El secuestro y traslado del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, configuró una relación de asimetría extrema, con el estadounidense Donald Trump actuando como un «presidente a distancia» que gestiona de facto los recursos energéticos del país, mientras Caracas, bajo la presidencia encargada de Delcy Rodríguez, navega en una situación de indefensión militar. Sin embargo, bajo esta superficie subyace una compleja trama mezcla de pragmatismo y cálculo político que desafía las lecturas simplistas. La gestión de Rodríguez se enfrenta a un desafío dual: mantener la cohesión del chavismo –que observa con recelo las concesiones al «ganador»– y gestionar las amenazas directas de la Casa Blanca, algo que hasta ahora ha sabido llevar con pies de plomo. De hecho, se ha pro...
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