Panorama deportivo - Semanario Brecha
Edición 1578 Suscriptores

Panorama deportivo

El fin de semana hubo fútbol. Realmente no hubo grandes novedades a destacar. Nacional ganó gracias a un penal polémico y a que el popular “Diente” López mostró que su pasaje por Europa no fue regalado. Peñarol viajó a Rivera y ganó con un gol del moreno colombiano Murillo, de entusiasta labor.

La opinión pública deportiva se sacudió: el presidente mirasol Damiani piensa que los árbitros favorecen a Nacional, y que todo lo avanzado está siendo borrado con el codo. Es cierto que a Peñarol no le han cobrado penales, pero sus hombres son lo suficientemente inteligentes como para no entrar en esos intercambios dialécticos sucios de verdad. Basta recordar cómo Naithan o el propio Diego Forlán fueron con la selección jugadores ejemplares, nada de protestar, insultar ni de ir a trancar con la suela bien arriba. Ambos equipos grandes, tradicionalmente, han intentado marcar la cancha. Los dos deberían darse cuenta de que cada vez que les toca enfrentar a un equipo chico, cuentan con todo a favor. Aun jugando, como lo han hecho, con algún nueve extranjero medianamente bueno (ni siquiera de...

Artículo para suscriptores

Hacé posible el periodismo en el que confiás.
Suscribiéndote a Brecha estás apoyando a un medio cooperativo, independiente y con compromiso social

Para continuar leyendo este artículo tenés que ser suscriptor de Brecha.

Suscribite ahora

¿Ya sos suscriptor? Logueate

Artículos relacionados

Edición 2113 Suscriptores
La historia de la construcción de Cerro Norte como gueto y los desafíos del plan Más Barrio

Volver al barrio

Edición 2113 Suscriptores
Las Higueras en Durazno: uno de los elegidos para el plan Más Barrio

Desde lejos no se ve

Edición 2113 Suscriptores
El trabajo de los interruptores de violencia en barrios de Montevideo

«Curar» la violencia

Edición 2113 Suscriptores
El cierre del Centro de Breve Estadía del INAU

Capurro 791

Edición 2113 Suscriptores
La oposición cubana, entre el revuelo y el fracaso

Esa explosión que no llega