Jorge W. Larrañaga (1956-2021)

Como hueso de bagual

Murió el 22 de mayo el histórico dirigente blanco Jorge Larrañaga. Fue intendente de Paysandú, senador, candidato a presidente y ministro del Interior, cargo que ocupaba en el momento de su fallecimiento.

En una cabalgata a Masoller durante la campaña electoral de 2014 Adhoc, Javier Calvello
Netuy marzo21

Larrañaga fue enterrado el lunes en su Paysandú natal, departamento del que había sido electo intendente en 1989, con tan solo 33 años. Reelecto en 1994, se convirtió en una figura política nacional. En torno de él se formó el «grupo de los intendentes», que se proponía dar una mayor voz al interior en la interna del Partido Nacional. En las elecciones de 1999, Larrañaga acompañó la precandidatura de Juan Andrés Ramírez. Aquellas fueron las elecciones de la «embestida baguala», en las que Ramírez disputó de forma durísima contra Luis Alberto Lacalle (padre), sin guardarse las acusaciones de corrupción. Lacalle finalmente se impuso en la interna y llevó al partido a una coalición con el Partido Colorado de Jorge Batlle, que resultó ganador de la elección general.

Esa coalición se rompió a finales de 2002, en plena crisis, por iniciativa de Larrañaga, que forzó la convocatoria de la convención del partido para discutir la salida del gobierno. Las elecciones internas de 2004 confirmaron su liderazgo en el Partido Nacional, ganándole la interna a Lacalle (padre) por amplio margen, en el primero de muchos duelos entre el sanducero y los Lacalle. Larrañaga propuso una campaña optimista, con un lenguaje progresista, sintonizando con un electorado necesitado de salir de la malaria de la crisis. Un ejemplo: en aquellas elecciones, su lista 2004 apoyó el plebiscito de reforma constitucional que prohibía la privatización del agua (que, por cierto, sigue vigente). En el período de gobierno presidido por José Mujica, Larrañaga desarrolló una relación cercana con el líder emepepista, que tuvo como resultado, entre otras cosas, el retorno de la coparticipación en los directorios en las empresas públicas y el fin de la guerra de las patentes.

Desde principios del siglo XX, en el Partido Nacional conviven, a grandes trazos, dos corrientes. Una, la herrerista, liderada por más de medio siglo por el propio Herrera y en las últimas décadas por sus descendientes directos. La otra es más discontinua y difícil de rastrear. Por mucho tiempo, fue identificable con el «nacionalismo independiente», caracterizado quizás por no compartir con el herrerismo su postura de oposición cerril al batllismo. A partir de los sesenta, la figura de Wilson Ferreira Aldunate se transformó en figura excluyente de ese espacio y del Partido Nacional, imprimiéndole una vocación reformista y desarrollista, proponiendo versiones moderadas de las radicales demandas populares de los sesenta y, luego, oponiéndose a la dictadura. Muerto Wilson, los sectores no herreristas del Partido Nacional comenzaron a llamarse wilsonistas. Larrañaga fue, a partir de los dos mil, el principal dirigente de este sector, aunque no de forma monopólica.

Después de su gran desempeño electoral de 2004 (en el que logró más del 35 por ciento de los votos, marca que el partido nunca más superó), Larrañaga ya no volvió a ganar la interna de su partido, a pesar de intentarlo tres veces más. En 2009 fue derrotado por Lacalle (padre), en 2014 por Lacalle (hijo) y en 2019 quedó en tercer lugar después de Lacalle (hijo) y el millonario Juan Sartori. Estas últimas elecciones seguramente produjeron sentimientos encontrados a Larrañaga. Su sector, además de perder a algunas de sus principales figuras, perdió el apoyo del grupo de los intendentes, que se agrupó detrás de la candidatura de Enrique Antía. Sin embargo, fue el año de la primera victoria de los blancos desde 1989. Dos mil diecinueve fue, además, el año en el que Larrañaga impulsó la campaña Vivir sin Miedo, que proponía a través de un plebiscito una reforma constitucional represiva y punitiva, y resultó derrotada por escaso margen. Su intento de cultivar un perfil progresista había quedado atrás.

Correligionarios de Jorge Larrañaga se despiden del féretro en la puerta de la sede del Partido Nacional Héctor Piastri

MINISTRO

Haber organizado su campaña en torno a la seguridad hizo que se le ofreciera el cargo de ministro del Interior. Larrañaga asumió, junto con el resto del gobierno, el 1 de marzo de 2020. Su estadía en el cargo estuvo, como el país entero, signado por la epidemia de coronavirus. La política de seguridad desarrollada por el gobierno tuvo como base la Ley de Urgente Consideración, que implantó cambios relevantes en política criminal, entre los que se destaca la presunción de legítima defensa en caso de homicidios por parte de policías y múltiples aumentos de penas. Imprimió también a la gestión un estilo personal, que, según múltiples narraciones de estos días, implicaba un involucramiento muy cercano con el trabajo policial. Se sumó a esto la dudosa consigna del «respaldo a la Policía».

