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Gualicho ruso

El presidente Donald Trump cumple siete semanas en la Casa Blanca sin completar su gabinete, sin un plan propio para la reforma del sistema de salud, ni una propuesta definida de su promesa de obras de infraestructura. En cambio, la mancha pegajosa de su relación inexplicable con Rusia sigue dominando la escena política.

Trump / Foto: Afp, Jim Lo Scalzo Epa Pool

Larga y con muchos vericuetos es la cronología de la extraña, y por ahora inexplicada, afición de Donald Trump por Rusia, y en particular por Vladimir Putin. Al ritmo de esa parsimonia en meses recientes se han ido filtrando las informaciones de contactos entre allegados a Trump y subordinados de Putin. “Putin dice que soy un genio”, proclamó muy contento en un discurso a sus simpatizantes el 17 de febrero de 2016 el millonario neoyorquino que por entonces era uno de los 16 aspirantes a la candidatura presidencial del Partido Republicano. Como niño con juguete nuevo, Trump repitió la frase tres veces en abril, en mayo en una entrevista con la Cnn, en junio en California, dos veces en julio, y una vez en agosto en Ohio. Un año después, y ya juramentado presidente, Trump empezó a tropezar co...

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