Despertad

Con Laura Falero.

Foto: Oriana Larrea Díaz

Durante un año y medio la comediante Laura Falero estuvo preparándose para sacudirnos el sopor. Fue el tiempo de trabajo dedicado a reponer “Éter retornable”, texto que Angie Oña escribió en 2008 y que Laura protagoniza junto con Daniel Calegari.1

Te conocimos como monologuista de humor o estandapera; ¿qué ocasionó este viraje en tu materia prima creativa?

—Lo primero a decir es que este estreno es fruto de un trabajo colectivo de docentes y estudiantes de la Escuela de Emociones Escénicas, la cual dirige la actriz Angie Oña y que cursamos con Daniel Calegari. El texto, que Angie escribió e interpretó en 2008, fue sugerido por ella, y nos permitió a Daniel y a mí cumplir el deseo de poner en práctica, en las mejores condiciones profesionales, lo aprendido. Apoyados, además, por alumnos y docentes de la escuela que nos acompañaron durante el año y medio que duró el proceso de trabajo e hicieron aportes sustantivos. Todo esto conectó con la necesidad que tenía de ampliar mi visión del humor y mi caja de herramientas artísticas, porque es un texto jugado al absurdo, género que me puso en aprietos.

En materia de formación en arte dramático, pasamos de un casi monopolio de escuelas institucionales, como la Emad y El Galpón, a una fragmentación en cursos privados liderados por actrices o actores. ¿Qué te llevó a optar por la segunda alternativa?

—Por mi temperamento e inquietudes, siempre adherí a la pedagogía participativa, no me imagino sentada en una clase de teatro recibiendo información y viendo qué hago, después, con eso. Ojo que no estoy cuestionando la formación institucional, ya sabemos que nada es totalmente malo o totalmente bueno, cada método tiene sus virtudes y bemoles, y la opción por uno u otro depende de varios factores, subjetivos y objetivos. En lo personal, creo que este presente nos invita a transitar nuevas formas de aprender y aprehender el arte dramático, y también de gestionar, colectivamente, el hecho artístico. Mi afinidad con la Escuela de Emociones Escénicas, desde el día en que ingresé, responde a que entre todos y todas sus integrantes fuimos construyendo el estilo de educación teatral que necesitábamos.

¿Y por qué elegiste la escuela de Angie?

—Aparte de las razones que mencioné, tenía una amiga y colega comediante que estudiaba con ella y me la recomendó, e intuí que el lugar emocional desde el que trabaja Angie me proporcionaría estrategias eficaces para destrabar, por ejemplo, ciertos bloqueos físicos que arrastraba. No me equivoqué.

Hace décadas que la cartelera teatral montevideana ofrece más de veinte espectáculos; algunos aducen que esa cifra nubla el discernimiento y atenta contra los estándares de calidad que el público merece. ¿Tenés opinión sobre esto?

—Soy una recién llegada al mundo teatral, por lo cual, no me siento legitimada para responder a tu pregunta. Lo que sí pienso es que esa producción habla de la necesidad que tenemos, como sociedad, de expresarnos a través de las artes escénicas, en sus distintas vertientes. Eso me parece positivo. En cuanto a la calidad, es bueno recordar que detrás de cada montaje hay un grupo de artistas y técnicos que pusieron todo de sí para hacer realidad esa manifestación cultural, y, en esa línea, lo que me nace es saludarla y bienvenirla. Quien debe decidir si la avala o no es el público.

¿De qué trata Éter retornable?

—Es, como te decía, teatro del absurdo, género difícil de actuar y provisto de un humor movilizante. Trata sobre una pareja que está separándose y rehúye las decisiones que debe tomar con respecto a su casa, sus hijos, sus bienes. Desfilan actitudes que repetimos sin saber por qué, mientras simulamos que todo está en orden, un día, otro y otro, hasta que morimos. Es una obra profundamente existencialista, y por algo vuelve a tener vigencia a tantos años de escrita.

Teniendo en cuenta que una separación de pareja no es un tema novedoso, ¿a qué adjudicás esa vigencia?

—Interesante tu pregunta; lejos de caer en clichés, el texto interpela la forma en que experimentamos la vida. ¿Le proveemos sentido o pasamos, anestesiados, por ella? Y están los conflictos de poder caraterísticos en toda relación de pareja, esa noción tan patológica como extendida de que el otro u otra es de mi propiedad. Entonces, me aterra la idea de perder mi propiedad, pero, a la vez, no soporto su presencia. Siento que esta puesta dice a cada persona: “Vení, queremos contarte un secreto para que despiertes”.

1.   Éter retornable. Tragicomedia escrita y dirigida por Angie Oña, con actuaciones de Laura Falero y Daniel Calegari, con escenografía de Freddy González, iluminación de Oriana Larrea y asistencia de dirección de Camila Cazet. Sábados de noviembre a las 21 horas. Centro Cultural Tractatus, Ituzaingó 1583. Laura Falero Petraglia nació el 14 de enero de 1982 en Canelones.

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