Esa «locura» de la escalada eterna - Semanario Brecha
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Trump, derrota y bloqueo

Esa «locura» de la escalada eterna

Al no conseguir ninguno de los objetivos que se propuso al atacar Irán, Donald Trump y el Pentágono apuestan a seguir haciendo lo mismo que fracasó, pero con mayor intensidad. El bloqueo al estrecho de Ormuz, ahora con doble candado, y el ataque al Vaticano muestran la impotencia imperial y, a la vez, un nihilismo capaz de destruirlo todo.

El presidente estadounidense Donald Trump se retira tras hablar con la prensa, en la Casa Blanca, en Washington, el 16 de abril. AFP, Brendan Smialowski.

«La Fuerza Aérea iraní ha desplegado al menos dos de sus helicópteros de ataque Mi-28 rusos recién entregados en un vuelo sobre la capital Teherán, en lo que parece ser una muestra de fuerza tras las afirmaciones occidentales de que todos sus aviones fueron destruidos», escribía el martes 14 la publicación especializada Military Watch. Agregaba que el ejército iraní habría recibido «múltiples lotes» de Mi-28 y que en el resto de este año estaría recibiendo cazas de superioridad aérea SU-35, uno de los más avanzados, a excepción de los de quinta generación.

Teherán estaría mostrando que aún conserva músculo militar pese a 40 días de incesantes bombardeos de Estados Unidos e Israel.

La decisión trumpista de cerrar Ormuz en represalia por el bloqueo que Irán instrumentó en esa vía desde el inicio mismo de los ataques contra su territorio parece, a primera vista, loca. Estados Unidos había afirmado que forzaría a Irán a reabrir Ormuz, que antes de la guerra estaba plenamente abierto, para «liberar el comercio de petróleo», pero luego, fracasados sus intentos militares en ese sentido, anunció que también sus barcos cerrarían el estrecho para impedir que Irán salga ganancioso… El lunes 13 se informó que «tres petroleros afectados por el bloqueo de Estados Unidos han logrado desplazarse por el estrecho de Ormuz» (El Paísde Madrid, 14-IV-26). Algunas agencias aseguraron, a su vez, que son decenas los petroleros que han burlado el candado estadounidense.1 Parece evidente que una cosa es declarar el bloqueo de los puertos iraníes y de Ormuz, como proclama Trump, y otra muy diferente es ponerlo en práctica…

Lo cierto es que las decisiones estadounidenses han provocado un nuevo aumento del precio del petróleo, que ya roza los 100 dólares y en algunas jornadas supera esa simbólica cifra.

La amenaza de una seria crisis económica está gatillando críticas de los aliados europeos de Estados Unidos. La ministra de Finanzas del Reino Unido, Rachel Reeves, se ha mostrado «frustrada y enfadada» con que Estados Unidos entrase en la guerra en Irán sin «un plan claro ni objetivos» sobre lo que pretendía. «Esta es una guerra que nosotros no hemos empezado, es una guerra que nosotros no queremos. Y el resultado es que el estrecho de Ormuz está bloqueado», dijo (El País, 14-IV-26). La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, decidió, al mismo tiempo, suspender la renovación automática de un acuerdo de defensa con Israel y ha manifestado discrepancias abiertas con ese país y con Estados Unidos por la guerra con Irán, en una toma de distancias prácticamente inédita en los últimos años. La absurda pelea con el papa León XIV, porque rechazó la guerra contra Irán, le abrió otro frente innecesario y problemático a un presidente que está siendo abandonado por cada vez más aliados. En el colmo de su desvarío, el domingo por la noche Trump publicó una imagen de sí mismo generada por inteligencia artificial como una figura parecida a Cristo curando a un hombre postrado en la cama, flanqueado por águilas calvas y la bandera estadounidense. El lunes por la mañana tuvo que borrarla ante la masiva condena que cosechó, con acusaciones de blasfemia y «posesión demoníaca», mientras algunos medios ya ventilan una imagen de salud mental deteriorada. Antes había amenazado a León XIV con que eligiera bien su bando porque «Estados Unidos tiene la fuerza militar suficiente como para intervenir donde quiera».

Para completar un mínimo cuadro de situación, la interna trumpista en Estados Unidos se está descosiendo. «Trump está incendiando la coalición que lo hizo presidente, aparentemente de modo inconsciente, o simplemente por despreocupación, como permite observar el profundo descontento que ha impregnado su movimiento» (Axios, 14-IV-26). Trump recuperó la Casa Blanca con una alianza entre fanáticos del movimiento MAGA (Make America Great Again, «Hacer a Estados Unidos fuerte otra vez»), evangelistas amantes de las criptomonedas, hombres blancos y no blancos, populistas antibélicos y cristianos defensores de una guerra cultural contra toda disidencia, entre muchos otros. Esa alianza se está rompiendo y «nunca volverá a ser ensamblada», apunta Axios.

