Reabren las salas de teatro, los cines y los museos

El último orejón

Volvieron las clases, los locales comerciales, los bares y los shoppings, y hasta se anunció el regreso del fútbol. Sin embargo, hasta el 30 de julio no se sabía nada de la reapertura de los espacios culturales más importantes. Recién la semana pasada se dio la noticia de que podían retomarse las actividades, pero con la condición de cumplir con un protocolo que los trabajadores consideran absurdo.

Cinemateca prepara sus instalaciones para la reapertura de los espectáculos públicos. Héctor Piastri

El principio, cuando casi todos estábamos encerrados, los trabajadores de la cultura no discutieron la decisión de cerrar las salas. Eligieron, en cambio, visibilizar las necesidades económicas del sector. Esas necesidades incluyen, particularmente, a quienes se dedican a las artes escénicas, ya que, en su gran mayoría, son trabajadores informales que no accedieron al seguro de paro.1 Esta situación motivó que el Ministerio de Educación y Cultura (MEC) tomara algunas medidas: la creación del fondo Rubén Melogno, el adelanto para el primer semestre de los fondos previstos para todo el año y la entrega de una partida monetaria de unos 6.800 pesos –a través del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social– para artistas y técnicos que no tuvieran ningún ingreso declarado.2

Sin embargo, a medida que casi todos los rubros volvían a la normalidad, las discusiones con el gobierno dejaron de tratarse exclusivamente de fondos o partidas y la necesidad urgente de reabrir las salas se puso, al fin, sobre la mesa. El teatro El Galpón elaboró, con la colaboración de científicos del Pasteur, un protocolo para esa reapertura, pero no hubo respuestas. El silencio del gobierno se volvió ensordecedor.

En ese contexto nacieron nuevas  organizaciones colectivas de trabajadores del teatro: Primer Ensayo y 7A. El nombre de la segunda refiere al 7 de agosto, ya que luego de varios meses sin respuesta los teatreros decidieron que, con el apoyo del gobierno o sin él, ese día reabrirían las salas. La campaña se movió en las redes sociales y, a los pocos días de que se hiciera pública, las autoridades anunciaron que el regreso «oficial» sucedería el lunes 3. Para 7A, la decisión estuvo repleta de «picardía política», ya que no sólo eligieron una fecha diferente a la que estaba planteada, sino que hicieron el anuncio antes de la marcha masiva del 30 de julio, convocada por la Intersocial3 y encabezada por los trabajadores de la cultura. De todas formas, hoy, 7 de agosto, en distintos puntos de Montevideo se realizarán acciones artísticas de protesta para visibilizar los conflictos del sector.

En conversación con Brecha,Alicia Dogliotti, presidenta de la Sociedad Uruguaya de Actores (SUA), contó que en estos meses el ministro se negó a recibirlos en varias oportunidades. Si bien fue fluido el vínculo con la directora de Cultura, Mariana Wainstein, y con el coordinador del Instituto Nacional de Artes Escénicas (INAE), Álvaro Ahunchain, no comprenden la actitud de Pablo da Silveira y recibieron con sorpresa su decisión: «Jamás pasó con ningún ministro de ningún partido». Da Silveira dijo a Brecha que «tener diálogo con el ministerio no es, necesariamente, tener diálogo con el ministro». El jerarca considera que, frente a los conflictos, lo que corresponde es que los trabajadores se reúnan con Wainstein y Ahunchain. «Así funciona», sentenció.

PLOT TWIST

Es difícil imaginar un escenario en el que, al autorizar que vuelva el fútbol, se ponga como condición para los jugadores el respeto de la distancia social, que los obligaría a robar una pelota a dos metros de distancia. Sin embargo, el protocolo de reapertura de salas pone como condición esa distancia entre los artistas, prohíbe que compartan utilería y exige que haya un mínimo de cinco metros entre la boca del escenario y el público. Si bien al cierre de esta edición se estaba negociando que esas exigencias se transformaran en recomendaciones, aún no hay novedades concretas. Estas condiciones no sólo afectan el producto artístico: hacen que sólo dos o tres salas puedan abrir sus puertas. Por esta razón, varias organizaciones impulsan el festival Teatro a Puertas Abiertas. El Galpón, que en la Sala Campodónico cuenta con las características solicitadas, puso a disposición el espacio para otros proyectos independientes que no tienen techo.

En conversación con Brecha, Da Silveira afirmó que la coyuntura sólo permite «aplicar soluciones difíciles». Prefirió no opinar sobre la pertinencia de los puntos más polémicos del protocolo: «No me corresponde. Quienes fijan esto son el Ministerio de Salud Pública y sus asesores. Tenemos que evitar ser tres millones de expertos». En el mismo sentido, Wainstein dijo que en este escenario «la prioridad es la sanitaria», pero destacó que el deseo de que reabrieran las salas siempre fue compartido. Reconoció que hay que hacer ajustes en el protocolo y declaró que, con la aprobación de la presidencia –la única que resta–, es muy probable que estos cambios se realicen en los próximos días.

