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Una crónica

El periodismo en el museo Vivía en Washington dc cuando Nixon renunció a la presidencia de Estados Unidos, obligado por dos jóvenes periodistas del Washington Post. Bob Woodward y Carl Bernstein, que para mí tienen su propio rostro y no el de Redford o Dustin Hoffman, fueron héroes que derribaron a un presidente corrupto desde la modesta sección de asuntos locales.

Viví Watergate. Recuerdo que vi por televisión y en directo el discurso de renuncia de Richard Nixon. David derrotaba a Goliat, un momento estelar para el cuarto poder. El periodismo se cargaba de idealismo. Todos soñaban con ser periodistas y la matrícula universitaria explotó exponencialmente. Yo también quise ser periodista, aunque no me decidía a renunciar al primer amor, la literatura. (De algún modo creo que circunsta...

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