Un romance de tres minutos - Semanario Brecha
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Un romance de tres minutos

A 100 años de “La cumparsita”, ¿dónde y cómo se expresa el tango en Montevideo?.

Foto: Fernando Pena

De la pared blanca, sobresale la imagen de Tita Merello en el afiche de la película argentina Para vestir santos (1955). La figura enmarca la charla con Martín Borteiro, quien repasa, con voz entusiasta y pausada, la cantidad de libros e investigaciones que ha hecho, sus proyectos audiovisuales y hasta los tangos que lleva bailados. Tiene 41 años y reconoce que no fue fácil entrar en “el mundo de los que saben mucho de tango”.

Hay mucha gente que sabe mucho de tango y es de otra generación. Los jóvenes tenemos una diferencia de edad de 40 o 50 años con los coleccionistas. Para enganchar con eso hay que saber mucho, porque no te podés sentar a hablar con un tipo que es especialista en Carlos Gardel”, dice Borteiro.

Desde los años treinta a los cincuenta y pico, el tango era lo único que se escuchaba. También estaba el jazz, pero no llegaba música extranjera como pasó luego, en la década del 60. Si revolvés en tus recuerdos de familia seguro vas a encontrar algo, porque estuvo muy presente. Yo supe de personas que se conocieron en fiestas con baile en el Hotel Casino Carrasco, cuando venía a Montevideo (Juan) D’ Arienzo con su orquesta. Si rascás un poco, aparece. Está latente, pero se está perdiendo. Sabemos que está Clarín en la radio AM, y si la sintonizás a todas las horas pares está Gardel, pero si el día de mañana no está más, no pasa nada. Nadie hará una manifestación en 18 de Julio. Sabemos que está y que pende de un hilo”, sostiene Borteiro.

El tanguero ya introdujo en la charla la idea de un final inminente, que mezcla pronto con otra idea, la de transformación. “El tango es un fenómeno cultural en desarrollo. Hay artistas nuevos, músicos, bailarines y poetas”, informa el investigador, y aclara: “no es que haya una corriente nueva o que se haga un tango nuevo. De repente encontrás una letra reciente, pero con música que evoca un estilo de guitarras o una época anterior del tango. No por hacer tango electrónico se hace un nuevo tango. El tango tiene mucho de lo vivo, de las orquestas con estilos diferentes, de mirarse, de las acentuaciones, de las intenciones”.

“El tango ha sabido incorporar y procesar influencias, que se han ido tamizando con el tiempo. Pasó en el baile con el tango nuevo; fue una forma de incorporar movimientos y técnicas que venían de otras danzas, como la contemporánea. Se experimentó al ser un baile en pareja con soltar el abrazo, jugar con los ejes hacia afuera y hacia adentro, con los contramovimientos, las dinámicas nuevas; se sumaron nuevas formas de bailar, incluyendo tangos que antes no se bailaban Astor Piazzola o Gardel, por ejemplo. El tango se va ‘tanguizando’, quedan cosas de ese proceso y otras de-saparecen. Lo llevaron adelante bailarines estudiosos a fines de 1990 y explotó en 2000 hasta 2010. Luego, las aguas se aquietaron. Prendió en Europa. Ahora resurgió un estilo más de salón o milonguero. Este proceso le ha costado más a la poesía, me parece; es muy difícil empezar a hablar de las cosas de ahora. Pasan cosas raras en Uruguay con el tango. Surge alguien y es una rareza. No hay una corriente. Por ejemplo, si el tango fuera una sociedad, no estaría la clase media, que es lo que une para arriba y para abajo. Hay clases bajas y altas. Eso pasa porque no hay un desarrollo. La gente se va a Buenos Aires. No sólo pesa lo económico (no podés vivir del tango en Uruguay), sino que no tenés a tus pares. En Buenos Aires, Regina (Chiappara), que es mi pareja, y yo bailábamos mejor. Acá llegamos y somos siempre los mismos, el ambiente tira para abajo; hay milonga a veces, y a veces no, a veces no hay con quien bailar. Somos algunos que nos juntamos a investigar. Pero en Buenos Aires hay cincuenta y otros que están haciendo cosas, y uno viene de viaje con ideas nuevas. El nivel tira para arriba”, analiza Borteiro.

BUSCADORES DE MONTAÑAS. La milonga es una moneda de doble cara: nombra un ritmo musical y también se usa para indicar los lugares donde se baila tango. Los que saben del ritmo dicen que la década del 40 fue la dorada, donde todo baile que se preciara de tal compartía los códigos de las reuniones en clubes al compás de la música en vivo, miradas y cabeceos para indicar con quién bailar la próxima pieza.

