Dueño del New York Journal junto con otros 27 periódicos, Hearst salió a la cubierta del vapor que había rentado, frente a las costas de Santiago de Cuba en una mañana de junio de 1898, en los primeros días de la Guerra Hispano-Cubano-Estadounidense que él mismo ayudó a provocar –la llegaron a llamar The Hearst’s War–. Estaba rodeado de una decena de fotógrafos y periodistas que desembarcarían en la isla para disputar las primicias en el terreno, o inventarlas si era necesario, al equipo de The New York World, propiedad de su competidor Joe Pulitzer. Hearst se apoyó en la baranda para mirar la playa de Daiquirí, y observando por encima de la franja de arena las montañas cubiertas de vegetación, exclamó: «Esta isla es un paraíso. ¡Qué bueno que se la vamos a quitar a los españoles!». Un par...
Artículo para suscriptores
Hacé posible el periodismo en el que confiás.
Suscribiéndote a Brecha estás apoyando a un medio cooperativo, independiente y con compromiso social
Para continuar leyendo este artículo tenés que ser suscriptor de Brecha.
¿Ya sos suscriptor? Logueate






