La respuesta china a los submarinos nucleares del AUKUS

Asia, una región clave

Tras el lanzamiento de una nueva alianza militar occidental para contener la expansión china en Asia, Beijing respondió pidiendo adherir a un acuerdo comercial transpacífico impulsado, pero luego dejado de lado, por Estados Unidos. Ajedrez de alto vuelo.

Submarino nuclear australiano Ministerio de Defensa Australiano

El martes 15 el presidente estadounidense, Joe Biden; el primer ministro británico, Boris Johnson, y el premier australiano, Scott Morrison, lanzaron una nueva asociación trilateral de seguridad. La primera iniciativa bajo el AUKUS (siglas en inglés de Australia-Reino Unido-Estados Unidos) será la entrega de una flota de submarinos de propulsión nuclear a Australia. Canberra, no obstante, puntualizó que «no está buscando adquirir armas nucleares o establecer una capacidad nuclear civil». Pero, se mire por donde se mire, son pésimas noticias para la no proliferación. Recuérdese que Australia firmó el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares en 1973. Morrison dijo más tarde que Australia también adquiriría misiles de crucero Tomahawk de largo alcance de Estados Unidos. El AUKUS también prevé la cooperación trilateral en materia de inteligencia artificial, ciberseguridad y tecnología cuántica aplicada al armamento naval.

La asociación trilateral se perfila como una nueva herramienta para contener el ascenso geopolítico de China, por más que sus mentores se hayan cuidado de no mencionarla en ningún momento, y constituye un claro complemento de otras plataformas con similar finalidad: desde los Cinco Ojos, la alianza de inteligencia que Washington, Londres y Canberra mantienen con Canadá y Nueva Zelanda (que planea incorporar a otros cuatro países, es decir, Alemania, Corea del Sur, India y Japón), o el QUAD (Estados Unidos, Australia, India y Japón).

Europa fue dejada a un lado. El alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, confesó que no había sido informado del establecimiento de esta alianza. Reaccionó indignada Francia, la más afectada no solo en el ámbito económico, sino también en el geopolítico (con el naufragio de un acuerdo hecho en 2016 por un valor de 40.000 millones de dólares para vender submarinos convencionales a Canberra). Ahora París sopesa con Nueva Delhi un impulso a la cooperación militar bilateral (en 2024 completará la entrega a India de 36 aviones Rafale por un valor de casi 10.000 millones de dólares). Las voces que reclaman la vuelta a las esencias del gaullismo resuenan en los medios franceses. Pero las aguas pueden volver a su cauce tras el encuentro entre Emmanuel Macron y Biden agendado para fines de octubre.

Nueva Zelanda y Canadá también estuvieron notablemente ausentes. Ambos han aclarado que el nuevo acuerdo no cambia los lazos de seguridad e inteligencia con los tres países firmantes, pero ilustra algunas diferencias al tiempo que evidencia una más profunda implicación de Australia en las concepciones de seguridad de Estados Unidos. Australia y Nueva Zelanda parecen polos opuestos en la forma de concebir la relación con China. En línea con su tradicional política antinuclear (y la cautela en las relaciones con China), Wellington ha declarado que impedirá el ingreso de submarinos atómicos australianos en sus aguas territoriales.

El AUKUS, por tanto, representa una escalada significativa de la inclinación estratégica transatlántica hacia el Indopacífico. Tras el fiasco en Afganistán, Estados Unidos trata de recuperar la iniciativa al reforzar la apuesta contra China, desmintiendo cualquier lectura apresurada en clave de «declive irremediable» de la potencia hegemónica.

Por otra parte, si la creación del AUKUS desplaza definitivamente hacia esta zona el epicentro de la definición del orden mundial del siglo XXI, también convierte a Taiwán en el pivote de la alternancia en el liderazgo geopolítico global. En Reino Unido, durante un debate en los Comunes sobre el acuerdo, la ex primera ministra británica Theresa May desafió a Johnson a aclarar si el acuerdo podría llevar a Reino Unido a una guerra con China por Taiwán. En su respuesta, el primer ministro se cuidó de no descartar nada.

¿CARRERA ARMAMENTÍSTICA?

Con China construyendo a marcha forzada su propia Armada y poniendo a prueba repetidamente décadas de dominio militar de Estados Unidos en toda Asia, la creación del AUKUS está destinada a enviar el mensaje de una fuerte postura de disuasión. Este desarrollo puede impactar de lleno en las posibilidades de cooperación entre Estados Unidos y China en diversas áreas, tal como dejó entrever recientemente el canciller Wang Yi.

La hipótesis de desatar una carrera armamentística no es baladí. Desde hace por lo menos un par de años circulan rumores, no confirmados, pero respaldados por indicios claros, de una nueva base aérea estadounidense en el Pacífico, con cerca de 5 mil hombres, junto a un puesto naval australiano en la isla de Manus, en Papúa Nueva Guinea. Hay militares de ambos países desde hace tiempo, aunque solo se habla en términos genéricos de una rehabilitación del antiguo perímetro militar de Lombrum, que fue crucial para la campaña aliada en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial. No solo Papúa Nueva Guinea, sino todas las islas del Pacífico ahora corren el riesgo de quedar geográficamente en el centro de la nueva confrontación. Eso podría explicar las conversaciones telefónicas mantenidas por Xi Jinping el 24 de setiembre con los líderes de Tonga y las Islas Salomón.

