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A la gorra

Son cerca de doscientos los artistas que hacen del transporte público montevideano un escenario donde exhiben su talento. Para muchos, además de su principal fuente de ingresos, es una forma de libertad y un encuentro con su vocación, aunque no siempre el público los celebre.

Kevin Velazco rapea en un ómnibus de la línea 14 / Foto: María Inés Hiriart

Lo había alcanzado una epidemia asoladora. Como muchos otros, no encontraba su lugar en el mundo y creía que iba a pasarse la vida en trabajos aburridos. Se sentía infeliz y mediocre. Estaba deprimido. A Nataniel Rodríguez lo salvó la música. “La música es amor/ es son y sol de todo un pueblo/ la música es valor/ calor y voz del cielo al suelo”, convence hoy a sus 27 años. El rapero es uno de los tantos artistas que hacen de la labor en el ómnibus su principal fuente de ingresos y una alternativa al patrón y al reloj. Apoyado por sonidos que escapan de su boca –beat box– y una pista salida de un parlante, pide palabras a los pasajeros y les devuelve rimas, esparciendo por el pasillo del coche un poco de cultura hiphopera. Para él, el arte es una herramienta de transformación social, por es...

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