Si bien algunos códigos continúan intactos, hoy día la milonga es otra cosa. Esteban Cortez, bailarín, profesor y DJ de milongas, tiene 43 años y hace un alto en las actividades de su gira por Europa para charlar con Brecha. Esta noche le tocará musicalizar Tango-Milieu en Hannover, Alemania. Llegó al ritmo por la rama de la danza folclórica y un día se mandó a Joventango, un lugar emblemático en Montevideo, en el Mercado de la Abundancia, donde, para muchos, comienza el romance tanguero.

“En 1996, estuve tomando clases de baile y aprendiendo sobre este mundo de códigos. Aprendí con maestros uruguayos y argentinos. Empecé a escuchar cómo funciona la selección musical, a entender que el tango no era simplemente bailar, sino que tenía un orden y un código, un submundo que había que respetar.”

Foto: María Inés Hiriart

La pista de baile puede estar rodeada de mesas, donde eventualmente se come, bebe, charla y descansa, y el código no escrito exige no darle la espalda a la pista. Existen milongas de gala, otras más informales. “Lo que importa es la buena música y bailar mucho”, dice Cortez. Con el fin de georreferenciarlas, un grupo de milongueros creó una página web1 que presenta, en inglés, francés, alemán y turco, información de prácticas y un calendario semanal de bailes.

En la milonga una cortina musical indica que una orquesta termina y empieza otra. “Dos tandas de tango y una de vals, después dos tandas de tango y otra de milonga, y así se va desarrollando la noche. En mi época sucedía que los viejos maestros eran los que elegían primero (con quien bailar), cuando comenzaba la tanda, el DJ tenía que esperar que se armaran las parejas. Eso se ha perdido, porque los milongueros fueron desapareciendo.”

Generar climas, leer lo que pasa en la pista, respetar las tandas y responder con temas es la tarea que le toca al DJ de milongas. “Hay que tratar de que las orquestas reflejen el momento: es como ir en busca de montañas, algo que sube y baja, no en cuanto a excitante o aburrido, sino agregar un pulso musical más despacio después de haber puesto orquestas con uno más rápido”, explica Cortez.

PLAYLIST PARA LOS NUEVOS VIEJOS. A Germán Álvarez le toca hacer música en vivo. Es contrabajista invitado por el Conjunto de Cámara del Sodre e integrante del Trío sin palabras, entre otras agrupaciones de tango. Tiene 36 años y recuerda que en su infancia, su viejo escuchaba tango en la radio. Dice que “el tango es algo que no sabés que sabés hasta que probás”, y que “si no tenés claro eso, tocás tango que suena a otra cosa. Es por eso que es tan característico lo que pasa en el Río de la Plata”.

Cuando le ofrecieron tocar tango, estaba empezando a estudiar contrabajo en la Escuela Municipal de Música. Era el año 2005. “Fui con el contrabajo y en realidad terminé tocando bajo eléctrico. Viajábamos a pueblitos que no sabía que existían. Llegábamos a un club de abuelos, o clubes sociales y deportivos. Después toqué en un trío, con contrabajo, piano y bandoneón, con arreglos más difíciles, más jugados para mí”, cuenta el músico.

Desde hace casi tres años, Álvarez toca en el Primuseum, una casona de la Ciudad Vieja, donde se ofrece una cena con tango en vivo y donde es usual que acudan extranjeros.

Sobre el repertorio cuenta que hay uno estándar en las actuaciones. “A todos les gusta Gardel, pero si hay gente más joven a veces te piden ‘Garganta con arena’. Se ve que es conocido. ‘Por una cabeza’ salió en películas, entonces se conoce mucho. Aunque disfruto mucho de todo lo que toco, como ‘La cumparsita’, que está siempre”, sostiene Álvarez.

Para el músico, la puerta por donde entrar al tango se golpea en el Mercado de la Abundancia. “El tango se mueve, más que nada, por los bailarines, porque si fuera por los músicos no habría lugares para tocar. Las milongas se crean porque hay gente que aprende a bailar y quiere practicar. A los músicos nos gusta tocar, pero si no hay público, no hay dónde tocar. Muchas veces los bailarines se acostumbran a una misma grabación, no hay sorpresa, les cuesta bailar con la orquesta en vivo. Sin embargo, si hablás con personas mayores, te dicen que es otra la vibración con los músicos en vivo. Es un tema generacional. Hoy en día es raro que haya una orquesta en un baile. Muchas veces, cuando está, la gente no baila, escucha.”

