El pelo largo, los grandes lentes de aviador, la segunda ola feminista: la memoria pública fijó a Gloria Steinem en una imagen precisa. Su trayectoria, sin embargo, desbordó ampliamente esa escena. Cambiaron los lenguajes y las formas de nombrar la desigualdad, de pensar el cuerpo, el trabajo, la sexualidad, y de definir al sujeto del feminismo. También cambiaron las preguntas. Entre la celebración que alisa contradicciones y la impugnación que las vuelve sentencia, situar permite otro movimiento. Adrienne Rich habló de una política de la localización; Donna Haraway, de saberes situados. Los feminismos latinoamericanos han insistido en reinscribir las categorías en las experiencias, los problemas y las geografías desde las que adquieren sentido. Desde esa clave, situar a Steinem significa ...
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