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Gustavo Pena Casanova: el Príncipe (1955-2004).

Así nomás y aún así

Hay pocos de los de su especie, eso es seguro. Compuso más de cuatrocientas canciones y editó sólo dos discos. Cuando la diabetes y las caídas lo dejaron sin poder tocar la guitarra, siguió componiendo con una computadora y cantando desde la cama. Como si se tratara de un presagio, su único disco grabado profesionalmente se llamó “La fuente de la juventud” y fue editado después de su muerte. Pero el Príncipe está hoy más vigente que nunca: los jóvenes lo escuchan e interpretan, sus canciones suenan en países donde no saben dónde queda Uruguay, existe una plaza con su nombre y, como si fuera poco, acaba de sacar un disco nuevo.

Foto: Sergio Jacomino

Hay algunos artistas que dedican toda su vida, callados como los monjes en el templo, al
misterio de desentrañar el orden de los sonidos y los silencios. Persiguen con
esfuerzo y constancia cosas intangibles; buscan, día tras día, generar algo que
conmueva a los demás. Gustavo Pena, el Príncipe, era uno de estos seres humanos.
Dedicó toda su vida a componer, y resulta reconfortante ver que las
generaciones nuevas lo tienen como referente. En los últimos tiempos, un montón
de artistas de ondas y estilos muy diferentes han grabado y tocado sus temas: a
ambos lados del Río de la Plata, su música avanza con pasos luminosos. Eli-u
Pena, su hija, cuenta a Brecha que hace poco le llegó un video de una
escuela en Argentina en el que los niños cantaban “Polenta”, y trasmite lo
emocionante que le r...

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