Las milongas en Montevideo se reparten la semana. Álvarez acumula anécdotas de milongas que considera “de no creer”: “El Pisotón era increíble. Los martes explotaba de gente. Algunos de sus organizadores eran músicos y nos decían que había que echar a la gente, porque se quedaban hasta las seis de la mañana. Eso duró unos años. Ellos abrían unos meses y cerraban. Estuvo unos años sin abrir. Ahora tuvo una continuación con La mordida, que fue cambiando de lugares. Este año se hizo en el ex Espacio Guambia, El Chamuyo se llama ahora. Son seis martes y ya no más. No son bolicheros los que lo hacen, son bailarines. Les gusta dar clases y bailar, pero vender, ponerse atrás de la barra, manejar proveedores, eso requiere un conocimiento de negocio que no tienen. A los tipos de repente no les rinde porque no ganan tanto o, si les rinde, les implica un día a la semana estar al palo sin dormir y por ahí trabajan de otra cosa”.

Cuando habla del público para el que toca, aparece el tema de los prejuicios y el vínculo entre  el binomio “edad-tango”. “Cambia según el lugar. Hay a quienes les encanta estudiar una forma de baile que implica los dibujos, a otros les gusta bailar a piso, en los jóvenes se ven esas diferencias. Los veteranos hacen el baile de cuando bailaban de jóvenes. Lo raro es que tengas que saber para bailar. Entre nosotros hay como un respeto con el tango que no se entiende. Lo hace elitista y eso no está ni ahí. Hay un prejuicio. Nos dicen que somos jóvenes tocando tango, que es música para viejos. Dicen que el tango te espera, te llega a los treinta y en realidad, algunos tocamos desde jóvenes y a esa edad ya nos había llegado”, se ríe Álvarez.

GOLONDRINAS VUELAN EN LA NOCHE. En 2015 se creó la Asociación del Encuentro Milonguero, con el fin de “defender los intereses de los milongueros de forma transparente, democrática y representativa”. Laura Echegoyen es la secretaria, tiene 35 años, es bailarina y profesora de tango. “Empecé a bailar tango hace 14 años. Desde los ocho bailaba folclore y ballet. Soy de Paysandú, y cuando vine a Montevideo, vi bailar tango en la tele y me encantó la idea. Empecé clases en Joventango y desde ahí no he parado.”

Para Echegoyen, las milongas dan paso a un “espacio mágico” donde se producen romances de tres minutos, lo que dura un tango. “Es como el lugar donde pueden ser ellos mismos, expresarse corporalmente, con tu historia, con tu pasado. Es el lugar más genuino, más preciado, sobre todo para la gente del tango. Si viene un turista, tal vez vaya a Fun Fun o El Milongón, donde se brindan espectáculos montados. Pero es importante que se sepa que el tango está en las milongas, en Joventango, en El Chamuyo, en Yuyo Brujo, en la Milonga de Rompe y Raja, los bailes de la Avalancha Tanguera, en El ventarrón. El tango que se reedita constantemente está ahí. También está en la vivencia y en el recuerdo de mucha gente. (…) Hay mucho de tango en nuestra historia y no nos damos cuenta; en la vida del montevideano está. Por algo se retoma, por algo hay tanta gente joven que baila. El que nunca bailó, vio a su madre o abuela escuchando tango.

Sin embargo, aparece como característica la escasa permanencia de las milongas en un lugar concreto. Según la profesora de tango, se da una “especie de matriz que se repite”, y que responde a varios factores. La poca población en Uruguay, que además baila poco, es una. “Si vos vinieras a Montevideo cualquier día, podrías bailar en distintos lugares; tenemos milongas toda la semana. Pero es una cuestión de mercado. El tema es que eso hace que las milongas no puedan sostenerse en el tiempo, amén de que para sostener hay que tener en cuenta los alquileres de los lugares que son caros. Montevideo está llena de clubes y están buenos para las milongas, pero los costos hacen que fracasen.”

Es por eso que la Asociación se encuentra en conversaciones con la Intendencia de Montevideo (IM), varios ministerios y Agadu, para llevar adelante un proyecto de fortalecimiento de milongas, que busca facilitar lugares que estén en desuso o sean terrenos municipales, para ser utilizados como bailes por algunas horas.

