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Cuarenta años después de su cierre, ahogada por la dictadura, la biblioteca del sindicato de la carne reabrió sus puertas en el Cerro. Está en el mismo lugar de siempre, empujada por aquellos obreros de los frigoríficos que hoy, jubilados, retoman la tarea.

Foto: Juanjo Castell

Parece que fuera chica cosa: en el barrio (qué digo barrio, república) del Cerro se presta atención jurídica a media población; la dan los sábados un par de abogados y unos chiquilines macanudos haciendo práctica sobre el final de su carrera. Hace ocho años que allí mismo funciona durante la semana un taller de pintura pese a la incredulidad inicial de los locatarios; ya van por el tercer grupo “y pintan buenos cuadros”, reconocen los escépticos. El profesor entregó el otro día 9 mil pesos de aportes recibidos. Es más: desde hace cuatro años, un acuerdo entre Apex, que puso profesores, Antel, que puso equipos, y la Federación Obrera de la Industria de la Carne y Afines (Foica), que presta el local, permite darles clases de computación a adultos mayores: un curso por mes, de cuatro clases, ...

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