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Juan Carlos Tabío (1943-2021)

De oficio, cineasta

Se lo recordará por las películas que codirigió junto a Titón Gutiérrez Alea –Fresa y chocolate, Guantanamera–, pero si prestamos atención a la esencia de su cine, cabe decir que fue, a la vez, un fino observador de la sociedad cubana y un trabajador cuyo oficio y solidaridad lo llevaron a atemperar su impronta personal en beneficio de lo que estaba narrando. Eso, paradojalmente, hizo que sus ficciones fueran a la vez inequívocamente suyas y un espejo en el que los cubanos pudieran mirarse (y matarse de risa).

La Habana, marzo de 2011 Afp, Adalberto Roque

¿Cómo pudo sobresalir Juan Carlos Tabío en el mundo de los superegos del cine? Él, que hizo todo lo posible por ser invisible. Había allí una lección muy bien aprendida y el compromiso de alguien que, desde sus comienzos como documentalista, asumió el cine como una técnica al servicio de un relato. Fue bajo dicha premisa que se vinculó con el mundo de las imágenes en movimiento a partir de 1961, haciendo trabajos de producción, de cámara, de asistencia de dirección, de guion.

Que el cine, un emprendimiento eminentemente colectivo, sea comprendido como una disciplina de relaciones incontestablemente verticales es una contradicción. Tabío iba a estar donde mejor sirviera y haciendo lo que debiera, entendiendo lo cinematográfico como una forma de conciencia colectiva. Y eso implicaba, cla...

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