Es innegable que, en tiempos recientes y en no pocas sociedades occidentales, ha crecido la desconfianza e, incluso, el rechazo por la institucionalidad de la Iglesia católica. La autoridad política de la Iglesia, aunque permanece, ya no persuade como impoluta hace tiempo y, ante la reorganización que han sufrido los valores y creencias en la sociedad de las últimas décadas en el ámbito de la vida privada, la devoción y la espiritualidad católica, ya no posee, simbólicamente, la misma fuerza que antes. Es una forma de religiosidad que tampoco parece dar cobijo a todas las incertidumbres que despierta un momento histórico tan acelerado como el presente. Pero las preguntas que nos atormentan siguen siendo las mismas: la necesidad de afecto y la inquietud por el sentido de la existencia sigue...
Artículo para suscriptores
Hacé posible el periodismo en el que confiás.
Suscribiéndote a Brecha estás apoyando a un medio cooperativo, independiente y con compromiso social
Para continuar leyendo este artículo tenés que ser suscriptor de Brecha.
¿Ya sos suscriptor? Logueate