Corea del Sur también lanzó con éxito el 15 de setiembre un misil balístico desde un submarino, lo que lo convierte en el primer país no nuclear del mundo en desarrollar con éxito un misil de este tipo. En paralelo, el mismo día, su vecino del norte reaccionó con el lanzamiento de varios misiles balísticos de largo alcance. Seúl también trabaja en un nuevo caza de fabricación íntegramente nacional. Y Japón nunca falta a esta cita, a pesar de las limitaciones constitucionales, con el auxilio de la VII Flota Estadounidense y sus 11 portaviones nucleares (que contrastan con los dos portaviones chinos en servicio de motor diésel).

En este escenario, aunque China no tiene otra opción que mejorar sus capacidades en defensa, también debe evitar emular el tránsito soviético que pudieran tener presente quienes sueñan con reeditar una segunda guerra fría. Cabe recordar que la estrategia básica y general de China no ha cambiado, es decir, prefiere usar las palancas económicas, comerciales, inversoras –con preferencia a otras (militares), que no excluye del todo– como instrumentos privilegiados de su influencia. A sabiendas de que difícilmente puede competir con Estados Unidos en el campo militar, ese valor de atracción aspira a quebrar la influencia de Washington y asegurar a medio plazo su expulsión de la zona.

LA REACCIÓN CHINA: EL TPP-11

China condenó rápidamente el AUKUS, y el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Zhao Lijian, dijo que «socava gravemente la paz y la estabilidad regionales e intensifica la carrera armamentística». Beijing sabe que se ha convertido en el objetivo preferente del empeño de Washington por reorientar su esfuerzo hacia la zona y por sumar aliados, construyendo diversas alianzas económicas, tecnológicas, militares y de inteligencia que buscan contener al gigante asiático.

La última señal de China en su estrategia fue la decisión formal, anunciada al día siguiente del lanzamiento del AUKUS, de solicitar el ingreso en el Acuerdo Integral y Progresivo de Asociación Transpacífico (CPTPP, por sus siglas en inglés; también conocido como TPP-11), una iniciativa impulsada originalmente por Washington precisamente para aislar a China en la región, aunque luego Donald Trump decidió quedarse al margen.

El acuerdo es hoy una organización económica regional cuyos 11 países miembros tienen un producto bruto interno (PBI) combinado de 11 billones de dólares. Esta cifra es inferior al PBI de China en 2019, que ascendió a 14,34 billones de dólares. Por tanto, no representa mucho en esos términos. Sin embargo, a China puede serle muy útil para reforzar y consolidar su Iniciativa de la Franja y la Ruta.

Entre los miembros del TPP-11, solo Japón, Canadá, Australia y México están fuera de esa iniciativa china, mientras que Malasia, Singapur, Nueva Zelanda, Vietnam, Brunei, Chile y Perú ya son socios. Si China se adhiere a la nueva versión del acuerdo transpacífico, ganaría otra cadena con la que vincular a estos países y consolidar su iniciativa. De darse este paso, China podría, además, condicionar ampliamente el dictado de las normas comerciales regionales. El TPP-11 es presidido en la actualidad por Japón, que acabaría así por ceder a China la plataforma que tanto le ha costado construir tras el abandono de Estados Unidos.

Tokio ahora sostiene como prioridad las negociaciones con Reino Unido. El gobierno británico celebrará su primera reunión a finales de setiembre para negociar su adhesión al TPP-11. Corea del Sur y Tailandia también han manifestado su interés.

EL PODER DEL COMERCIO

China quiere participar en el transpacífico para ganar aún más centralidad en la región de Asia-Pacífico. Al mismo tiempo, es una forma de poner freno a la presión de Estados Unidos, de la que el AUKUS es la última pieza hasta ahora. Dado que la adhesión al TPP-11 es un paso más en la expansión estratégica de China, es posible que Japón y Australia se opongan.

También aquí se tropieza con Taiwán, que reaccionó a la petición de Beijing sumando de manera precipitada su propia petición de adhesión. Si China se integrara al TPP-11, para el Taiwán gobernado por el soberanismo sería prácticamente imposible hacerlo, ya que se requiere la unanimidad de los miembros. Taiwán tiene la esperanza de que Japón se decante a su favor, aunque ello le suponga concesiones bilaterales importantes en materia agrícola y otros. Tokio ya señaló que responderá basándose «en consideraciones estratégicas».

Terceros países se debaten entre sus ambiciones económicas y sus dudas en materia de seguridad. La principal baza de China para evitar que sus vecinos se abalancen en brazos de Washington es su poder comercial, financiero y tecnológico. Al convertirse en el principal socio comercial e inversor, puede frenar decisiones en su contra, como ocurre con frecuencia en el marco de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático, e, incluso, lograr la inhibición de algunos países o su conversión en aliados, aunque solo sea de forma coyuntural. La presencia china sigue articulándose en torno a sus buques portacontenedores y no con base en sus destructores.

(Publicado originalmente en el Observatorio de la Política China como «China, del AUKUS al CPTPP». Brecha publica fragmentos por convenio.)

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