No fue sencillo averiguar su nombre. En el trabajo la llamaban Yuri. Algunas de sus compañeras saben su nombre completo. Pero casi no han querido decir nada sobre su muerte, y quizá teman hacerlo.
La omnisapiente internet no arroja ningún resultado al respecto. En todo caso, no la habría enterrado ninguna empresa fúnebre de la capital. Obituarios.uy es el nombre de una página web creada por Santiago Pereira Testa que, además de permitir publicar un texto de este tipo a un precio accesible, ofrece la lista –actualizada diariamente– de todos los servicios encargados a las funerarias de Montevideo.
Tampoco ahí aparece Yuri. A Pereira Testa no le extraña. «Que yo sepa, no hay un registro nacional de defunciones. Por supuesto que es obligatorio que haya un certificado de defunción, pero se ve que, como se levanta en papel, después nadie digitaliza y centraliza esa información», añadió al semanario.
Yuri era cubana. Tenía entre 39 y 40 años. Es decir que entró a la escuela primaria en pleno período especial, cuando el colapso del bloque soviético y el endurecimiento del bloqueo estadounidense hicieron pasar muy mal al pueblo de la isla. Era de Holguín, la de las plazas, una bonita ciudad de la región oriental de Cuba, pocos años más joven que Montevideo.
Se decidió a emigrar cuando ya hacía años que las cosas en la isla estaban volviendo a empeorar. Fue parte de la ola que recientemente transformó de manera radical el flujo inmigratorio uruguayo.
«La incorporación al mercado de trabajo se caracteriza por la alta participación laboral de la población inmigrante», afirmaron las investigadoras de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Unidad de Estadística del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social el 23 de abril, en una jornada desarrollada en el edificio de la calle Juncal.
Hace menos de diez años los inmigrantes representaban el 3,5 por ciento del total de cotizantes a la seguridad social. Ahora son el 6,5. Es decir, uno de cada 15 cotizantes al Banco de Previsión Social es inmigrante, confirmó el informe presentado en la instancia por la presidenta del organismo, Jimena Pardo.
Las mujeres inmigrantes sufren más la desocupación que sus compatriotas varones, pero, aun así, su tasa de empleo es bastante mayor que la de las uruguayas: 57 por ciento contra 49, se supo, además.1
Yuri trabajaba desde hace siete años en la planta de faena de Avícolas del Oeste, en Paso de la Arena. Es una planta grande. Ocupa a más de 400 personas. Avícolas y Granja Tres Arroyos sumadas representan más de la mitad de la faena del país. El año pasado, Avícolas superó a Tres Arroyos. El sector en su conjunto hace también siete años que no para de crecer.2
Yuri era parte del equipo de limpieza. El salario mínimo de su categoría, la A, anda en los 180 pesos la hora. Poco más de 37 mil pesos por 48 horas semanales. Estaba haciendo el turno de la tarde. Entraba a las 16.
El cortagarras
En la categoría inmediata superior, la B, está, por ejemplo, el colgador de aves vivas, que es el primer eslabón de la cadena que concluye con la carne sobre la bandeja de poliestireno amarilla, bajo la etiqueta del mismo color, que tiene estampada la caricatura de un gallo de sombrero aludo.
Ese trabajador cuelga las aves de las patas en una cinta transportadora que las conducirá a la línea de sacrificio. Antes del degüello, la hilera de cabezas colgantes pasa por una canaleta llena de agua electrizada, que tiene por objeto insensibilizar a los animales. Luego los cuerpos enteros pasarán por agua caliente para facilitar su desplume.
La fila sigue de ahí a la sala del arrancacabezas y el paso siguiente es el del cortagarras, que secciona la parte inferior de la extremidad. Esa fue una de las máquinas que le tocó limpiar a Yuri, el 17 de abril pasado. «Básicamente es una sierra sin fin, con una noria que la hace girar, ¿me entendés?», aclaró al semanario una trabajadora del sector.
«No sé cómo es en Avícolas, pero, en nuestro caso, la sierra está alta, a metro y medio del suelo. Cuando no está trabajando, queda tapada. Cuando se limpia, solo se la destapa al final, para manguerear la noria donde a veces hay plumas o restos de excremento», detalló, apuntando que la tarea debe hacerse con máxima atención.
