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Con los japoneses nunca sabés.

Arigato.

Hay cosas que no nos deberíamos hacer a nosotros mismos. Algunas no podemos hacerlas aunque queramos. Por más que quieras y te empeñes, no podés aguantar la respiración voluntariamente, ni te podés hacer cosquillas ni tocarte el codo con la lengua ni depilarte la espalda ni estornudar con los ojos abiertos, no podés engañarte ni darte un susto vos mismo. Si jugando al fútbol te da un calambre en la pantorrilla, vos mismo no te podés sostener el pie. Y, en caso que te atragantes, tampoco podés practicarte la maniobra de Heimlich.

Hasta Akira Horiuchi, nadie se había autoexplorado el intestino grueso. Este osado médico japonés obtuvo recientemente el insólito premio Ig Nobel por su obra: “Lecciones aprendidas de la autocolonoscopia”.

Como quien se hace un autorretrato o un autoexamen mamario, Horiuchi se introdujo, vía rectal, un tubo flexible con una cámara en su extremo y, probablemente lo más sorprendente, lo hizo con fines científicos.

Con los japoneses nunca sabés… En Rusia limpiaban los estadios después de los partidos. Tienen cada vez menos sexo y su diversión más popular es el karaoke. Será un mito que hacen huelga trabajando el doble, pero en la Segunda Guerra Mundial se suicidaban estrellando sus aviones contra objetivos enemigos en nombre de su emperador. Y para ser más desconcertantes, usaban casco.

Otro japonés que dio que hablar en estos días es Yusaku Maezawa, que no se autoexplorará pero se propone explorar el espacio. A él la curiosidad le dio por salir, no por entrar.

Con una fortuna estimada en 2.900 millones de dólares, este hombre de 42 años es uno de los japoneses más ricos y en 2023 se convertirá en el primer turista que viaje a la Luna.

Con esa plata, “si la Luna no viene a Maezawa, Maezawa va a la Luna”. Su Uber será un cohete reutilizable de nombre Bfr (Big Falcon Rocket), que está en etapa de construcción.

Así como el Antel Arena vende entradas sin estar habilitado, la compañía estadounidense SpaceX ya vendió todos los asientos disponibles en la nave. Los compró Maezawa, que aprovechó la promoción de venta anticipada y así podrá viajar cómodo, asegurarse el posabrazo compartido y elegir a sus acompañantes. Porque nadie quiere hacer un viaje de esos con alguien al lado con un bebé que llora todo el tiempo.

Todavía no seleccionó a sus acompañantes, pero dijo que serán entre seis y ocho artistas de todo el mundo. Los tiene que elegir bien, es un viaje de 384.400 quilómetros. Una semana sin abrir una ventana, donde entren a darle al porro es lo mismo despegar de Cabo Cañaveral que aterrizar en el Cabo Polonio.

Su idea de llevar artistas es porque pretende que a la vuelta realicen obras inspiradas en la Luna.

Como cuando en la escuela nos llevaban de paseo al Jardín Botánico o al Planetario, y después nos mandaban redactar e ilustrar.

En una de esas lo invita a Roger Waters y a la vuelta se le ocurre hacer el mejor disco de todos los tiempos y ponerle “El lado oscuro de la Luna”. ¿Quién te dice?

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