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Crucificados

¿Qué sucede en un país para que trabajadores que pretenden formar un sindicato decidan que tienen que crucificarse –sin ningún eufemismo ni exageración ni metáfora: clavarse a una cruz–, sellarse la boca con clavos, y además hacer una huelga de hambre para que alguien les preste atención? Paraguay, el paraíso liberal de aquí nomás.

Foto: AFP

¿Qué ocurre en ese país para que medidas de este tipo se vengan reiterando desde hace unos tres años? ¿Qué explica que los medios de comunicación locales apenas traten el tema? ¿Y qué pasa en la sociedad de ese país para que por un lado algo tan tremendo sea “posible” y por el otro no conmueva hasta los tuétanos a la gente, obligue a manifestaciones diarias, a protestas, a una bronca generalizada? “Pues pasa que estamos en Paraguay, y que Paraguay está muy, pero muy mal”, dice a Brecha Juan Villalba, secretario general de la Federación de Trabajadores del Transporte de Paraguay. *** La historia chica de lo que llevó a que un grupo de personas llegaran a clavarse a cruces de madera con clavos de más de un palmo de largo, a coserse los labios con clavos curvos de seis centímetros y a dejar d...

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