Es bueno saber que, en este gremio, al menos en las grandes plantas, la negociación tripartita ha desembocado en que haya comisiones de salud y seguridad laboral y, además, delegados de salud y seguridad, electos por el personal. Como los del sindicato de la construcción, tienen la atribución de detener el proceso de trabajo si hay amenazas a la integridad de los trabajadores.
Por lo que cuentan las militantes sindicales de la industria avícola, las prevenciones que hubo que adoptar durante la pandemia ayudaron a que empleadores y empleados se acostumbraran a que estos problemas formen parte de sus acuerdos.
«En la planta donde trabajo, fotografiamos todo lo que estaba mal: las máquinas con elementos cortantes que no tenían protección, los cables por donde pasaba corriente que no estaban señalizados, los caños por donde pasaba el frío, que tampoco tenían cartel. Con ese material, nuestros delegados fueron a conversar con la gerencia y las cosas se fueron arreglando. Así logramos que, desde la pandemia, no hubiera muertes en el sector», describió otra obrera, que es dirigente sindical en otra planta.
Pero la tarde del viernes del 17 de abril Yuri estaba sola limpiando el cortagarras. Se dice que nadie sabe cómo pasó. Hay quien objeta que se podría saber, porque en la planta hay cámaras. De momento, no hay documentación disponible.
Se sabe que la máquina le atrapó un brazo. Que sus compañeros corrieron a auxiliarla, que luego se sumó personal de Bomberos. Lograron desarmar la máquina y liberar a la mujer, pero ya había perdido parte de un brazo. Llamaron a la ambulancia para trasladarla al Hospital del Cerro. Demoró. A las dos horas resolvieron llamar a un patrullero. Yuri habría muerto en el camino, a causa de un ataque cardíaco provocado por la pérdida de sangre.
«Eso es otra cosa que no entiendo: ¿por qué esperaron tanto?», comentó una sindicalista de otra planta. «En la empresa donde trabajo también tuvimos un compañero que perdió un brazo. Le habíamos advertido varias veces que estaba trabajando mal y no hacía caso. Como la ambulancia de allá también es demorona, un compañero lo trasladó en su auto al centro de salud. El accidentado quedó manco, pero vivo», narró.
Dos contra uno
El sábado 18 de abril la jornada se inició con normalidad en el establecimiento de Paso de la Arena. Ni la empresa ni los dirigentes del sindicato de base comunicaron lo sucedido al resto de los trabajadores. Pero igual se supo. «En Avícolas, los chusmeríos vuelan como el polvillo de las gallinas. No me preguntes cómo hacemos, pero en un segundo se entera desde el que cuelga el pollo hasta el que lo reparte en el camión», graficó una de las consultadas.
Fue otra trabajadora cubana la que confirmó que Yuri había fallecido.
«Algunas de sus compañeras empezaron a sentirse mareadas. Otras le reclamaban explicaciones a la delegada de salud y seguridad que decía que había sido un “error humano”. Los trabajadores pidieron una asamblea y, al final, se la otorgaron, porque en aquel bullicio ya no se podía trabajar. La gente estaba malísima. Les decían a los dirigentes que tenían que haber hecho una asamblea a la entrada, para comunicar lo que pasó. En Avícolas tienen el acuerdo de hacer una jornada de luto si alguien fallece. Pero ahí son dos contra uno. La empresa y el sindicato contra los trabajadores. Los dirigentes decían que había que volver a trabajar, que iban a perder el incentivo si no entraban. Entonces llamaron al encargado de la planta, que había estado la tarde del viernes; había visto todo. El hombre lloraba y dijo que entendía que no quisieran trabajar. Solo les pidió que, antes de irse, entraran los pollos ya faenados a las cámaras, cosa que les habrá llevado una media hora», explicó la dirigente sindical ya citada.
Ella misma lo supo porque algunos trabajadores de Avícolas del Oeste fueron esa tarde a contarle lo sucedido. Su sindicato está afiliado a la Federación de Obreros de la Industria de la Carne y Afines. El sindicato de base del establecimiento de Paso de la Arena no. Naturalmente, la dirigente sindical, al enterarse de la noticia, le comunicó lo sucedido a Martín Cardozo, presidente de la federación.
El domingo, la comisión directiva de la federación divulgó el comunicado por el que se supo del fallecimiento de la trabajadora y se exigió la investigación correspondiente. «Resulta inadmisible y despreciable que, ante la pérdida de una vida, la patronal haya pretendido continuar con la producción como si nada hubiera ocurrido», afirmaba el texto.
