En 2020, bajo la primera presidencia de Donald Trump, la muerte de George Floyd en un procedimiento policial ya había incendiado a Mineápolis, la ciudad más poblada del estado de Minnesota. Floyd era negro y su asesino un policía blanco que le puso la rodilla en el pecho hasta dejarlo sin aire. El crimen levantó protestas en todo Estados Unidos contra el racismo y los métodos de la policía y motivó el relanzamiento del movimiento Las Vidas Negras Importan (Black Lives Matter), surgido siete años antes. Ahora Mineápolis vuelve a ser escenario de un homicidio similar, con la salvedad de que la víctima es una mujer blanca que el 7 de enero habría intentado zafar a un control de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), lanzados desde hace meses como jaurías por el gobier...
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