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Heridas que no cierran

Van casi cuatro años desde que un grupo de mujeres presentó las primeras denuncias por violencia sexual durante la dictadura. Para Beatriz Benzano, los esfuerzos de la jueza actuante Julia Staricco se dan de bruces contra una maquinaria aceitada para que nada cambie. Sin protocolos que protejan a las víctimas, sin jurisdicción especial, sin interés del poder político.

Beatriz Benzano. Foto: Alejandro Arigón

Beatriz Benzano fue detenida el 24 de julio de 1972 en un boliche de Montevideo por las Fuerzas Conjuntas y llevada al cuartel del Quinto de Artillería. Faltaban 11 meses para el golpe de Estado, pero en las prisiones uruguayas la tortura ya era cosa corriente. La enorme mayoría de los presos políticos la sufría de pique. Beatriz no fue la excepción.
Casi 40 años después, el 28 de octubre de 2011, Benzano formó parte de un colectivo de 28 mujeres, algunas poco más que adolescentes en el momento de su detención, que denunció ante los tribunales haber sido objeto de agresiones sexuales, rompiendo un silencio antiguo y enquistado. La denuncia, detallada, terrible, específica, implica a un centenar largo de militares, oficiales de todo rango, médicos, enfermeras, la mitad de ellos identificado...

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