Cuando aúllan los chacales - Semanario Brecha
La peor ofensiva

Cuando aúllan los chacales

opinion

De qué sirve escribir la buena prosa,
de qué vale que exponga razones y argumentos
si los chacales velan, la manada se tira contra el verbo,
lo mutilan, le sacan lo que quieren, dejan de lado el resto,
vuelven lo blanco negro, el signo más se cambia en signo menos,
los chacales son sabios en los télex,
son las tijeras de la infamia y del malentendido,
manada universal, blancos, negros, albinos,
lacayos si no firman y todavía más chacales cuando firman,
de qué sirve escribir midiendo cada frase.

Policrítica en la hora de los chacales, Julio Cortázar, 1971

Nunca estuve en la isla, aunque Cuba ha estado presente en mi vida desde mis primeros años. Estoy cumpliendo 73 estos días y la primera imagen que me viene es la despedida a la marcha de solidaridad con Cuba y en repudio a la conferencia de cancilleres que se llevaba a cabo en Punta del Este, allá por 1962; mi hermano mayor participaba en la marcha y recuerdo que fuimos con mis padres a despedirlos. Es durante esa reunión que Cuba será expulsada de la Organización de los Estados Americanos (OEA) con el voto afirmativo de 14 países, el voto en contra de Cuba y México y la abstención de Argentina, Chile, Brasil, Bolivia, Ecuador y Uruguay. Uruguay no había sido aún cooptado en su política extranjera por el imperio. El año anterior yo tenía 8 años, pero recuerdo el impacto por la invasión en bahía de Cochinos. La revolución tardaría un par de días en derrotar a la Brigada 2506, formada y entrenada por la CIA.

De esos tiempos hay otras imágenes que me acompañan, como la crisis de los misiles, que era seguida minuto a minuto por mi padre. Era periodista y se ocupaba de la situación internacional, volvía tarde en la madrugada, por lo que alguna noche me despertó y lo escuché hablar con mi madre sobre el riesgo de una guerra nuclear…

Lo que para mí fue casi una guerra civil fue, en 1961, la expulsión del embajador cubano Mario García Incháustegui de Uruguay, luego de que el gobierno blanco, a iniciativa de Benito Nardone y de Estados Unidos, la impusieran. El día de su partida acompañé a mi padre al aeropuerto y logramos entrar: él como periodista, un amigo que oficiaba de chofer y yo, que no sabía mucho lo que pasaba. El despliegue de fuerzas policiales, la Republicana, los caballos, la Metropolitana y los militares custodiando. Uruguay hacía todo para cumplir a la letra lo que pedía Washington, y descargaba una inusitada represión contra las miles de personas que se acercaban al aeropuerto.

Poco tiempo más tarde sería la Reunión de Jefes de Estado Americanos, celebrada en Punta del Este en 1967, clave en el aislamiento de Cuba. Dieciocho mandatarios, con el estadounidense Lyndon B. Johnson a la cabeza, que con el cuento de la Alianza para el Progreso impulsaba a los países a posiciones cada día más represivas y antipopulares.

Estando ya en secundaria, las agrupaciones de muchos liceos decidimos manifestarnos y en el Liceo 10 de Malvín cortamos el tránsito en la rambla; terminé preso y un juez de servicio me internó en el centro de detención de menores infractores Álvarez Cortés; duró solo unos pocos días, hasta que mis padres lograron sacarme, pero prefiguraba el autoritarismo de los años siguientes.

El gobierno uruguayo se radicalizaba contra Cuba y, en particular, contra todos aquellos a los que su revolución inspiraba. Cada día más la isla y su revolución eran una bandera y un ejemplo para los jóvenes que se enfrentaban a gobiernos autoritarios y represivos. Eso haría que Cuba, desde el comienzo de su proceso revolucionario, fuera acosada, reprimida, aislada, encerrada. Ni vale la pena ya contabilizar los cientos de intentos de asesinato del terrorismo de Estados Unidos contra Fidel Castro…

Hoy estamos frente a la enésima operación contra la isla. Ya no está Fidel, pero hay en marcha una operación genocida que pretende matar de hambre, y el bloqueo hace que simples tratamientos médicos que no se pueden efectuar por la falta de energía se transformen en condenas a muerte.

La maquinaria genocida llevada adelante desde hace más de 70 años se tensa al máximo estos días, de la mano de un presidente que no duda en asesinar a algunos de sus conciudadanos con fuerzas parapoliciales del estado autoritario y represivo en el que está transformando a Estados Unidos.

Por todo esto, muchos sentimos que debemos estar junto a la isla; Cuba es bandera, así como lo es Palestina. No se necesita estar en todo de acuerdo con el gobierno cubano. Sí estar junto a quienes vienen siendo agredidos por décadas justamente por ser ejemplo de dignidad.

Nos duele y avergüenza la tímida voz, cuando no la ausencia, de Uruguay para condenar el bloqueo –ahora transformado en bloqueo naval–, el canciller que minimiza la situación en la isla o el representante en la OEA que usa su tiempo en atacar a Nicaragua, pero sin decir una sola palabra sobre la agresión salvaje de Donad Trump a Cuba.

La isla y la revolución estuvieronsiempre cerca de Uruguay, desde la histórica visita de Fidel en 1959 a un país asolado por inundaciones en el que dejó 20 mil dólares de los magrosrecursos de la revolución para colaborar con los gastos; la solidaridad con miles de uruguayos y uruguayas recibidos con los brazos abiertos durante la dictadura; la presencia de los oftalmólogos cubanos a inicios del gobierno de la izquierda…

Cuba ha dado muestras de una solidaridad sin medida con tantos países de Latinoamérica y África o con Italia cuando la pandemia del covid…

Dejar que sea ahogada y que un grupo de multimillonarios decida lo que se hace o deja de hacer en la isla, como intentan también en Gaza, y así multiplicar sus fortunas, sería aceptar, como hace más de 500 años, que nuestro destino se decida muy lejos de nosotros.

Juan Ángel Urruzola es fotógrafo.

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