Sin ir más lejos, en Buenos Aires, donde el tango sí parece respirarse en la ciudad, las milongas comienzan a tener dificultades para continuar abiertas. Un grupo de bailarines de tango se manifestaron en la calle, en agosto, por la clausura de los locales, debido a la “existencia de muchos controles burocráticos”, según publicó el diario La Nación. En ese marco, destacaban que las milongas son “la casa del tango durante todos los días del año”.

De este lado del Río de la Plata, con menos olas, Echegoyen detalló algunas de las observaciones del colectivo. “La gente que organiza milongas no gana dinero. Lo hacen por amor al arte. Una entrada cuesta 100 pesos, es el único ingreso. También está la cantina en algunos casos. Por otro lado, pecamos de amateurs, porque a veces hacemos cosas mal, porque no tenemos una visión empresarial. No se puede abrir la milonga en cualquier lugar y tiene que tener determinadas características, y muchas veces no pasa. Los tangueros no tenemos la capacitación necesaria para sostener ese tipo de actividades”, explica Echegoyen.

Foto: María Inés Hiriart

“Veo mucha gente que pasa por el tango, pero luego el tango no se respira en la ciudad. Está oculto, entonces hay mucha gente joven que empieza a tomar clases y la gente que no es del tango no sabe que hay tanta gente nueva bailando. Hay una renovación, pero no es visible. No es como en Buenos Aires que tenés un circuito tanguero, y en las disquerías se escucha tango, y hay una orquesta en la calle que toca y en la publicidad lo ves. En Montevideo no se escucha tango. Desde la Asociación la principal preocupación es sacar el tango a la calle. Cuando se hace alguna intervención en la ciudad, se reciben buenas críticas. Y la gente queda encantada, porque se le acerca el tango social, recreando una milonga en la calle. Es algo en lo que es necesario trabajar. Hay que sacar el corsé al tango: no es de otra época, ni está muerto ni es de viejos, ni triste: Eso es lo que está en la cabeza de la gente.”

 

  1. www.hoy-milonga.com
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Los apoyos que recibe

Viva el tango

Martín Borteiro es sumamente crítico con los apoyos que recibe el tango para su desarrollo en Uruguay. “No hay un desarrollo como se hizo en algún momento con Murga Joven”, reclama. Para él, quienes están al frente de organismos que podrían ayudar al tango piensan “‘Sí, es nuestro, pero tenemos el candombe que los argentinos no tienen, y la murga que nos la quieren robar, entonces tenemos que defenderla. El Carnaval es el más largo del mundo y el tango lo compartimos, y ellos lo hacen mejor que nosotros. Dejémoslo’. El tango está en tercer o cuarto lugar. Aunque tenemos ‘La cumparsita’ y Gardel. Pasás por los puestos de turismo donde se promociona la ciudad y lo que menos encontrás es el tango. A nosotros nos pasa que nos llama gente extranjera que viene a Buenos Aires y quiere bailar y no hay dónde hacerlo. Las autoridades jamás pudieron entender que podemos desarrollar un circuito a través de Buenos Aires, adonde llegan miles de turistas de todo el mundo, que no es el turista común, sino el de tango, que viene un mes o seis meses a tomar clases. No lo conocen. Hay que conocer para saber. Es caro venir acá y ha sido imposible sumar el flujo para aprovechar lo que ya hay en Buenos Aires. Son un cúmulo de problemas de mentalidad, mercado y desarrollo. Por eso no soy apocalíptico si digo que pende de un hilo. Lo que inventó el tango, que es el barrio y otro ritmo de vida en la sociedad, se va perdiendo”, concluyó Borteiro.

***

El tango fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por Unesco en setiembre de 2009, entendiéndolo como parte de aquellas manifestaciones que trascienden lo tangible y se ancla en tradiciones vivas, como lo son las artes del espectáculo, rituales, usos sociales, entre otras, y que necesitan ser promovidas y protegidas “frente a la creciente globalización”.

