Tabaré Vázquez

«No hay destino en soledad»

Seregni y Vázquez, 1990. Jorge Ameal

He tenido que reiterarlo muchas veces en estos días. Hace falta distancia: la muerte no es el momento de los balances. Pero sí puede ser una ocasión propicia para decir algunas cosas que en este tipo de instancias salen de nosotros como tropel para dejar algunas marcas sobre alguien que también forma parte de nuestra vida, no importa lo lejos o cerca que hayamos estado.

Venía de muy abajo y esa señal siempre la ostentó con orgullo. Nunca borró esas huellas: siempre volvió a ellas como fuente de inspiración. Por eso sus restos descansan en un nicho humilde del cementerio de La Teja y a nadie se le puede ocurrir mejor lugar para la tumba de un presidente como él. Sin mausoleos ni la parafernalia de la muerte, sin monumentos ni indicaciones para futuras peregrinaciones. Llana y simple, co...

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