Para el colectivo 7A, las restricciones que reducen el aforo eran esperables, pero expresó: «Que se metan en nuestro quehacer artístico es indignante». Además, saben que la distancia de cinco metros deja por fuera salas tan importantes e históricas como el Teatro Circular. Washington Sassi, presidente de la Federación Uruguaya de Teatros Independientes, comentó a Brecha que están trabajando para flexibilizar las medidas que impiden que las salas chicas reabran, porque «hay varias en peligro» y otras que ya cerraron, como Tractatus. En la misma línea, Primer Ensayo expresó su preocupación porque no saben si con estas limitaciones, incluso agotando las pocas entradas que se pueden vender, alcanza para sostenerse y mantener los puestos de trabajo. El MEC podría llegar a hacerse cargo de una parte de las entradas con un proyecto de «butacas solidarias», pero, según Wainstein, la idea aún está verde y su intención es que el gasto no salga sólo de fondos del Estado, sino que se pueda hacer «una especie de llamado a la solidaridad».

PERSONAL PERO COLECTIVO

Para Dogliotti, la cultura está pasando por una «crisis horrible», que es difícil de cuantificar exactamente, porque se sabe que unos 4.500 trabajadores solicitaron la partida monetaria, pero, como sólo acceden a ella quienes tienen «ingreso cero» –hay muchos con ingresos muy bajos que quedan afuera–, se estima que el número de artistas con serios problemas económicos es bastante mayor. La partida fue un motivo de polémica, por su escaso monto y por la cantidad de gente que deja afuera, pero supone, al menos, una ayuda. Sin embargo, al cierre de esta edición y a más de un mes del anuncio, el cobro no se ha habilitado. El ministro de Trabajo, Pablo Mieres, informó a Brecha que «está por salir», pero, como es dinero de Rentas Generales, tiene varios pasos previos. Según fuentes de la Agencia Nacional de Desarrollo, que será la que administre el monto, sólo resta que el Ministerio de Economía y Finanzas haga la transferencia.

Estos cinco meses sin salas abiertas, con artistas pasando penurias económicas, espacios con riesgo de cerrar, silencios incomprensibles de algunos actores del gobierno y un protocolo al menos polémico dejan un saldo positivo: las organizaciones de trabajadores se han fortalecido. El sábado pasado la SUA tuvo una asamblea histórica, no sólo por la asistencia, sino porque los puntos votados tuvieron el apoyo unánime de los presentes, que se declaran en asamblea permanente. Para Primer Ensayo, el hecho de que el gobierno no escuche al sindicato ha generado unidad y ha fortalecido la lucha. Marcos Flack, actor y programador de El Galpón, contó: «Fue una asamblea histórica, en calidad y cantidad, porque nos une un mismo objetivo: volver al escenario».

1.  Veáse «Unos van y otros vienen», de Jorge Fierro, publicada el 19 de junio de 2020 en este semanario.

2. Véase «Un escenario vacío», de Sofía Pinto Román, publicada el 24 de julio de 2020 en este semanario.

3. Coordinación integrada por más de 100 organizaciones y colectivos, entre los que se encuentran el PIT-CNT y la Intersocial Feminista.

¿Y qué pasa con el cine y los museos?

Si bien el protocolo no se mete en su quehacer, y es por eso que no han sido los protagonistas del ruido, los museos y los cines también están incluidos en las medidas de la «nueva normalidad». En conversación con Brecha, la coordinadora de Cinemateca, María José Santacreu, explicó que, al tratarse de una industria que está parada mundialmente, toda la cadena se ve afectada. «Nadie quiere estrenar y es muy difícil armar una grilla», afirmó. Si bien las salas reabrirán trabajando con el archivo y con algunos estrenos que adquirieron antes de la pandemia, saben que, al vender solamente las entradas indicadas por el protocolo, irán a pérdida. De todos modos, entienden que es indispensable reactivar la actividad y confían en encontrar alternativas para financiar el aforo perdido.

En cuanto a los museos, el protocolo no es un impedimento para el desarrollo de sus actividades. Sin embargo, la economía de los privados está puesta en riesgo, por la ausencia de turistas, cuya visita es una de sus principales fuentes de ingreso.

Artículos relacionados

Cultura Suscriptores
¿Cómo se formó el público de la Cinemateca Uruguaya?

Una cuestión de ciudadanía

Fourteen, de Dan Sallitt, en el ciclo Cinemateca te Acompaña1

De la amistad salir ilesos