Como todos los febreros desde hace cuatro años, la efeméride del inicio de la operación militar especial de Rusia en Ucrania servía de pretexto para pasar raya y dar cuenta de la evolución del conflicto en Europa Oriental, cuando el repentino ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán vino a cuestionar la pertinencia de continuar haciendo foco en aquella guerra añosa y estancada. Hoy la atención está puesta en el intento deliberado de Estados Unidos por acabar con una de las últimas repúblicas de Oriente Medio (tras instalar el caos en Libia, Irak y Siria, e imponer dictaduras títere en Egipto y Pakistán), en este caso, quizás a favor de la restauración de un sistema monárquico que comparta valores y orientación internacional con los demás aliados de Washington en el rico golfo Pérsico.
Concedo una relectura piadosa a los apuntes que tenía anotados sobre Ucrania, intentando rescatarlos y darles nuevo sentido a la luz de los acontecimientos en Oriente Medio, y enseguida surgen elementos que permiten identificar semejanzas y continuidades y esbozar algunas características de los conflictos internacionales del futuro, más allá de las especificidades de cada uno.
NIVEL TÁCTICO
Gana relevancia la guerra de salvas (uso de misiles, enjambres de drones y otros vehículos no tripulados), que compite con el protagonismo casi excluyente que la fuerza aérea había adquirido desde inicios de 1990 (con la primera guerra del Golfo). Los drones y otros vehículos (embarcaciones no tripuladas, en los estrechos de Kerch u Ormuz) permiten mantener tácticas moleculares o capilares, frente a la centralidad del comando que exigen otras armas, lo cual es especialmente valioso para Irán ante la estrategia de descabezamiento sistemático de Estados Unidos e Israel.
NIVEL LOGÍSTICO
En la medida en que la guerra de salvas puede permitir sostener prolongados conflictos de desgaste, la dotación de municiones e infraestructuras para su lanzamiento gana importancia, cuestionando de paso los criterios de eficiencia que ganaron fuerza en Occidente desde la posguerra, con las políticas neoliberales (algo semejante a lo que sucedió con la sistemática reducción de camas de hospital y su urgente necesidad en la pandemia). Corea del Norte aportó más municiones a Rusia que toda Europa a Ucrania, mientras Israel y Estados Unidos se enfocan en destruir lanzaderas en Irán para crear cuellos de botella a un arsenal que saben cuantioso.
NIVEL ESTRATÉGICO
Rusia e Irán apuestan por prolongar la guerra para imponer costos, en particular costos de interceptación (drones baratos versus interceptores caros), buscando mermar los stocks de municiones (afectando el nivel logístico), pero también imponer costos humanos y económicos. Rusia sabe que su ventaja relativa es total en una guerra de desgaste contra Ucrania (más capacidad de reclutamiento y una economía más robusta). En el caso de Irán, procura imponer costos que puedan afectar domésticamente a los Estados agresores (ambos tienen elecciones este año) e internacionalmente a sus alianzas (monarquías del golfo, Turquía, Unión Europea). En línea con esto último, también en el nivel estratégico, Rusia e Irán coinciden en la amenaza de cruzar líneas rojas y escalar el conflicto no solo verticalmente (Moscú y la amenaza de armas nucleares), sino también horizontalmente, expandiéndolo a Europa en el caso ruso y a las monarquías del golfo y Europa en el caso iraní, con la consiguiente imposición de costos internacionales a sus enemigos.
NIVEL POLÍTICO-DOMÉSTICO
Supone laprimacía del interés geopolítico por sobre cálculos costo-beneficio, que se traduce en la disposición del agresor a asumir altos costos, aunque ello redunde en desaprobación popular en el interior de sus países. Mientras Rusia tiene una considerable tradición en este sentido, la novedad pasa por Israel y Estados Unidos, países con democracias competitivas, pero que en el marco de la nueva oleada de ultraderecha están dispuestos a relegar el bienestar social por apuestas a expresiones geopolíticas de sus proyectos nacionalistas. Esto es evidente en el proyecto del «Gran Israel» y más discutible con respeto al proyecto America First, originalmente aislacionista, pero que Trump ahora busca reconvertir en alianza con republicanos neoconservadores como Marco Rubio y el allegado al movimiento Make America Great Again Pete Hegseth, mientras el vicepresidente J. D. Vance queda en segundo plano manteniéndose fiel al enfoque neojacksoniano original.1
ESTADOS UNIDOS
Destaca por suacción errática y su pérdida de visión estratégica. El presidente Donald Trump parece ser llevado de las narices por mandatarios autoritarios y nacionalistas encaramados en el poder de sus Estados desde hace décadas: Vladímir Putin en las negociaciones sobre Ucrania y Benjamin Netanyahu en el ataque a Irán.
CHINA
Ambos conflictos, sumados al genocidio en Gaza, demoran la intención de Trump de enfocarse en la contención con China en la región Asia-Pacífico. Si algunos analistas más benévolos consideran que el derrocamiento de Nicolás Maduro en Venezuela y el ataque a Irán apuntan a cercar la dependencia china del petróleo, por otro lado las fuerzas estadounidenses (en especial portaaviones) comprometidas en otras regiones generan un efecto frazada que deja a Taiwán vulnerable.
UNIÓN EUROPEA
Se consolida su vasallaje respecto a Estados Unidos, asociado a su incapacidad para presentarse como un actor con poder de decisión y acción autónoma en el sistema internacional. La estrategia rusa en la guerra de Ucrania logró llevar a máximos históricos la tensión en la alianza noratlántica, mientras en el ataque a Irán las potencias europeas son arrastradas a involucrarse en un conflicto que no les interesa.
SISTEMA INTERNACIONAL
El irrespeto descarado de las potencias al derecho internacional y el debilitamiento del multilateralismo destacan en este marco. Las Naciones Unidas son menospreciadas y las alianzas como la OTAN apenas cumplen el rol de secundar a Estados Unidos. A nivel económico, en el caso de Rusia se observa cómo la exclusión de sistemas globales como el sistema SWIFT no resultó ser tan grave.
En resumen, las guerras de Ucrania e Irán, lejos de ser acontecimientos disímiles, presentan muchas similitudes y convergencias, y emergen como señales de un cambio de época. Habrá que aceptar el designio e interpretar el signo de los tiempos. ¿El año IV de una nueva era posoccidental, con una segunda guerra fría irrumpiendo tras el giro asiático de Rusia y la creciente convergencia –y relativo entendimiento– entre las potencias-civilizaciones asiáticas (Rusia, China, India, Irán)? ¿Una nueva era imperial, en la cual las relaciones internacionales se desarrollan más por la coerción y el ejercicio de la fuerza que por el comportamiento basado en reglas, escorando la centáurica metáfora de las fuerzas hegemónicas a su costado más bestial? ¿Pasamos del mundo de regiones que vio nacer a los BRICS a uno de potencias que asumen áreas de influencia donde pueden ejercer la fuerza de forma unilateral y deliberada? ¿El fin de la pax americana?
- José Antonio Sanahuja y Camilo López Burian, «Las variaciones en la geopolítica de la ultraderecha neopatriota y la contestación al orden internacional», CEBRI Revista, Brazilian Journal of International Affairs, número 11, 2024. ↩︎










