No era cosa de agoreros: Gaza prefiguraba una nueva era. Más allá de las particularidades que hacen único el caso de la Franja y el genocidio de su gente, lo que se estaba gestando en el laboratorio palestino era una política de tierra arrasada llamada a constituir un modus operandi global. Era, también, un termómetro para medir hasta dónde habría resistencia. Todo lo que sucedió después confirmó aquella previsión que algunos enunciaron como una «gazificación del mundo». La era Trump le daría su cara más bestial a un imperio herido y en decadencia que iría por todo y por todos: Irán y su oposición a un Oriente Medio modelado por y para Israel; Venezuela y su petróleo; Cuba y sus símbolos. Se daría, también, su doctrina (una Estrategia de Seguridad Nacional que, entre otras cosas, se reserv...
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