El año arrancó intimidante para los habitantes del patio trasero de Estados Unidos y para los enemigos de sus amigos de Israel. Durante la madrugada del 3 de enero, una unidad de élite del Ejército estadounidense secuestró a Nicolás Maduro y a su esposa en una operación que duró 40 minutos; los venezolanos todavía están presos en Nueva York imputados por narcotráfico, lavado de dinero y corrupción. Para entonces –el 16 de enero–, según las autoridades gazatíes, iban 450 muertos y 1.250 heridos a manos de las fuerzas israelíes desde el alto el fuego, decretado en octubre del año anterior. A la vez, el presidente estadounidense, Donald Trump, les prometía a los iraníes que protestaban contra el régimen que la ayuda iba en camino; sin embargo, los manifestantes seguían muriendo como moscas. «...
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