Tomando las palabras que, a comienzos de los años noventa, Levrero le dedicara a Daniel Guebel –por ese entonces referidas a La perla del emperador–, se puede decir que El absoluto, la nueva novela del escritor argentino, todavía provoca esa “nueva forma de perversión”, al generar “en el lector un deseo permanente, casi erótico, de más lectura, por las imágenes hipnóticas que se suceden sin cesar con un ritmo lento y sensual, y por la acumulación de anécdotas que se ramifican, abriendo una multitud de caminos en la imaginación”. La obra de Guebel, aun superando con holgura las 500 páginas (organizadas a partir de seis “libros”), es leída con entusiasmo.
Intentar resumir la trama en unos pocos caracteres es una tarea difícil, pues el libro envuelve una temporalidad que se prolonga a lo larg...
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