Ambas partes parecen compartir una idea central consistente en la necesidad de estabilizar la relación bilateral en un momento de creciente tensión internacional. Sin embargo, también reconocen de manera implícita que no existe espacio político ni estratégico para un gran acuerdo histórico capaz de reconducir la rivalidad estructural entre China y Estados Unidos. En el plano económico, la cumbre reprodujo una dinámica relativamente conocida. Trump regresó exhibiendo una ampliación de la «factura china» mediante anuncios de grandes compras: carne vacuna, soja, petróleo, aeronaves de Boeing y otros compromisos comerciales que permiten a la Casa Blanca presentar resultados tangibles ante su electorado y sus sectores empresariales. Pekín parece haber aceptado esa escenificación como el precio ...
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