo con Brecha que durante la pandemia las denuncias por acoso aumentaron un 50 por ciento. “ Más alla del caso de Rocío, en las empresas se agudizaron las problematicas que envuelven al acoso sexual”, indicó.

“Yo te creo compañera” sentenciaban los pasacalles en la zona Aguada tras la movilización sindical del 22 de abril. El pasado martes se logró concretar una reunión con autoridades del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, junto a los abogados de ambas partes. El cambio del letrado que representa a la empresa sugiere que esta podría estar dispuesta a reincorporar a la trabajadora.

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