El nacimiento de su primer hijo le costó el olfato. Gabriel Lepousez se desmayó en la sala de parto cuando su esposa dio a luz. Diez segundos más tarde el joven científico despertó con la memoria intacta, pero el golpe que se dio en la cabeza al caer desvanecido le había afectado el olfato: ese sentido que, como profesional, pasaba día tras día estudiando. “Al principio no le presté ninguna atención pero poco a poco me fui dando cuenta de que ya no sentía ningún olor”, recordó entrevistado por Brecha.
La ciencia demoró mucho tiempo en descubrir el funcionamiento del olfato. Hasta 1991 los biólogos no hacían más que conjeturas acerca de cómo una molécula volátil, que se desprende de una sustancia y nos llega a la nariz, podía provocar una señal que el cerebro interpretara como un olor.
Así ...
Artículo para suscriptores
Hacé posible el periodismo en el que confiás.
Suscribiéndote a Brecha estás apoyando a un medio cooperativo, independiente y con compromiso social
Para continuar leyendo este artículo tenés que ser suscriptor de Brecha.
¿Ya sos suscriptor? Logueate