En las últimas semanas, por los círculos de base del Frente Amplio (FA) –grupos de WhatsApp, cadenas de mails, canales de difusión de comités de base–, comenzó a circular una carta dirigida al gobierno bajo la consigna de «recuperar la senda frenteamplista», en la que se aborda «el descontento de la militancia» con la gestión encabezada por Yamandú Orsi.
Aunque el texto no contiene firmas, según pudo saber Brecha, fue elaborado como síntesis de los intercambios y discusiones de un grupo extenso de militantes en torno a diversas acciones del gobierno y a algunos de los episodios de mayor trascendencia política de este primer año y medio de gestión de Orsi. En ese sentido, se diferencia de otras iniciativas que han surgido desde las bases partidarias, como la convocatoria «Frenteamplistas: tenemos que hablar», que en octubre del año pasado llamó a los votantes de la coalición de izquierdas a trabajar «por un FA con el corazón a la izquierda» y que tenía caras visibles como el escritor Enrique Ortega Salinas.
Estas iniciativas se enmarcan en la lógica de autocrítica que tomó impulso particularmente tras la derrota en las elecciones de 2019, y que ha dado lugar a iniciativas como El FA te Escucha, en la que dirigentes frenteamplistas recorren el interior del país para obtener un diagnóstico de primera mano de la ciudadanía. Bajo esa tesitura también se reactivó la Agrupación Nacional de Gobierno, ámbito que nuclea a autoridades, legisladores oficialistas y dirigentes de la orgánica partidaria, que se reunió a principios de agosto y comenzará a hacerlo cada mes, con el fin de, en palabras del presidente del FA, Fernando Pereira, coordinar una «estrategia común» para mejorar los «problemas de gestión política» de la administración. El tema estará sobre la mesa en el próximo congreso ordinario que mantendrá la coalición de izquierdas en octubre, como consta en su documento base, un texto aprobado por unanimidad en el Plenario Nacional, que habla de una «enorme carencia anímica» entre la militancia y de «malestar y desorientación».
MANIFIESTO
«En el trabajo, en el club, en la reunión familiar, en las redes sociales, en el grupo de WhatsApp, en la puerta de la escuela, o donde sea, los frenteamplistas rebatimos uno por uno los argumentos de la derecha, de los centros mundiales de poder, o de quien sea que se oponga a los intereses populares», sostiene la carta, pero advierte que, aunque «es muy doloroso decirlo, el gobierno se ha pasado de la raya al punto de que la mayoría de los frenteamplistas no defendemos sus decisiones». En el texto se enfatiza que esto «no se resuelve cambiando a los asesores de comunicación: el problema es político». Por ello, llaman a una «solución» que se base en «respetar los principios que hacen del FA una fuerza transformadora, profundamente de izquierda» y, a continuación, presentan un listado de cinco puntos.
«Estamos realmente atónitos ante la cantidad de veces que el lunes se dice una cosa, el martes se explica la del lunes y el jueves se anuncia que es distinto a lo del martes. La consigna es fácil: si no lo pueden decir, si no se puede contar sin tergiversarlo, entonces no hay que hacerlo», se expresa en el primero de los puntos, titulado «No aclaren que oscurece».
En el segundo, «No vender el rico patrimonio al bajo precio de la necesidad», se rechaza el «supuesto pragmatismo» del gobierno, en el que «vale todo, porque si no se van las inversiones». El texto reivindica los «resultados económicos de valor histórico» de las tres gestiones anteriores del FA y reclama, en esa línea, una economía «al servicio de la política, y no al revés».
El tercer principio de la carta se denomina «Que paguen más los que tienen más», y rechaza la tesitura del discurso del gobierno sobre el sistema tributario, y la reiteración de la promesa de «no subir los impuestos». «En el FA, desde sus orígenes hasta hoy, sabemos que los impuestos son la única forma de redistribución de la riqueza postsalario en un sistema capitalista. Siempre estuvimos en contra de la consigna liberal y libertaria de que no hay que aumentar los impuestos, defendiendo que la política impositiva sea sustento de la justicia social», sentencia el documento.
«Miren primero al país, y después su rédito electoral personal» es el cuarto planteo de la misiva, en la que exhortan a las autoridades a no tomar «decisiones del país» en función de cálculos electorales. «Decidir una obra, un plan, una política por cómo va a afectar a quien toma la decisión en la próxima elección es una infamia, una muestra de egoísmo político que no queremos en el FA», subrayan en duros términos, aunque sin alusiones personales.
Por último, la carta plantea: «Los recursos prioritarios para lo prioritario». Allí el cuestionamiento es a la forma en la que el Ejecutivo encara sus prioridades políticas, y pone como ejemplo la pobreza infantil. «Si un tema es prioridad, [si] es lo políticamente más importante, debe ser lo primero a lo que se le asignan recursos», y no recibir «los que sobran […]. El presupuesto nacional es de 21.000 millones de dólares. Asignemos a la pobreza infantil lo que se necesita, y luego distribuyamos el resto.»
En el texto se plantea que el Poder Ejecutivo «debería implementar» un programa como el Plan de Atención Nacional a la Emergencia Social lanzado en 2005, y también «un gabinete de alto nivel, instituciones, programas, obras y todo lo que sea necesario para eliminar la pobreza infantil en diez años».
GESTIONAR EL PODER
En diálogo con Brecha, el exdirector de la Agesic (Agencia de Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y del Conocimiento) Daniel Mordecki reconoció que formó parte del grupo que elaboró el documento y explicó que la decisión de no firmarlo responde a evitar personalizar en figuras o sectores las críticas que puedan hacérsele al gobierno. En esa línea, remarcó que quienes formaron parte de estos intercambios están lejos de querer conformar una agrupación política, y que la publicación de la carta buscó ser una «operación política colectiva» desde las bases del partido, para dialogar con las autoridades sobre el «descontento» de la militancia de izquierda. «No es un problema de comunicación, es un problema político; no es que la gente no se entera, se entera y no está de acuerdo», subrayó.
Consultado sobre qué conversaciones primaron a la hora de llegar a este pedido a las autoridades, Mordecki indicó que, en general, «hay una idea muy fuerte de que el gobierno no toma ninguna decisión que pueda afectar a los poderosos». Esta premisa, según relató, ha quedado clara en áreas muy distintas de la gestión. Por ejemplo, en la negativa a abrir la discusión a eventuales nuevos gravámenes al capital o la riqueza –el impuesto al 1 por ciento más rico del país, planteado por el PIT-CNT– o en la marcha atrás a la creación de un organismo público de gestión de las AFAP (administradoras de fondos de ahorro previsional). «El gobierno no es el poder, pero la política debe gestionar el poder, y cuando gobernás, o alterás las relaciones de poder, o no», apuntó.
En el plano de las relaciones internacionales, el análisis va en el mismo sentido: se juzga que Uruguay está tomando una posición en su política exterior reducida a una «justificación económica», principalmente orientada a una subordinación a Estados Unidos, «porque, si no, no hay inversión». En esa línea, mencionó la molestia de la militancia por la visita de Orsi al portaaviones estadounidense, o la respuesta del mandatario al ser consultado sobre su opinión ante los ataques estadounidenses a embarcaciones en el Caribe: «Mientras no haya agresión… Lo preocupante es cuando […] se recurre a armamento atómico». Esto dicta, a su vez, el posicionamiento de Uruguay frente a la guerra en Oriente Medio, analizó Mordecki, dada la cercanía de Israel a la de Estados Unidos. «El tema genocidio es un tema que arde», sostuvo Mordecki.