Larrañaga polemizó contra la Institución Nacional de Derechos Humanos e intentó obtener del Instituto de Regulación y Control del Cannabis los datos de los cultivadores de cannabis, lo que le fue negado por ser contrario a la ley. Mientras Larrañaga fue ministro, los datos de denuncias de varios delitos se redujeron sensiblemente. El gobierno celebró esto como un fruto de sus políticas, mientras que la oposición sostuvo que este movimiento de las cifras se debía a la reducción general de la actividad por la pandemia. Desde el Ministerio del Interior, Larrañaga impulsó el Plan de Dignidad Carcelaria, que intentó desplegar una serie de iniciativas para mejorar las condiciones de vida de las personas privadas de libertad. Los planteos de este plan fueron parcialmente contemplados por el presupuesto nacional aprobado en 2020.

La sorpresiva muerte del ministro despertó condolencias a lo ancho del espectro político-partidario. Motivó, además, homenajes entre la fuerza policial, que incluyeron las declaraciones de la presidenta del Sindicato de Funcionarios Policiales de Montevideo, Patricia Rodríguez:  «Lo recordaré como uno de los mejores ministros, que supo conquistar el honor y el corazón de sus subordinados».1

DE PONCHO BLANCO

Entierro del Ministro del Interior, Jorge Larrañaga en la ciudad de Paysandú Santiago Fleitas

Larrañaga era, antes que nada, un hombre de partido. Intendente de la Heroica, ciudad que tiene un significado muy especial para los blancos, era un hombre de campo, amante de los caballos y del turf. El poncho le quedaba particularmente bien a un dirigente que encarnaba, como pocos, cierta imagen de lo que significa ser blanco.

En su entierro, el presidente Lacalle reflexionó: «Su partido lo va a extrañar. Lo va a extrañar en la primera fila. Creánme que alguna vez en voz baja dijimos: “Esta vez no va a pelear”, y nos lanzaba una carcajada en la cara y decía: “Yo no sé lo que es no pelear”. Su partido lo tuvo adelante en la fila, y lo tuvo medio paso atrás, pero tampoco le negó el estribo, siendo factor determinante primero en el afincamiento allá en 2004, con esa ola de gente joven, que algunos nos acompañan. Fue bastión fundamental en las siguientes campañas electorales. Y fue bastión fundamental en ensillar de nuevo en el 2019, y ni que hablar que hoy vamos a extrañar un bastión fundamental en el gobierno». Prosiguió: «Los tantos generales y héroes que tienen la nación y el Partido Nacional, ese arrojo de Saravia, casi el fanatismo inentendido que, por si fuera poco, se vestía para que lo distingan. No era un acto de locura, no era solo un acto de arrojo: era ejercer la autoridad, era mandar, era ser el primero de la fila, padecer con la tropa. Mandar sin imponer. Es convencer. Y por eso esa frase que se ha repetido a lo largo y ancho del país, que como era marca registrada yo nunca la dije. Pero me resuena y seguramente nos va a resonar a los que tenemos que continuar con esta tarea».

La frase a la que se refiere el presidente es «hay orden de no aflojar», lema que Larrañaga repetía y que ante su muerte se transformó en consigna. El fallecimiento de Larrañaga fue un golpe duro para el gobierno y para su partido. Su trayectoria invita a pensar en lo difícil que es plantear hoy algo del orden del wilsonismo y qué significaría eso.

1. https://www.teledoce.com/telemundo/nacionales/presidenta-del-sindicato-policial-tras-la-muerte-de-larranaga-supo-conquistar-el-honor-y-el-corazon-de-sus-subordinados/

Movimientos en el gabinete

La sorpresiva muerte de Jorge Larrañaga obligó al presidente a mover piezas en el Poder Ejecutivo. Luis Alberto Heber, quien hasta ahora se desempeñaba como ministro de Transporte y Obras Públicas, pasará a ser ministro del Interior. En conferencia de prensa anunció que no habrá, por el momento, cambios de políticas ni de equipos. A Heber, a su vez, lo sustituye en el Ministerio de Transporte y Obras Públicas José Luis Falero, exintendente de San José y hasta ahora subdirector de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto.

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