Este año se ha revelado un dato sobre Cuba que golpea a quien tenga el sentido más básico de humanidad: la tasa de mortalidad infantil en la isla subió de 4,0 por cada 1.000 nacidos vivos en 2018 a 9,9. Este aumento de 148 por ciento significó la muerte de 1.800 bebés más. Detrás de esa cifra está la realidad profunda de los últimos años, que para el sistema de salud cubano significa una escasez cada vez mayor de insumos, dificultad o imposibilidad de aplicar tratamientos, equipamientos sin repuestos, incapacidad de hacer exámenes por falta de reactivos y retraso en diagnósticos; para las familias, imposibilidad de comprar medicamentos y suplementos de nutrición que antes se vendían en las farmacias del Estado a precios ínfimos, déficit de alimentación, dificultad para trasladarse a las co...
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