Escalada en la violencia - Semanario Brecha
El exilio cubano incita a Trump a la invasión

Escalada en la violencia

Desde Miami, el «exilio» cubano promueve una invasión inmediata a la isla. En el gobierno de Donald Trump, dudan entre una salida a la venezolana, con sumisión sin «cambio de régimen» formal, y un ataque puro y duro.

El disidente cubano José Daniel Ferrer, líder del grupo Unión Patriotica de Cuba (Unpacu), durante una conferencia de prensa en Miami, Florida, el 13 de octubre de 2025. AFP, Marco Bello.

Cuando en junio de 2022 Saily González emigró a Estados Unidos, la «resistencia pacífica» constituía la piedra angular de su discurso político. Tres años y medio después, se dedica a hacer reels explicándole a sus compatriotas cómo participar en manifestaciones violentas sin ser identificados.

La radicalización de la otrora dueña del «primer bed and breakfasts gayfriendly de Cuba» es solo una entre las tantas protagonizadas por los influencers y activistas cubanoestadounidenses con el objetivo de capitalizar la renovada beligerancia del «exilio». Al calor del bloqueo petrolero ordenado por Trump y sus constantes amenazas contra La Habana, en Miami se ha desatado una frenética competencia retórica por demandar más sanciones y hasta una invasión militar, mientras se cuestiona a los cubanos de la isla su supuesta cobardía frente al «régimen».

Muchos de esos cuestionamientos van acompañados de incentivos económicos para que la violencia escale de las redes a las calles. Encontrarlos en Facebook no resulta difícil, donde grupos, como la Unión Patriótica de Cuba (Unpacu), ofrecen «ayudas» a quienes pretendan escribir carteles o manifestarse contra el gobierno.

«Hemos contribuido y seguiremos contribuyendo a todas las acciones que debiliten a la dictadura», dijo en enero José Daniel Ferrer, líder de la Unpacu, residente en Estados Unidos desde octubre de 2025. A poco de establecerse en la nación norteña había revelado de manera involuntaria la magnitud de los fondos con que cuenta su organización para «promover la democracia en Cuba». Fue cuando anunció orgulloso la compra de un auto y un rancho (hacienda) con recursos que le habían «entregado» y él había «sabido ahorrar». Esos gastos motivaron tanta polémica que se vio obligado a dar marcha atrás a la adquisición de la propiedad y tuvo que declarar que el vehículo había sido un regalo.

LA POLÍTICA PRIMERO

La noche del 13 al 14 de marzo un pequeño grupo de manifestantes asaltó la sede del Partido Comunista en Morón, una ciudad de 40 mil habitantes ubicada 400 quilómetros al sureste de La Habana. Durante el incidente, quemaron muebles y causaron otros destrozos.

El asalto marca un precedente singularmente grave para las autoridades. Hasta ahora, las protestas nunca habían alcanzado tal grado de virulencia ni los opositores habían logrado tomar una sede partidista o de gobierno. Tampoco desde Estados Unidos se había defendido de manera tan desembozada el uso de la violencia. Hasta los congresistas cubanoestadounidenses, midiendo sus palabras por motivos legales, elogiaron a los vándalos y los describieron como «luchadores por la libertad».

Una valoración objetiva de esa noche motiva varias dudas. La principal de todas, la relacionada con el momento en que ocurrió la manifestación, justo el día en que el presidente Miguel Díaz-Canel había confirmado la existencia de conversaciones con funcionarios estadounidenses.

Un acuerdo entre ambos gobiernos, que se limite a aspectos económicos, es uno de los escenarios más temidos por los líderes del «exilio». Hasta Marco Rubio, el secretario de Estado trumpista, debió desdecirse de unas declaraciones de mediados de febrero, en las que planteaba que los cubanos necesitaban, sobre todo, apertura económica. Ahora se centra en el reclamo político del «cambio de régimen», y recibió con honores a José Daniel Ferrer, que en los clubes de la élite miamense comenzó a mencionársele como un posible candidato republicano a las presidenciales de 2028.

Las aspiraciones de Little Marco dependen, en buena medida, de hombres como los hermanos Jorge y José Mas Santos, poderosos empresarios de Florida, entre cuyas propiedades se cuentan la mayoría de las acciones del club de fútbol Inter de Miami, en el que militan Leonel Messi y Luis Suárez. Para mejor descripción, son también los hijos de Jorge Mas Canosa, el creador de la Fundación Nacional Cubano Americana y candidato presidencial del «exilio» que murió esperando por el derrocamiento de Fidel Castro luego de la desaparición de la Unión Soviética.

Convertir en realidad el sueño de su padre ha sido un objetivo largamente acariciado por los hermanos; en particular por Jorge, quien este lunes se reunió con Trump para pedirle que «libere» la isla. Salió exultante del encuentro. Según él, el magnate tiene el mismo sentir que el «exilio»: o La Habana cede o se aboca a un escenario cada vez más sombrío.

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