«Señores jueces, nos han empujado a una situación de ecocidio y estamos aquí para denunciarlo», decía, en octubre de 2016, un joven médico, Damián Verzeñassi, de pie tras un atril ante el jurado del Tribunal Internacional Monsanto. Había viajado desde Rosario, Argentina, hasta La Haya, en Países Bajos. Fue el único latinoamericano en participar como testigo en ese tribunal de ética, que buscaba aportar insumos a la Corte Penal Internacional para el análisis de casos contra la compañía química estadounidense, hoy en manos de Bayer. Ya había varias causas que la acusaban de provocar graves daños al ambiente y a la salud de cientos de personas. Para ese entonces, Verzeñassi era responsable de la práctica final de la carrera de Ciencias Médicas en la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Ante...
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