DERROTA Y ESCALADA

En este escenario, el bloqueo del estrecho de Ormuz puede ser el tiro de gracia autoinfligido más evidente, al enajenarle a Trump tanto el apoyo de sus aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) como de su propia base electoral. Las economías de los países europeos, que en su mayor parte dependen de las importaciones de hidrocarburos, ya estaban seriamente afectadas por la suspensión forzada de la compra del gas ruso promovida por Estados Unidos tras la invasión de Ucrania. Ahora están pagando el precio de la guerra con Irán.

Casi a diario el ocupante de la Casa Blanca muestra su profunda divergencia con las opciones estratégicas europeas. El martes 14 escribió en su red Truth Social que Europa «necesita energía de manera desesperada», pero para resolver el abismo energético ante el que se encuentra debería «¡perforar, perforar, perforar! ¡Y no más turbinas de viento!». Trump manifestaba de ese modo su oposición a los planes europeos de impulsar energías limpias, en particular la eólica y la solar, por objetivos ambientales que él rechaza de forma tajante.

Leon Hadar, miembro del Instituto de Investigación de Política Exterior con sede en Filadelfia, sostiene que la guerra contra Irán es «una jaula de la que Trump no puede escapar» (Asia Times, 13-IV-26). Dice que la política del Pentágono es maximalista, al buscar la escalada permanente, pero que ello conlleva una paradoja: «La lógica de que lo que ha fallado simplemente debe aplicarse con mayor fuerza». Esa estrategia, ya fracasada en Irak, en Afganistán y también en Vietnam, Estados Unidos la sigue aplicando contra viento y marea. «La presión máxima tiene un historial empírico obstinado: maximiza el sufrimiento y minimiza los resultados estratégicos», concluye Hadar.

Los aliados asiáticos de Washington también están siendo afectados, en particular Japón y Corea del Sur, mientras India está volviendo al crudo ruso, que había en principio abandonado por las presiones de Washington.

En el frente interno estadounidense, los agricultores, una de las fuerzas motrices del ascenso de Trump, están profundamente disconformes porque están siendo golpeados desde varias direcciones. «Aranceles que apretaron sus márgenes, deportaciones que adelgazaron la fuerza laboral agrícola, tensiones comerciales con China que hicieron caer los precios de la soja y ahora una guerra con Irán que ha disparado los costos del combustible», resume el portal Axios (14-IV-26).

Tan graves como la deserción de una parte de su base social son las disputas en el interior de su gobierno y las fuerzas armadas. En el seno del ejército se enfrenta la tendencia que representa el secretario de Guerra, Pete Hegseth, con la del secretario del Ejército, Dan Driscoll. El primero apoya sin fisuras la guerra contra Irán y es el responsable de haber cesado a varios altos mandos (véase «Cruzados», Brecha, 10-IV-26), mientras Driscoll es amigo del vice J. D. Vance. Se trata, según un medio especializado en la defensa, de «un choque político interno entre dos figuras dentro de este departamento que representan dos tendencias opuestas dentro de la administración, e incluso dentro del propio país» (Defensa.com, 10-IV-26).

EL RETORNO DE LOS ARANCELES

Los expertos señalan que Washington apela de nuevo al recurso de la guerra económica porque no logró ganar la guerra caliente contra Irán. «Trump ha cambiado sus tácticas. La Casa Blanca quiere combinar la presión militar con Israel y usar aranceles para cortar las “líneas de vida” externas de Irán», aseguran medios asiáticos (Asia Times, 14-IV-26). Para ello vuelve a amenazar a China con aranceles del 50 por ciento si sigue apoyando militarmente a su aliado iraní y ejerce «una presión extrema» sobre Pekín en un intento de obligarlo a empujar a Teherán a concesiones alineadas con las demandas de Estados Unidos.

Sin embargo, pese al vapuleo aéreo, Irán está saliendo fortalecido en el plano interior, al revés de lo que viene sucediendo en Estados Unidos. Y dos de los enemigos estratégicos de Washington, China y Rusia, pueden, al mismo tiempo, ser los grandes beneficiarios de esta guerra fallida. «Ambos se negaron a dar a su aliado Irán un apoyo total que hubiera tenido grandes consecuencias. A cambio, optaron por una asistencia limitada en forma de inteligencia a pequeña escala y apoyo diplomático» (Asia Times, 12-IV-26). El académico de Seguridad Internacional Jeffrey Taliaferro estima, a su vez, que «Pekín y Moscú eran plenamente conscientes de que Irán no podía ganar contra el poder militar combinado de Estados Unidos e Israel. Pero Irán solo necesitaba sobrevivir para servir a los intereses de los principales rivales geopolíticos de Washington». Eso explicaría que ambas potencias apoyaran a su aliado sin implicarse del todo en el conflicto.

LOS DESAFÍOS DE CHINA

China sigue creciendo en el terreno económico y comercial. Sus exportaciones de baterías de litio se dispararon un 50 por ciento entre enero y marzo, en comparación con el mismo trimestre de 2025, mientras sus exportaciones de vehículos eléctricos crecieron 77,5 por ciento en el primer trimestre y las de turbinas eólicas un 45.