Las condolencias de la Cámara Uruguaya de Procesadores Avícolas recién se conocieron el lunes. «En señal de duelo y de respeto, la actividad en la planta permaneció detenida el día sábado», estampó el redactor del comunicado empresarial.
Cuando se quiere
«Un porcentaje grande de los accidentes suceden por acciones indebidas del trabajador y, otra parte, por condiciones indebidas de los ambientes de trabajo. Pero a veces las acciones indebidas del trabajador están asociadas a que debe cumplir jornadas muy extensas, a que sufren presiones de los supervisores para que realicen sus tareas o a que no han recibido capacitación suficiente para manipular la maquinaria de una manera segura», comentó Cardozo al semanario.
Los números demuestran que son cosas evitables. En los tres primeros meses de 2025 murieron 13 personas en ocasión de su trabajo. En los tres primeros meses de este año murieron 6.
«Es el segundo trimestre que experimentamos una reducción sustancial en materia de accidentes graves y, en particular, accidentes mortales», añadió a Brecha el inspector general de Trabajo, Luis Puig. ¿Cómo lo explica?, preguntó el semanario:
«Lo atribuimos a que el 1 de abril del año pasado pusimos en marcha la estrategia denominada “Compromiso nacional por la vida, la salud y la seguridad en el trabajo”, una estrategia que comprendía, en primerísimo lugar, la presencia del ministerio en todo el territorio. Dijimos que, si no éramos capaces de cruzar el río Negro, esta estrategia no le iba a cambiar la vida a nadie, y a las 24 horas ya estábamos en Salto. Dos días después llegamos a Artigas, a la caña de azúcar. En una intervención inédita, la inspección estuvo permanentemente ahí durante 11 semanas, lo que logró cambiar la situación extremadamente negativa en la que estaban los trabajadores. El año pasado, por primera vez, se hicieron 13 capacitaciones sobre salud y seguridad en el interior del país, y este año pensamos duplicarlas. A su vez, hicimos campaña de sensibilización para que se visualizara esta crónica roja que pasaba desapercibida. La acción coordinada tripartita con empleadores y trabajadores fue muy importante para poder transmitir la necesidad de la prevención del trabajo, así como la contribución de comunicadores y periodistas en todo el país. La baja lograda es sustancial, pero no estamos conformes. Sigue siendo un disparate la cantidad de trabajadores y trabajadoras que mueren en accidentes de trabajo. Falta mucho, pero estamos avanzando, y este año incorporamos a la estrategia algo que nos parece importante, que es la articulación con Fiscalía para que, en la medida que la inspección detecte situaciones en las que se puede haber puesto en peligro la vida, la salud y la integridad física del trabajador, la Fiscalía tenga los elementos técnicos en materia laboral para poder abordarlas. Esto no resolverá todo, pero, cuando se pone en peligro la integridad del trabajador, claramente debe haber un reproche penal. Ya lo hubo a fines del año pasado, en virtud del trabajo articulado que hicimos con la Fiscalía y la Policía que desbarató la red de trata que había en el citrus en Paysandú.» (Véase «La exprimidora», Brecha, 19-XII-25.)
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Un amigo cubano le advirtió a este periodista que el nombre Yuri era un apócope. Y opinó que la hipótesis de que el apelativo derivara del nombre del cosmonauta soviético Yuri Gagarin iba mal encaminada. «Sería correcta si hubiese sido varón y más mayor», opuso. «Debe ser Yurisleidi o Yuricel», sugirió.
Yuricel Rodríguez se llamaba. Así lo confirmó su hermano a Brecha, ubicado gracias a la buena voluntad de una sucesión de cubanos que indicaron, a quien no tenía más datos, que el muchacho vivía cerca de cierta esquina del noroeste semirural de Montevideo. El hijo de Yuri tiene 14 años, también es cubano y su madre lo había traído a Uruguay buscando una salida. «Con todo, está bien», aseguró su tío.
- Los informes, que dicen mucho más que esto, están disponibles en «MTSS presentó informes sobre inserción laboral de la población migrante», en la página web de la cartera. ↩︎
- Leidy Gorga y Nicolás Segovia, «Cadena avícola de carne: situación y perspectivas» en Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, Oficina de Programación y Política Agropecuaria (OPYPA), Anuario OPYPA 2025, disponible en la página del ministerio. ↩︎










