Muy seguro de su carisma y desdeñando lo que todas las encuestas indican, el presidente espera que el todavía llamado Partido Republicano mantenga su magra mayoría en el Congreso. En decenas de presentaciones las multitudes entusiastas pero menguantes del movimiento MAGA (Make America Great Again) siguen aplaudiendo los discursos ambulativos de Donald Trump, una táctica de campaña electoral que requiere una retórica cada vez más explosiva, escandalosa, provocativa y dislocada. En al menos un par de mítines el presidente dijo que Irán bien podría atacar Los Ángeles o San Diego, ciudades de una California que en el imaginario del que se nutre MAGA representan la corrupción, la degeneración de la farándula y el «comunismo» que amenazan a Estados Unidos. Su oratoria flamígera ya poco sorprende...
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