Tras la declaración había que organizarse. En 2012, el gobierno uruguayo creó por decreto la Comisión Interministerial de Apoyo al Tango (Ciat), como grupo de trabajo integrado por representantes de Relaciones Exteriores, Turismo y Educación y Cultura, con la misión de “coordinar y promover una política de Estado en torno a la temática, que involucre a instituciones públicas y privadas, a nivel nacional e internacional”, que incluya la difusión e impulso de su investigación académica, fomentar su enseñanza a nivel curricular y extracurricular, e impulsar el conocimiento de letras y músicas, fomentando la creación de los autores nacionales. En el sitio web de la Ciat figura que apoyó 83 proyectos en 2016, y que ha fomentado la publicación de libros y la salida de discos, organizado talleres sobre creación de letras de tango y la realización de clases de danza en distintos puntos del país. Este año, el cometido es rendir homenaje a “La cumparsita” en todo el país y en el exterior. Consultados los integrantes de la Ciat sobre qué tipo de proyectos están apoyando y cuánto dinero se destina a éstos, declinaron hacer cualquier tipo de declaraciones. Según pudo saber Brecha, existieron dificultades de gestión por la solicitud de apoyos. En la Agenda Cultural 2017 de la IM figuran las Tanguerías y Milongas como eventos que pueden disfrutarse durante todo el año. Según explicó a Brecha, Jorge Navrátil, director de la División Promoción Cultural de la IM, existe una línea de trabajo específica dedicada a la promoción del tango en dos ejes fundamentales: el desarrollo de actividades culturales y la promoción de actividades comerciales asociadas al turismo. Además, se creó el sitio Cumparsita 100 años, que reúne la diversidad de actividades que se realizan en torno a la celebración, la IM apoya muestras, recitales, charlas, edición de libros, entre otras. Consultado sobre el plan relativo al desarrollo del tango, Navrátil explicó: “Asumí en 2015 y fue momento de cambiar la política existente, con el apoyo a distintos grupos y ámbitos ya instalados vinculados al tango. Propiciamos la celebración de los 100 años de ‘La cumparsita’, utilizar este marco cosmopolita para replantearnos cosas dentro de las propias comunidades tangueras, y a su vez, propiciar distintas actividades que acercan, desde el punto de vista artístico y de audiencias, a nuevos públicos. Todas las actividades se refieren a difundir el tango, la actividad poética, musical y buscamos integrar nuevas versiones y modalidades, artistas, comunidades de baile. Hemos priorizado el espacio público. En el próximo Día del Patrimonio, vamos a desarrollar la parte más amena al aire libre”.

Sobre la presencia del tango en la ciudad, el director sostuvo: “Desde el ámbito público no podemos sustituir la presencia, que hace a la esencia del asunto, que es la gente interesada por el tango. Consideramos que el rol que tenemos que cumplir es tomar las oportunidades y las circunstancias de la realidad que habilitan a poner esto en carpeta. Se está empezando y tenemos un objetivo que es desarrollar una Ruta del Tango que impulsa la Unesco; estamos en el medio del proceso. No puedo decir qué resultado cuantitativo objetivo se tuvo, pero en el entorno, con las comunidades que nos movemos, han sido muy bien recibidas las propuestas”, concluyó el director municipal.

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En la escuela Nacional de Danza

Formar creadores

Tango era una materia en la carrera de Folclore dentro de la Escuela Nacional de Danza del Sodre (End), pero en 2017 comenzó a funcionar como una nueva carrera, llamada Tango Danza. “Vimos que está cada vez más en auge y atraviesa todas las edades”, además, “se vio claramente que hay una demanda, y el Estado y la escuela de formación artística tienen que tenerla en cuenta”, sostuvo Alejandra Spinetti, coordinadora académica de la institución. El director general de las Escuelas de Formación Artística del Sodre, Martín Inthamoussú, se explaya: “La carrera empezó con 26 alumnos. Son personas que vienen cultivando el gusto por el tango y lo toman como principal tarea en su vida, con mucho amor. El título que la escuela da es de ‘Intérprete de Tango’, formamos creadores. La idea es que a fin de año ellos puedan crear un espectáculo: tienen que investigar, armar el proyecto con coreografía, música, bajo la tutoría de docentes. El egresado sale con experiencia de bailar y de armar espectáculos con luces, maquillaje, dirección, coreografía”. La edad de los alumnos de la primera generación va desde los 22 a los 40 años.

Tanto Spinetti como Inthamoussú acuerdan que 2017 es un mojón. “Se festejan los 100 años de ‘La cumparsita’ y también coincide con la voluntad de que el tango se vaya instalando desde un lugar más académico y no desde un lugar tan artesanal, que es como ha sucedido hasta el día de hoy. La gente se va formando en talleres y el lugar que existe con más continuidad es Joventango, pero en los últimos tiempos se empezaron a organizar más con gente que tiene una perspectiva de profesionalizar el tango”, sostuvo Inthamoussú.

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