«Se acabó el tiempo de los partidos, llegó el de los movimientos sociales», dijo el viernes pasado, desde la acampada en Puerta del Sol, Valeria Racu, una de las portavoces del Sindicato de Inquilinas (SI) de Madrid, la organización que ha tomado en los últimos días una centralidad social, y hasta política, en España con sus movilizaciones por «el derecho a una vivienda digna». El Congreso acababa de anular dos decretos promovidos a las apuradas por el gobierno encabezado por el socialista Pedro Sánchez, y el SI manifestaba su decisión de marchar hacia una huelga general apoyándose en la simpatía que despertaba su movilización. Desde que el 23 de setiembre miles de personas fluyeron hacia Puerta del Sol en rechazo al desalojo manu militari de Maricarmen Abascal, una anciana de 87 años –se ...
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