Las grandes obras cargan con el deber de adaptarse cada tanto a los tiempos corrientes. Están sujetas a la relectura y, entre el tiempo al que pertenecen originalmente y al que regresan para actualizar sus obsesiones, se inmortalizan en parte por esa necesidad de retomarlas con regularidad. Tal vez nadie ejemplifique mejor lo anterior en la lengua anglosajona que William Shakespeare, dramaturgo emblema del teatro isabelino. También es común especular sobre su vida, ya que ciertos datos biográficos ponderan, pero, a su vez, están rodeados de suficiente misterio como para proyectar impresiones varias sobre su figura. Hace algunos años, la prestigiosa novelista irlandesa Maggie O’Farrell aportó sus propias conjeturas con la novela Hamnet (2020). Los registros sobrevivientes nos iluminan sobre...
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