Más aún: varios estados del Golfo están volviendo sus miradas hacia China como garante de la estabilidad global que ellos también necesitan. La reciente reunión del presidente chino Xi Jinping con el jeque Khaled bin Mohamed bin Zayed Al Nahyan, príncipe heredero de Abu Dabi, apuntó a fortalecer la asociación estratégica con los Emiratos. Pekín intensificó así durante la guerra en curso lo que los observadores han descrito como una diplomacia «tranquila pero pragmática».

Sin embargo, la hegemonía económica y comercial de China puede estrellarse contra el rompeolas de los dos soportes estratégicos de Estados Unidos: el dólar y el poder militar. China ha invertido 145.000 millones de dólares en proyectos y contratos de construcción en todo Oriente Medio, pero carece de una presencia militar permanente en esta región volátil, y su única base en el extranjero se encuentra en Yibuti, a miles de quilómetros de distancia. «El resultado es una incongruencia estructural en el núcleo de la política exterior china: ambiciones económicas que dependen cada vez más de una arquitectura de seguridad que no controla» (Asia Times, 11-IV-26).

La influencia china en el mundo, y en Oriente Medio en particular, se basa en dos pilares: los acuerdos económicos y la diplomacia, que se sintetizan en buena medida en la Ruta de la Seda, propuesta estratégica de integración comercial sin confrontación directa. Pero Estados Unidos está petardeando esta estrategia valiéndose de sus cañoneras, como ya hizo a fines del siglo XIX para imponer su dominio en el patio trasero estadounidense y luego en el mundo.

En entrevista con el portal Truthout (25-III-26), el economista Costas Lapavitsas, profesor en la universidad SOAS (School of Oriental and African Studies) de Londres, advierte que el mundo está ahora más cerca que nunca de una guerra mundial y de un enfrentamiento nuclear, y asegura que el poder militar es el que está sosteniendo la hegemonía del dólar y del país que lo imprime. «Las finanzas, la producción, el derecho y el poder militar forman un único aparato imperial integrado», subrayó. Y explicó su aserto: «Las rutas marítimas por las que circula la mayor parte del comercio mundial están protegidas por las fuerzas navales estadounidenses. Los regímenes de propiedad intelectual, los cuellos de botella de los semiconductores y los sistemas de cables submarinos dependen todos de la jurisdicción estadounidense, respaldada, cuando es necesario, por la fuerza».

Aunque Estados Unidos ya no es una potencia industrial como lo era en 1945, al final de la segunda guerra, casi el 60 por ciento de las reservas monetarias planetarias siguen estando en dólares y alrededor de la mitad de los pagos transfronterizos se liquidan en esa moneda. Lapavitsas concluye: «La posición del dólar ya no se deriva de lapreeminencia productiva de Estados Unidos, sino de su capacidad institucional y coercitiva para controlar las infraestructuras a través de las cuales opera la acumulación global. Esa es la paradoja central del imperialismo contemporáneo, y es genuinamente nueva».

Frente a esta realidad, la estrategia china carece de un componente de fuerza militar que le permita proteger sus cuantiosas inversiones, que pueden ser confiscadas por la fuerza, como ya sucedió en parte en el canal de Panamá. Es por esto que los analistas de Asia Times señalan que «la crisis iraní ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad estructural de China».

El bloqueo de Ormuz está lejos de ser un capricho o una rabieta de Trump. Es una apuesta del Pentágono, sabedor de que Estados Unidos depende mucho menos del crudo de Oriente Medio que China, que es, a su vez, el mayor importador de petróleo del mundo.

La gran pregunta que deja sobre la mesa la guerra contra Irán es qué camino va a adoptar Pekín. Si toma el de la expansión militar, estaría repitiendo el viejo libreto de las potencias imperiales que ascendieron luego de derrotar militarmente a sus adversarios. Además de arriesgar una guerra nuclear, este camino puede descarrilar las buenas relaciones que tiene China con el mundo. E implica, por otro lado, un enorme costo económico que no se puede sufragar sin contar con una moneda de reserva internacional como el dólar.

Según Lapavitsas, «los aspirantes a la hegemonía, sobre todo China, han alcanzado la capacidad productiva y militar suficiente para resistir la subordinación, pero carecen del poder monetario e institucional para reescribir las reglas». El resultado es que el yuan representa menos del 3 por ciento de las reservas monetarias mundiales y de los pagos transfronterizos. Para que sustituya al dólar, no existe otro camino conocido que la fuerza militar…

  1. Ayer jueves el secretario de Guerra Pete Hegseth afirmó que Estados Unidos bloqueará los puertos iraníes «el tiempo que sea necesario». «Si los barcos no lo acatan, haremos uso de la fuerza», dijo el presidente del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine, y aseguró que «13 buques han tomado hasta el momento la sabia decisión de dar media vuelta» (N. de E.). ↩︎

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