Una madrugada de tristeza - Semanario Brecha
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Una madrugada de tristeza

En el amanecer del 6 de diciembre de 1967 nos enterábamos de la muerte del entonces presidente de la República, el general Oscar Gestido. Y sin saber por qué en nuestros corazones se estableció la tristeza, más allá de la sentida por la muerte de un hombre que apenas conocíamos.

Era una sombra que nos envolvió, la presunción de que en adelante todo sería trágico. Y que llegar a satisfacer la esperanza de tiempos menos tristes o sombríos, afectaría años de nuestras vidas. De nuestra pequeña comarca. Gestido había gobernado por un período de “280 días de soledad”, al decir de César Di Candia. Moría de un ataque al corazón. Cansado de luchar por arreglar un país en terrible crisis. Económica y social. El general, con el que discrepábamos en muchos aspectos, era un hombre al que se puede considerar un fanático de la austeridad. Su probidad, su contención en todo lo que fuera lujo o gastos innecesarios se puede tomar como un reflejo, un sustento que acompañaba el tiempo cuando Carlos Maggi reclamaba que a cada uno “le toque su justa parte de la pobreza que se nos viene...

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